La sostenibilidad se juega, cada vez más, también en el terreno del relato. Y ahí la comunicación puede ser palanca… o coartada. Puede ayudar a transformar de verdad el modelo de negocio o limitarse a maquillar sus impactos. Como Chief Sustainability Officer de Northius, un grupo educativo que acaba de certificarse como empresa B Corp, vivo esa tensión a diario: ¿estamos comunicando para construir confianza o para decorarla?
En nuestro caso, la respuesta nos la ha ido dando el propio camino. El proceso de certificación B Corp, la participación en espacios como la Global Compact Week o el B Good Day, y el diálogo constante con nuestros grupos de interés nos han obligado a revisar una y otra vez una idea clave: no hay comunicación responsable sin coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Primero, los hechos; después, las historias
La primera tentación de cualquier organización que avanza en sostenibilidad es contarlo todo y contarlo rápido. Pero el orden importa. En Northius nos hemos impuesto una regla sencilla: primero, hechos; después, historias. Antes de hablar de impacto, hemos tenido que medir nuestra huella de carbono, definir una hoja de ruta de descarbonización alineada con SBTi, integrar la sostenibilidad en la estrategia académica o transformar más de 90 programas formativos al entorno digital para reducir papel, mejorar accesibilidad y elevar la calidad pedagógica.
Solo cuando existen políticas, indicadores, auditorías, alianzas y cambios reales en el modelo de negocio tiene sentido hacer comunicación. Y, aun así, la comunicación responsable exige asumir una cierta incomodidad: hablar no solo de logros, sino también de brechas, retos pendientes y procesos en curso. Así desde nuestro lugar, explicitamos nuestros objetivos climáticos están en fase de validación, que algunas palancas —como la movilidad laboral o determinados consumos energéticos— aún tienen recorrido de mejora y que la transición hacia el “papel cero” son parte de un camino en el que seguimos avanzando, no una meta ya alcanzada.
De los claims a las conversaciones
Ser B Corp ha cambiado también nuestra manera de entender la comunicación externa. La campaña “Los ODS por bandera”, nuestra presencia en la Global Compact Week o el B Good Day 2025 nos han permitido algo más que “salir en la foto”: nos han puesto delante de empresas, ONG, administraciones y reguladores con desafíos muy similares a los nuestros.
En el B Good Day, por ejemplo, participamos en una mesa sobre los nuevos estándares B Corp junto a R4S, Harmon, ISDIN y B Lab Spain. No fuimos a contar un caso de éxito perfecto, sino a compartir dudas, aprendizajes y tensiones: cómo homogeneizar indicadores en grupos empresariales complejos, cómo aterrizar los compromisos climáticos en decisiones de inversión, cómo alinear las promesas de marca con la realidad de la experiencia del alumno. Ese tipo de conversaciones, honestas y técnicas, son comunicación responsable tanto como una campaña externa: ayudan a elevar el nivel del ecosistema, obligan a ser rigurosos y evitan el riesgo de convertir la sostenibilidad en un mero eslogan.
Lo mismo ocurre en el ámbito del Pacto Mundial de Naciones Unidas. Participar en el Leaders Summit y en el Forward Faster Acceleration Day nos ha recordado que comunicar no es solo “contar lo nuestro”, sino escuchar, contrastar y aprender. La comunicación responsable nace del reconocimiento de que formamos parte de una comunidad que nos observa, nos cuestiona y nos inspira.
Educar también desde cómo contamos las cosas
En un grupo educativo como Northius, la comunicación responsable tiene una dimensión adicional: también educa. Lo que decimos —y lo que callamos— sobre sostenibilidad contribuye a configurar la mirada de nuestros más de 40.000 nuevos alumnos al año, de nuestro equipo y de nuestras alianzas con entidades sociales.
Si hablamos de igualdad de oportunidades, pero no contamos que nuestras colaboraciones con el Grupo Social ONCE, la Carrera de la Mujer, la Fundación Meniños o el programa de Becas de Sostenibilidad generan oportunidades reales para personas en situación de vulnerabilidad, perdemos una oportunidad pedagógica. Y si solo mostramos las iniciativas más vistosas sin explicar el trabajo menos visible —políticas de onboarding y offboarding responsables, evaluaciones de desempeño que refuerzan el diálogo, formación interna en diversidad, accesibilidad digital o ética— corremos el riesgo de reforzar una visión superficial de la sostenibilidad.
Por eso apostamos por una comunicación que une datos y narrativa: explicar el crecimiento del NPS global junto a las mejoras en experiencia del alumno; vincular la digitalización de los contenidos con la reducción de huella y la accesibilidad; contar las alianzas con el tercer sector desde el impacto medible en empleabilidad, salud o protección de la infancia. No se trata solo de inspirar, sino de mostrar el “cómo”.
Comunicar menos, pero mejor
Si algo hemos aprendido en este camino es que la comunicación responsable en sostenibilidad no consiste en hablar más, sino en hablar mejor: con más rigor, más contexto, más escucha y más humildad. Una B Corp no es perfecta; es una empresa que se somete a un estándar exigente y se compromete a mejorar de forma continua y transparente. La comunicación debe estar a esa altura.
Desde Northius seguiremos trabajando para que cada mensaje sobre sostenibilidad nazca de una pregunta incómoda pero imprescindible: ¿esto que contamos resiste una auditoría, un diálogo con nuestros alumnos o una conversación honesta con cualquier persona que se pregunte si realmente estamos contribuyendo a un futuro mejor? Si la respuesta es sí, entonces la comunicación no será solo un altavoz, sino una herramienta más al servicio del impacto.


