Los datos demuestran que el reconocimiento de la importancia de la salud mental y sus consecuencias no ha tenido, socialmente, la posición que le corresponde. Pero, por suerte, algo está cambiando, todos estamos cambiando. Hoy se habla sin tapujos de ansiedad, estrés, agotamiento emocional o de lo importante que es levantar la mano y pedir ayuda. Empezamos a entender que cuidar nuestra salud no significa únicamente cuidar nuestro cuerpo, lo visible; sino prestar también atención a cómo nos sentimos y a cómo afrontamos las dificultades del día a día. Y esto, en el ambiente laboral, tiene una importancia crucial.
Porque, como decía, las cifras nos recuerdan la envergadura de este desafío. Aproximadamente 1200 millones de personas, el 14% de la población mundial, padecen algún trastorno de salud mental y una de cada cuatro personas o ya lo ha sufrido o lo sufrirá a lo largo de su vida, según datos de la OMS. Cifras que nos afectan, directa o indirectamente, a todos.
El Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra este 10 de octubre, es una buena oportunidad para abrir este debate. Para abrirlo y mantenerlo, porque es necesario normalizar la conversación durante todo el año, creando espacios seguros en los que hablar con libertad y transmitir cómo nos encontramos sin que eso genere miedo, vergüenza o estigma.
Precisamente, el entorno laboral es uno de esos espacios. Las empresas tenemos una responsabilidad importante en generar entornos saludables y agradables. Entornos en los que sea posible prevenir, escuchar, acompañar y facilitar el acceso a recursos cuando una persona los necesite. Inclusivos, tolerables y respetuosos.
En Nationale-Nederlanden, el cuidado de las personas forma parte de nuestra razón de ser. Entendemos que el bienestar laboral debe contemplar la salud física, emocional, social y financiera. Por ello, ponemos en marcha medidas para que el compromiso sea visible, tangible cada día. Contamos, por ejemplo, con un servicio de psicología para toda la plantilla y sus familiares, con atención las 24 horas, y con webinars periódicos sobre diferentes cuestiones relacionadas con la salud mental. A ello se suma nuestro Programa de Acompañamiento Emocional (#PAE), que ofrece talleres y sesiones sobre bienestar emocional, habilidades personales, regulación emocional o higiene del sueño.
Pero cuidar también significa anticiparse. En 2024, pusimos en marcha una Encuesta de Riesgos Psicosociales utilizando la metodología MentallyPro, desarrollada junto a la Universidad de Barcelona y AfforHealth. Se trata de una herramienta que permite obtener una visión más precisa del bienestar psicosocial de nuestros equipos e identificar factores de riesgo para, así, poder orientar mejor las medidas de prevención.
También hemos reforzado aquellos aspectos que contribuyen a construir un entorno seguro e inclusivo. En 2024, actualizamos nuestro Protocolo de Prevención y Actuación frente al Acoso para incorporar de manera explícita la protección del colectivo LGTBI. Además, creamos un comité de investigación, formamos a toda la plantilla sobre qué es el acoso y proporcionamos a los managers herramientas para gestionar conflictos y posibles situaciones irregulares. Porque difícilmente podemos hablar de salud mental si una persona no se siente segura, respetada o libre para expresar quién es.
Por otro lado, la conciliación también juega un papel importante en el ámbito del bienestar laboral. Aspectos como la jornada intensiva, la flexibilidad horaria, el teletrabajo o unos permisos que mejoran el convenio colectivo que permitan atender las necesidades personales y familiares contribuyen a ese bienestar laboral y, además, construyen una marca empleadora positiva. No son beneficios laborales, son herramientas que ayudan a reducir determinadas fuentes de presión y permiten encontrar un equilibrio en nuestras vidas.
Sin embargo, queda mucho por hacer. El reto más importante sigue siendo cultural, necesitamos que pedir ayuda deje de interpretarse como una señal de debilidad, como ha sido durante hace tanto tiempo. Es el momento de líderes capaces de escuchar, equipos preparados para detectar señales de alerta y organizaciones dispuestas a revisar sus propias dinámicas. La salud mental no puede ser una iniciativa aislada dentro de una estrategia de bienestar. Tiene que formar parte de cómo entendemos el trabajo y de cómo nos relacionamos con las personas.
Hablar de salud mental es importante, pero actuar lo es todavía más. Cuidar a las personas no consiste únicamente en estar a su lado cuando aparece un problema. Consiste también en crear las condiciones para que puedan sentirse bien y sepan que, cuando no lo estén, no tienen por qué afrontarlo solas. Y cuanto antes nos pongamos en marcha, mejor, no podemos demorarlo más.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial de la Salud Mental – Salud mental en el entorno laboral: estrategias para promover el bienestar y la resiliencia


