Durante años, la sostenibilidad se ha abordado en el ámbito empresarial como un compromiso necesario. Hoy, sin embargo, se ha convertido en un elemento que define el liderazgo. Las compañías que marcarán la diferencia en esta década serán aquellas capaces de integrar la sostenibilidad en el núcleo de su estrategia y, sobre todo, en la forma en la que toman decisiones. Porque ya no se trata de qué hacemos, sino de cómo lo hacemos y de qué impacto generamos en el entorno en el que operamos.
En AstraZeneca, tenemos una convicción clara: la salud de las personas, el bienestar del planeta y la fortaleza de los sistemas sanitarios están profundamente interconectados. Cuando incorporamos esta realidad en el corazón de nuestra estrategia, cambia la forma en que priorizamos, invertimos y medimos el éxito. La sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en la base sobre la que construimos nuestra forma de trabajar.
Este enfoque se traduce en una forma de trabajar que implica a toda la organización. La sostenibilidad se incorpora de forma transversal al día a día, guiando decisiones y procesos. Y para que eso funcione, es la alta dirección la que debe garantizar que la visión, la cultura y la ejecución estén alineadas, con el fin de lograr un impacto real y duradero.
Nuestra estrategia se articula en torno a dos dimensiones. La primera tiene que ver con el impacto positivo que podemos tener en la salud de las personas, en la sociedad y en el planeta. La segunda se refiere a cómo hacemos negocios: con responsabilidad, con una base ética sólida, con una gobernanza robusta y con una cultura que genere confianza a largo plazo.
Dentro de estos objetivos, hay algo que debe ocupar un lugar prioritario en nuestra agenda: el acceso equitativo a la innovación. Garantizar que los avances científicos lleguen a los pacientes de forma equitativa sigue siendo una prioridad compartida con todo el ecosistema sanitario. En este sentido, la colaboración con administraciones, profesionales sanitarios y asociaciones de pacientes resulta esencial para avanzar hacia modelos más preventivos, coordinados y más centrados en las personas.
Un ejemplo claro es nuestro programa «Health Equity» lanzado en España en diciembre de 2025, que busca mejorar la salud pulmonar en áreas como el cáncer de pulmón, la EPOC y el asma grave. Este proyecto aborda de manera integral las desigualdades en el acceso a tratamientos en diversas poblaciones vulnerables, garantizando que todos los pacientes puedan beneficiarse de los avances médicos sin importar su situación geográfica o económica.
Del mismo modo, hablar de sostenibilidad en salud implica necesariamente hablar de resiliencia. Los sistemas sanitarios necesitan evolucionar para ser más eficientes, preventivos y más capaces de anticiparse. Incorporar la innovación con criterios de valor, optimizar los recursos y avanzar hacia modelos asistenciales más integrados son elementos clave para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.
En este sentido, la sostenibilidad no solo se trata de ofrecer tratamientos efectivos, sino también de cómo gestionamos la huella ambiental que generamos a lo largo del proceso. La relación entre la contaminación y las enfermedades respiratorias, como la EPOC, exige que reconsideremos los enfoques tradicionales, tanto en la prevención como en la atención a los pacientes.
Por ello, estamos comprometidos con la descarbonización de las vías de atención a enfermedades crónicas respiratorias. Esto incluye la optimización de los procesos asistenciales, como la detección precoz, la telemonitorización y la reducción de desplazamientos, para minimizar la huella de carbono sin sacrificar la calidad clínica.
Otro de los ámbitos en los que esta visión cobra especial relevancia es el medioambiental. La relación entre salud y cambio climático es cada vez más evidente, y exige una respuesta decidida por parte de todos los actores. Desde AstraZeneca, trabajamos para reducir nuestra huella ambiental y para impulsar soluciones que contribuyan a una atención sanitaria más sostenible, integrando criterios de descarbonización en nuestros procesos y en el desarrollo de nuevas terapias.
Pero la sostenibilidad también se construye desde dentro. La manera en la que hacemos negocios es determinante para generar confianza y valor a largo plazo. La ética, la transparencia, la solidez de la gobernanza o el compromiso con la diversidad y la inclusión forman parte de esa base sobre la que se sostiene cualquier estrategia sostenible.
En este sentido, la cultura corporativa juega un papel decisivo. Fomentar entornos en los que las personas puedan desarrollarse, contribuir y sentirse parte de un propósito común es clave para que la sostenibilidad deje de ser un concepto y se convierta en una realidad tangible.
Todo ello requiere un liderazgo consciente y comprometido. La alta dirección tiene la responsabilidad de integrar esta visión en la estrategia, de impulsar su aplicación en toda la organización y de garantizar que se traduzca en resultados medibles. Liderar hoy implica tomar decisiones con una mirada más amplia, entendiendo el impacto que tienen más allá del corto plazo.
Hoy más que nunca, la sostenibilidad no es una opción; es un imperativo. Es la manera en que entendemos nuestro papel como empresa en la sociedad, el valor que generamos y la huella que dejamos. Como organización, tenemos la oportunidad de ser un motor de cambio, de fortalecer los sistemas de salud y de contribuir a un futuro en el que progreso y responsabilidad caminen de la mano. Es el momento de actuar con una visión amplia, de comprender que las decisiones de hoy impactarán profundamente en el mañana.


