Como sociedad, vivimos un momento de paradoja energética: nunca habíamos necesitado tanta energía ni habíamos tenido tanta presión para producirla de forma limpia, segura y asequible. Sin embargo, mientras la electrificación se acelera y la demanda de electricidad crece a un ritmo sin precedentes, la infraestructura actual no basta para dar servicio a las necesidades actuales.
En este contexto, la sostenibilidad deja de ser una casilla que marcar en la memoria anual para convertirse en una manera de ejercer el liderazgo y de dirigir una compañía, de decidir qué hacemos, cómo lo hacemos y con quién lo hacemos. Porque las decisiones que tomemos hoy definirán el mundo en el que viviremos dentro de unas décadas, en nuestro caso, aquellas relativas a electrificación e inversión en redes. Un dato que ilustra la magnitud del reto: de aquí a 2045, Europa tendrá que necesitará instalar 465.000 km de líneas de transmisión, más de 6 millones de km de líneas de distribución y más de 4 millones de transformadores.
En la práctica, significa reconstruir la red eléctrica europea en el plazo de una generación. No es un reto fácil, mucho menos cuando se trata de un sector estratégico, regulado y altamente expuesto —a la geopolítica, a la volatilidad de precios y a la presión social—. Y, de hecho, estamos en un momento decisivo para que Europa no pierda competitividad. A día de hoy existen numerosos proyectos —parques solares, eólicos y sistemas de baterías— esperando poder conectarse a la red por falta de capacidad e infraestructuras adecuadas. Solo en España, Reino Unido, Francia, Italia y Países Bajos hay unos 800 GW de proyectos renovables y 550 GW de baterías en cola para conectarse, una cifra que supera con creces la capacidad actualmente instalada: 339 GW en solar y eólica y apenas 10 GW en baterías.
Aquí es donde se necesita un liderazgo empresarial capaz de equilibrar urgencia, responsabilidad y visión de largo plazo.
El Objetivo No Es “Ser Verde”: Es Descarbonizar a Escala
Para hacer frente a este desafío, Hitachi Energy desempeña un papel fundamental al proporcionar tecnologías que integran las energías renovables y mejoran la fiabilidad de la red. La sostenibilidad es el eje central de la compañía: nuestro propósito —Inspire the next era of sustainable energy— refleja un compromiso con una energía futura sostenible y se traduce en soluciones resilientes que responden a los retos actuales y se anticipan a las necesidades del futuro.
En nuestra compañía, como en cualquier otra que se dedique a la energía, la sostenibilidad debe actuar como hilo conductor entre la transformación del sistema energético y la forma en la que se gobiernan las organizaciones que lo hacen posible. Ya no es un objetivo ambiental, sino que se convierte en un marco de gestión y de liderazgo para replantear cómo se planifican las redes, cómo se priorizan inversiones, cómo se innova y cómo se coopera con reguladores, clientes y cadenas de suministro.
Visión y Método Desde la Alta Dirección
Para ello, es fundamental que desde la alta dirección se combine visión y método. Visión para definir un propósito que impacte no solo en el presente, sino también en el futuro —que tenga en cuenta los cambios tecnológicos, regulatorios y sociales—, y un método para convertirlo en estrategia, hoja de ruta, presupuestos actualizados, prioridades y responsabilidades claras. El objetivo es traducir el concepto “transición energética” en una agenda empresarial concreta, verificable y socialmente compartida. Por eso, ante cada decisión o inversión crítica, las compañías deben preguntarse si un nuevo proyecto les acerca al sistema energético que se necesita tanto en el presente como en el futuro, es decir, una red segura, fuerte, resiliente y asequible.
Esto se traduce en priorizar soluciones que aceleran la integración de renovables y la estabilidad de la red frente a alternativas de mayor impacto climático, apostar por la electrificación como vía más efectiva para avanzar hacia la descarbonización de la economía, garantizar el acceso a la energía y mejorar la eficiencia de los sistemas eléctricos en todo el mundo, explorar nuevos vectores energéticos sostenibles, como el hidrógeno renovable, reforzar y modernizar las redes de transmisión y distribución como condición indispensable para cualquier transición energética creíble, e invertir en tecnologías de baja huella de carbono que mejoren la eficiencia y la fiabilidad del sistema a la vez.
Integración en la Cultura Corporativa
Para acercarnos a ese futuro energético, la sostenibilidad no puede ser un área aislada dentro de las compañías energéticas, debe estar en el máximo nivel directivo y contar con un equipo que traduce el propósito en planes concretos en cada área. Tiene que formar parte del sistema operativo de la compañía para integrarla en los procesos de gestión del riesgo, en los KPIs de negocio y en el presupuesto anual. En definitiva, los impactos climáticos, sociales y de gobernanza se deben analizar de la misma forma que los riesgos financieros.
Medición del Impacto y Transparencia
En este sentido, para asegurar su credibilidad, es fundamental que la alta dirección priorice medir el impacto que genera. Aunque en Europa la exigencia de información no financiera y la evaluación de inversiones sostenibles ha elevado el listón, las empresas deben usar certificaciones, estándares y evaluaciones externas como mecanismos para garantizar que el propósito se traduce en prácticas sólidas. En nuestro caso, nuestras decisiones han sido reconocidas por numerosas evaluaciones externas independientes, como CDP donde tenemos la máxima puntuación (calificación A) en materia de cambio climático o la medalla platino (1% de las empresas) que hemos recibido por parte de Ecovadis.
Al final, la pregunta clave para cualquier equipo directivo y cualquier líder no es si puede permitirse incorporar la sostenibilidad a su estrategia, sino si pueden permitirse no hacerlo. Lo que está en juego no es solo la cuenta de resultados, es el futuro de todos y, bajo nuestra responsabilidad, el sistema energético que tendrán las próximas generaciones.


