Manuel Domínguez, Director General de ASPAPEL, analiza en esta entrevista la situación de la industria española de la pasta, el papel y el cartón, un sector que combina una larga tradición industrial con una profunda transformación tecnológica y medioambiental. El representante de la asociación destaca su contribución al empleo, la actividad económica de las zonas rurales y la autonomía estratégica del país.
- ¿Qué representa ASPAPEL y cómo describiría la evolución de una industria con tanta tradición en España?
- ¿Qué papel debe desempeñar hoy el sector para contribuir a una economía más competitiva y sostenible?
- ¿Cuáles son actualmente los principales retos de la industria papelera?
- La descarbonización exige inversión, tecnología y acceso a una energía competitiva. ¿Cómo está afrontando el sector este proceso?
- ¿Qué oportunidades abre la bioeconomía para la industria papelera y qué papel puede desempeñar España?
- España se encuentra entre los países europeos con mayores niveles de reciclaje. ¿Cuáles son los siguientes pasos para profundizar en la economía circular?
- La innovación permite desarrollar productos capaces de sustituir otros materiales. ¿Qué tendencias marcarán el futuro de la industria?
- ¿Qué importancia tienen las alianzas y qué necesita la regulación para impulsar la sostenibilidad sin comprometer la competitividad?
- Para terminar, ¿qué mensaje trasladaría a las nuevas generaciones sobre el papel de esta industria en una economía más circular y sostenible?
A lo largo de la conversación, Domínguez aborda los principales retos del sector: la descarbonización de los procesos productivos, el coste de la energía, la competencia internacional, el reciclaje y el desarrollo de nuevos productos de fibra. También defiende la necesidad de una regulación estable que permita avanzar hacia una economía más circular sin comprometer la competitividad de las empresas españolas.
¿Qué representa ASPAPEL y cómo describiría la evolución de una industria con tanta tradición en España?
ASPAPEL representa a la industria española de la pasta, el papel y el cartón. Se trata de una industria con una enorme tradición en nuestro país, en el que todavía existen empresas papeleras que se remontan al siglo XVIII. A lo largo de todo este tiempo, el sector ha sabido mantenerse, transformarse y adaptar sus productos a las necesidades de la sociedad.
Los usos del papel cambian casi sin que nos demos cuenta. Los productos que fabricamos actualmente son muy diferentes de los de hace varias décadas, pero el papel continúa presente en nuestra vida cotidiana y se convierte constantemente en nuevas soluciones.
Además, es una industria basada en un recurso local. Eso nos permite fabricar productos necesarios para la sociedad sin depender por completo de los mercados internacionales. El papel también es circular por naturaleza: después de utilizarse, puede recuperarse, reciclarse y convertirse en otro producto.
Nuestra cadena de valor comienza en la gestión sostenible de los montes y en las zonas rurales. El 89,7% de la madera utilizada para fabricar celulosa procede de plantaciones nacionales, que funcionan como sumideros de carbono, contribuyen a conservar la biodiversidad, mejoran la resiliencia de los montes y generan actividad económica en el territorio.
No alcanzamos el 100% porque cada tipo de papel necesita una combinación diferente de fibras y en España no podemos producir todas las especies necesarias. La fibra de celulosa puede compararse con un pelo: puede ser más larga o más corta, más gruesa o más fina. Las propiedades que queremos dar al producto determinan el tipo de fibra que necesitamos.
Por ejemplo, un papel destinado a la escritura necesita una superficie suave y homogénea, mientras que una caja de cartón diseñada para transportar un electrodoméstico requiere fibras largas, flexibles y resistentes. Esa diversidad nos permite fabricar desde papeles higiénicos y sanitarios hasta envases, embalajes, filtros, bolsas de té, componentes para la construcción o materiales aislantes.
Existen muchas aplicaciones que el público no suele relacionar con el papel. Determinados productos abrasivos utilizados en la construcción incorporan fibra de celulosa; algunas placas de yeso y materiales de aislamiento aprovechan fibras que ya no son adecuadas para fabricar un nuevo papel; y ciertos suelos técnicos o laminados también contienen componentes celulósicos.
Cuando hablamos de la industria papelera, por tanto, no hablamos únicamente de libros, periódicos o folios. Hablamos también de billetes, papeles higiénicos y sanitarios, servilletas, manteles, filtros, bolsitas de té, materiales para la construcción y una gran variedad de papeles especiales.
En la actualidad, aproximadamente el 70% de los productos papeleros fabricados en España son envases y embalajes, que constituyen el principal vector de crecimiento. También tienen un peso importante los papeles tisú —como el papel higiénico, las servilletas o los productos sanitarios— y los papeles especiales.
España tiene, además, una demanda elevada de papel tisú por el peso del turismo, la hostelería y la restauración. Hoteles, restaurantes, hospitales y otros servicios utilizan grandes cantidades de productos higiénicos y sanitarios. Al mismo tiempo, el papel gráfico ha perdido peso relativo como consecuencia de la digitalización.
Esto no significa que el consumo de productos papeleros esté desapareciendo. Lo que está ocurriendo es que se está transformando. Disminuyen determinados usos y aparecen otros nuevos, especialmente relacionados con los envases, los embalajes, la logística, la higiene y los materiales técnicos.
También existe una enorme cantidad de tecnología detrás de un producto que puede parecer sencillo. Para fabricar papel se prepara una suspensión formada aproximadamente por un 99% de agua y un 1% de fibra. Esa mezcla se deposita sobre una malla y, a partir de ese momento, el proceso consiste principalmente en retirar el agua hasta obtener la humedad y las propiedades que necesita el producto final.
Primero se elimina el agua mediante gravedad y presión; posteriormente intervienen sistemas de vacío y, finalmente, el secado térmico. El papel conserva normalmente entre un 8% y un 10% de humedad para mantener su flexibilidad y adaptarse a las condiciones ambientales.
El agua del proceso se recircula, se depura y, en gran medida, se devuelve al medio. Además, las fábricas recuperan la fibra, los almidones y otros componentes que contiene, porque son recursos valiosos que deben reincorporarse al proceso.
El principal reto ambiental se encuentra en la energía térmica necesaria para secar el papel y proporcionarle características como resistencia, suavidad o una superficie adecuada para la impresión. Ese consumo energético concentra buena parte de nuestros esfuerzos de descarbonización.
¿Qué papel debe desempeñar hoy el sector para contribuir a una economía más competitiva y sostenible?
La sostenibilidad es actualmente un vector de competitividad. La industria papelera no tiene emisiones de CO₂ inherentes a la transformación del producto como sucede en otros procesos industriales. Nuestras emisiones están relacionadas principalmente con el consumo energético y con la producción del calor necesario para fabricar el papel.
Eso significa que el camino hacia la descarbonización es técnicamente posible, aunque requiere inversiones muy importantes y un marco económico y regulatorio que permita mantener la competitividad durante la transición.
Disponemos de recursos cercanos, gestionamos masas forestales de forma sostenible y certificada mediante sistemas como FSC y PEFC, contribuimos a fijar población en las zonas rurales y reducimos la dependencia de materias primas procedentes de terceros países. Todo ello aporta autonomía estratégica.
El sector también ha promovido un sistema de recogida monomaterial basado en el contenedor azul, que es ampliamente reconocido por la ciudadanía. La separación del papel y el cartón evita que se mezclen con otros residuos, mejora la calidad del material recuperado y facilita su reciclaje.
En 2025, la tasa de recogida de papel para reciclar alcanzó el 74,1%, el nivel más alto de los últimos cuatro años. Ese mismo año, las fábricas papeleras españolas reciclaron cinco millones de toneladas de papel recuperado, elevando la tasa de reciclaje hasta el 81%.
España se mantiene, además, como el tercer mayor reciclador de papel y cartón de Europa. Este resultado es consecuencia de la colaboración entre la ciudadanía, los ayuntamientos, los gestores de residuos, las empresas comerciales e industriales y las propias fábricas papeleras.
La aportación del sector a una economía más sostenible se aprecia especialmente en los envases y embalajes. El papel y el cartón son materiales renovables, reciclables y biodegradables, y disponen de una infraestructura de recogida y reciclaje extendida internacionalmente.
Su ligereza, su capacidad para plegarse y su adaptación a distintas formas permiten también mejorar la eficiencia logística. Un embalaje puede transportarse plegado, ocupar poco espacio y proteger el producto durante toda la cadena de distribución.
Además, existe una red internacional capaz de recuperar el papel y el cartón allí donde se generan. Una caja enviada desde España a otro país puede incorporarse al circuito de reciclaje de su lugar de destino, porque la infraestructura papelera y recuperadora está ampliamente extendida.
Un ejemplo cotidiano es el de la comida a domicilio. Hace algunos años, la principal referencia era la caja de pizza. Hoy podemos recibir ramen, sopa, platos preparados o menús completos en recipientes de papel y cartón diseñados para contener líquidos y grasas.
El desarrollo de nuevos tratamientos y barreras funcionales ha permitido crear envases capaces de sustituir soluciones que antes se fabricaban con materiales más difíciles de reciclar o dependientes de materias primas fósiles.
Ya no hablamos solamente de cajas de cartón. Existen bandejas para hospitales y colegios, envases para comida preparada, recipientes para productos líquidos y numerosas soluciones para la distribución comercial e industrial.
La innovación nos permite poner en el mercado productos con mejores prestaciones ambientales. Esa es una de las grandes contribuciones de la industria papelera a la sostenibilidad global.
La inversión realizada por las empresas demuestra este compromiso. En 2025, el sector destinó 318 millones de euros a inversión, un 8,9% más que el año anterior y el equivalente al 6,3% de su facturación anual.
De esa cantidad, 43,6 millones de euros se destinaron a proyectos de descarbonización, lo que convierte al papelero en el sector manufacturero que más invierte en descarbonización en proporción a su facturación.
La calidad y el medio ambiente concentraron el 22,8% del esfuerzo inversor, seguidos del aumento de la capacidad productiva, con un 21,9%, y de la innovación tecnológica, con un 18,1%.
¿Cuáles son actualmente los principales retos de la industria papelera?
El principal reto es continuar avanzando hacia la descarbonización sin perder viabilidad industrial. Operamos en un contexto global muy complejo y competimos con productos fabricados en regiones que no siempre aplican los mismos estándares ambientales.
Las empresas europeas asumimos exigencias elevadas porque consideramos que es el camino adecuado. Sin embargo, si el mercado permite la entrada de productos fabricados con condiciones ambientales, laborales o energéticas diferentes, las reglas de juego dejan de ser equilibradas.
Una empresa no puede descarbonizarse de un día para otro. Necesita continuar fabricando y vendiendo mientras transforma sus instalaciones. Ser competitivo significa poder colocar un producto en el mercado a un precio que permita cubrir los costes, conservar el empleo y mantener la capacidad de inversión.
Aproximadamente la mitad de la producción española se destina a la exportación, por lo que dependemos de un mercado internacional abierto, pero también equilibrado. Los cambios en la política comercial internacional pueden alterar rápidamente esos equilibrios.
Cuando un país impone aranceles a productos procedentes de determinados mercados, parte de la mercancía que antes se dirigía hacia ese destino busca otras salidas. Europa puede convertirse entonces en el destino de grandes volúmenes fabricados con costes y estándares diferentes.
El problema no es competir. La industria española está preparada para hacerlo. El problema aparece cuando no existe reciprocidad en las condiciones y los productos europeos deben asumir unas obligaciones que no se exigen a las importaciones.
La vulnerabilidad es especialmente alta entre las pequeñas y medianas empresas. En España conviven grandes grupos industriales con fábricas pequeñas y centenarias, muchas de ellas especializadas en papeles técnicos o de elevado valor añadido.
Estas compañías no disponen de la misma escala para absorber los incrementos del precio de la energía, las inversiones asociadas a las nuevas normativas o los episodios de competencia desleal. Por eso necesitamos una política industrial que tenga en cuenta la diversidad real del sector.
Pedimos a las administraciones que vigilen las prácticas comerciales desleales y que garanticen que los productos que entran en el mercado europeo cumplen estándares equivalentes a los exigidos a los fabricantes comunitarios.
La industria papelera española genera 17.587 empleos directos y más de 88.000 indirectos. Son puestos vinculados a perfiles profesionales muy diversos y, en muchos casos, caracterizados por una elevada estabilidad y especialización.
Mantener esta base industrial es fundamental para conservar el empleo, sostener las cadenas de valor, generar exportaciones y mantener actividad económica en numerosos territorios rurales e industriales.
La descarbonización exige inversión, tecnología y acceso a una energía competitiva. ¿Cómo está afrontando el sector este proceso?
El sector está avanzando con determinación. Entre 2020 y 2025 hemos reducido significativamente las emisiones de CO₂ mientras aumentaba la producción. Una parte de esa reducción procede de las mejoras de eficiencia energética, que también son una necesidad económica porque la energía representa una proporción muy importante de nuestros costes.
No obstante, el objetivo de fondo va más allá del ahorro. Queremos liderar la sostenibilidad industrial y avanzar hacia un modelo en el que el impacto negativo sobre el entorno sea cada vez menor.
Somos una industria intensiva en el uso de calor y no todos nuestros procesos pueden electrificarse fácilmente. Necesitamos vapor a temperaturas elevadas para secar el papel y proporcionarle propiedades específicas.
Por ese motivo, la solución no será una única tecnología, sino una combinación de alternativas. Ese conjunto puede incluir electrificación, cogeneración, biomasa, biogás, biometano y otras fuentes energéticas, dependiendo de la ubicación de cada fábrica, de la temperatura requerida y de los recursos disponibles.
La biomasa es una vía especialmente relevante porque la industria papelera se encuentra muy próxima a la gestión forestal. Sin embargo, no todas las fábricas tienen las mismas posibilidades de acceso.
Una instalación situada lejos de las masas forestales, en una isla o en un polígono industrial con poco espacio necesita soluciones diferentes a las de una planta próxima a una zona forestal.
Una central de biomasa requiere superficie para la propia instalación, pero también para almacenar y mover el combustible. Una fábrica situada en Canarias, por ejemplo, afronta un escenario distinto al de una planta del norte peninsular.
Del mismo modo, una instalación que se encuentre junto a un municipio puede no disponer de terreno suficiente. No existe una única receta para la descarbonización: cada fábrica debe diseñar su propio itinerario.
Los proyectos respaldados por los PERTE y otros programas públicos han permitido acelerar determinadas actuaciones, pero el volumen de inversión necesario seguirá siendo muy elevado.
Las empresas deben combinar las tecnologías disponibles con las características de cada instalación: biogás o biometano cuando exista suministro, biomasa donde resulte viable, electrificación en los procesos compatibles y mejoras continuas de eficiencia energética.
Para acometer inversiones con horizontes de diez o veinte años necesitamos seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y acompañamiento público.
Las ayudas pueden ser necesarias, especialmente para las empresas que afrontan mayores dificultades, pero lo fundamental es disponer de un entorno que permita invertir, descarbonizarse y mantener la competitividad durante todo el proceso.
También es importante analizar el precio final de la energía. Puede haber horas en las que el precio mayorista de la electricidad sea muy bajo o incluso negativo, pero a ese importe se añaden posteriormente peajes, cargos y otros costes.
Si la factura que paga una empresa española termina siendo superior a la de sus competidores en Francia o Alemania, se reduce su capacidad para electrificar procesos, invertir y vender sus productos dentro del mercado único europeo.
Existen medidas regulatorias que pueden facilitar la transición sin rebajar los objetivos ambientales. Descarbonización y competitividad deben avanzar conjuntamente, porque sin empresas viables no será posible financiar la transformación tecnológica.
¿Qué oportunidades abre la bioeconomía para la industria papelera y qué papel puede desempeñar España?
La bioeconomía ha ganado relevancia en un contexto marcado por las guerras, las interrupciones logísticas y los problemas de suministro. Las últimas crisis han demostrado la importancia de contar con materias primas cercanas, tanto por autonomía estratégica como por seguridad económica y de abastecimiento.
Para la industria papelera no es una idea nueva. Llevamos siglos trabajando con recursos renovables y gestionando el monte para garantizar la disponibilidad de nuestra materia prima en el futuro.
La gestión forestal activa es también una herramienta frente al abandono rural y los incendios. Cuando desaparecen el pastoreo, la recogida de leña y otras actividades económicas vinculadas al territorio, aumenta la biomasa acumulada y el monte se vuelve más vulnerable.
Una parte de esa biomasa puede aprovecharse de manera sostenible para producir calor, reducir el consumo de gas y generar actividad económica, siempre dentro de una gestión forestal adecuada.
El cambio climático agrava las condiciones en las que se producen los incendios, pero el abandono del monte también tiene una influencia importante. En el pasado existían más aprovechamientos locales, había más actividad ganadera y se recogía leña para los hogares.
Esa economía vinculada al territorio contribuía a mantener determinadas zonas en mejores condiciones. Cuando desaparece, se acumula combustible vegetal y los incendios resultan mucho más difíciles de controlar.
La bioeconomía puede ayudar a recuperar el valor económico del monte y a mejorar su gestión. No se trata únicamente de sustituir combustibles fósiles, sino también de generar empleo, fijar población y mantener activos los territorios rurales.
Es necesario que la fiscalidad forestal y la regulación favorezcan la gestión a largo plazo. Los árboles necesitan años para crecer y los propietarios deben contar con incentivos que les permitan mantener las plantaciones, prevenir riesgos y asegurar un suministro sostenible.
La cadena papelera puede actuar como motor de esa actividad económica. La industria necesita la madera, los propietarios necesitan un mercado para sus recursos y los territorios rurales necesitan actividades que generen ingresos y empleo.
La madera, además, no contiene únicamente celulosa. También contiene lignina, que es el componente que mantiene unidas las fibras y que puede emplearse en numerosas aplicaciones.
Se están investigando bioproductos, bioplásticos y otros materiales capaces de sustituir materias primas de origen fósil. Por tanto, la industria papelera puede ofrecer soluciones renovables, reciclables y de proximidad que van mucho más allá del papel tradicional.
España dispone de experiencia industrial, una cadena de valor consolidada y capacidad para convertirse en un país protagonista dentro de la bioeconomía europea.
El gran desafío es conseguir que ninguna empresa quede atrás por falta de competitividad, recursos o estabilidad regulatoria. Necesitamos que las nuevas oportunidades se traduzcan en inversión, innovación y producción dentro de nuestro país, y no en una pérdida de tejido industrial.
España se encuentra entre los países europeos con mayores niveles de reciclaje. ¿Cuáles son los siguientes pasos para profundizar en la economía circular?
Para nosotros, la circularidad comienza antes del reciclaje. Empieza con la gestión de los recursos forestales y continúa con el aprovechamiento de subproductos como las cortezas, que pueden utilizarse para generar energía térmica.
También incluye la eficiencia energética, la cogeneración, la recuperación del papel usado y su reincorporación al proceso productivo. Intentamos aprovechar los recursos durante todas las etapas de la fabricación.
En 2025, las fábricas españolas reciclaron cinco millones de toneladas de papel recuperado y alcanzaron una tasa de reciclaje del 81%. La recogida separada es decisiva: cuanto menos se mezcle el papel y el cartón con otros residuos, mayor será la calidad de la fibra y más eficiente resultará su reciclaje.
El contenedor azul tiene una enorme importancia ambiental y educativa, aunque representa solamente una parte del volumen total recuperado.
La mayor cantidad de papel y cartón reciclado procede de la actividad comercial, industrial y de las plataformas de distribución. Son flujos que la ciudadanía apenas ve, pero que se gestionan con niveles muy elevados de calidad y eficiencia.
En estos circuitos se realizan recogidas específicas y se aprovechan, en muchos casos, los viajes de retorno de los vehículos de distribución. El cartón se separa desde el origen, no se mezcla con otros residuos y conserva una calidad elevada.
El residuo de papel y cartón tiene valor económico. Existe una cadena profesional formada por gestores que lo recogen, lo clasifican y lo devuelven a las fábricas para que vuelva a utilizarse como materia prima.
La recuperación industrial y comercial presenta tasas muy altas precisamente porque constituye una actividad económica por sí misma. Los gestores obtienen valor del material y las fábricas lo necesitan para fabricar nuevos productos.
El mayor margen de mejora se encuentra en la recogida doméstica. Debemos seguir trabajando con los ayuntamientos y con la ciudadanía para aumentar tanto la cantidad como la calidad del papel y el cartón depositados en el contenedor azul.
Programas como Pajaritas Azules reconocen y promueven las mejores prácticas municipales en recogida selectiva. Estas iniciativas ayudan a reforzar la participación ciudadana y a reducir la presencia de materiales impropios.
La circularidad del papel no es virtual: es real y genera actividad económica. Abarca desde los propietarios y gestores forestales hasta los recuperadores, las fábricas de pasta, papel y cartón, los fabricantes de envases y embalajes, los impresores, los editores y los distribuidores.
Según los últimos datos europeos comparables, correspondientes a 2024, España pasó del sexto al quinto puesto entre los productores europeos de papel y cartón, mantuvo la quinta posición en producción de celulosa y continuó siendo el tercer mayor reciclador de papel y cartón de Europa.
Es una posición industrial que debemos consolidar a través de la inversión, la innovación, la circularidad y el mantenimiento de unas condiciones competitivas adecuadas.
La innovación permite desarrollar productos capaces de sustituir otros materiales. ¿Qué tendencias marcarán el futuro de la industria?
Nuestra inversión se dirige tanto al producto como al proceso. Una parte está destinada a mejorar el comportamiento ambiental de las fábricas y la eficiencia en la utilización de los recursos; otra parte se concentra en el desarrollo de nuevos productos.
La descarbonización es, en sí misma, uno de los grandes proyectos de innovación del sector. Requiere nuevas tecnologías energéticas, cambios en los procesos productivos y soluciones adaptadas a las características de cada fábrica.
En los próximos años veremos nuevas formas de envase y embalaje capaces de sustituir soluciones con un peor comportamiento ambiental. Ya existen recipientes de papel y cartón que pueden contener líquidos y reciclarse después de su uso.
Hace algunos años, la referencia cotidiana era la caja de pizza. Hoy la comida a domicilio llega en bolsas, bandejas y recipientes de fibra, y esa evolución continuará.
También veremos avances menos visibles para la ciudadanía, pero muy importantes para la industria: soluciones para la logística, envases farmacéuticos, blísteres fabricados con fibra en lugar de combinaciones de plástico y metal difíciles de reciclar, y nuevos materiales para la construcción.
La innovación permitirá aprovechar incluso las fibras que, debido a su longitud, ya no resultan adecuadas para fabricar determinados tipos de papel o cajas de cartón, pero que todavía pueden convertirse en otros productos útiles.
La fibra no se deteriora simplemente por entrar varias veces en el circuito de reciclaje. Se va acortando como consecuencia de los usos y de las transformaciones mecánicas a las que se somete.
Cuando deja de ser adecuada para un producto que exige una gran resistencia, puede destinarse a otra aplicación. Este aprovechamiento en cascada mejora la eficiencia y permite utilizar la fibra durante más tiempo.
Se han realizado ensayos para observar el comportamiento de las fibras durante sucesivos ciclos de reciclaje. En uno de ellos, desarrollado en Alemania, se siguieron fibras marcadas durante veinticinco ciclos y el experimento se detuvo cuando todavía podían permanecer dentro del sistema.
Esto demuestra que no existe un número único y rígido de veces que pueda reciclarse todo el papel. Su duración depende del tipo de fibra, del producto que se fabrique y de los usos que la vayan acortando o deteriorando.
Cuando una fibra se vuelve demasiado corta para fabricar una caja de cartón ondulado, todavía puede emplearse en placas, materiales de construcción u otros productos. La innovación busca ampliar esas salidas y aprovechar la fibra hasta el último estadio posible.
En el ámbito del envasado veremos grandes transformaciones durante los próximos cinco años. Todavía existen numerosos productos en los supermercados que podrían presentarse en soluciones de papel y cartón y que actualmente utilizan otros materiales.
La combinación de nuevas barreras funcionales, diseño, reciclabilidad e innovación industrial ampliará considerablemente el número de aplicaciones.
¿Qué importancia tienen las alianzas y qué necesita la regulación para impulsar la sostenibilidad sin comprometer la competitividad?
Las alianzas son uno de los ejes de nuestro plan estratégico. Las grandes empresas pueden disponer de sus propios laboratorios de innovación, pero muchas pequeñas y medianas compañías necesitan el apoyo de centros tecnológicos y estructuras compartidas.
ASPAPEL cuenta con un comité de innovación en el que participan las empresas del sector y mantiene acuerdos destinados a conseguir que la innovación llegue también a las fábricas de menor tamaño.
El objetivo es que todo el sector pueda avanzar, con independencia del tamaño de cada empresa. La transformación tecnológica no puede limitarse a las grandes compañías, porque la industria papelera española está formada también por numerosas pymes especializadas.
Con las administraciones públicas trabajamos desde la transparencia y los datos. Generamos información sectorial, analizamos el impacto de las normas y trasladamos propuestas a las instituciones locales, autonómicas, nacionales y europeas.
La decisión final corresponde al legislador, pero consideramos fundamental que se adopte con conocimiento de las consecuencias económicas, industriales y ambientales de cada medida.
Tenemos información estadística detallada que permite analizar cómo puede afectar una normativa a la industria papelera. Nuestra responsabilidad consiste en facilitar esos datos y explicar el impacto de las distintas decisiones.
Mantenemos interlocución con las administraciones públicas, los grupos políticos, las patronales industriales y todos los agentes de nuestra cadena de valor.
La fabricación no termina cuando el papel sale de la fábrica. Para que un envase pueda volver a utilizarse como materia prima, debe haberse diseñado para ser reciclable, recogido correctamente, clasificado y transportado hasta la instalación adecuada.
La economía circular depende de que todos los eslabones de la cadena trabajen con una visión compartida. Los fabricantes de papel, los transformadores, los envasadores, los distribuidores, los gestores de residuos y las administraciones deben actuar de manera coordinada.
El capital humano es otra alianza fundamental. El sector necesita incorporar mujeres, jóvenes y nuevos perfiles técnicos capaces de trabajar en instalaciones cada vez más tecnológicas.
Promovemos formación especializada, incluido un máster en tecnología papelera y distintos programas de becas, porque necesitamos talento para operar las fábricas y acometer la transformación energética y digital.
La industria papelera ofrece oportunidades a una amplia diversidad de perfiles: ingeniería, química, mantenimiento, automatización, gestión ambiental, logística, investigación, administración o comunicación.
Además, se caracteriza por una elevada permanencia de sus trabajadores. Muchas personas desarrollan carreras profesionales largas dentro de la misma empresa, lo que demuestra la estabilidad y la capacidad de especialización del sector.
Esa estabilidad es una fortaleza, pero también nos obliga a anticipar el relevo generacional y a explicar mejor las oportunidades profesionales que ofrece una industria tradicional y, al mismo tiempo, altamente tecnológica.
Para terminar, ¿qué mensaje trasladaría a las nuevas generaciones sobre el papel de esta industria en una economía más circular y sostenible?
El papel se fabrica con materias primas cercanas que, cuando se gestionan adecuadamente, generan un impacto positivo. Crean riqueza en territorios rurales, contribuyen a la gestión de los montes y ayudan a cohesionar el país.
Es un material circular, renovable y con una enorme variedad de aplicaciones. Detrás de una hoja de papel, una servilleta o una caja de cartón existe mucha más tecnología de la que normalmente imaginamos.
Cuando vemos un ordenador, identificamos inmediatamente que se trata de un producto tecnológico. Sin embargo, no solemos pensar en la ingeniería, la química, la automatización y el control de procesos necesarios para fabricar papel a gran escala.
Las máquinas papeleras pueden alcanzar cientos de metros de longitud y combinan sistemas de alta precisión, eficiencia energética, química de materiales, recuperación de recursos y tecnologías digitales.
Por tanto, estamos ante una industria con una larga tradición, pero también ante un sector muy tecnológico y con una enorme capacidad de innovación.
A las nuevas generaciones les diría que los productos papeleros son una vía para reforzar la autonomía estratégica, gestionar mejor los bosques, sustituir materiales de origen fósil y construir una economía más circular.
También representan una oportunidad para generar empleo, exportaciones y riqueza dentro de España, especialmente en territorios en los que la actividad industrial y forestal resulta esencial.
El futuro del sector depende de que continuemos innovando y descarbonizándonos, pero también de que la sociedad conozca todo lo que existe detrás del papel y del cartón que utiliza cada día.
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