HERA Digital Health ha sido una de las iniciativas reconocidas en los Mobile World Capital Awards, alzándose con el Barcelona Horizon Award, un reconocimiento que permitirá a la organización avanzar en el desarrollo y adaptación de su solución en Barcelona. HERA utiliza tecnología móvil e inteligencia artificial para facilitar a personas refugiadas, desplazadas y otros colectivos vulnerables el acceso a los servicios sanitarios, con especial atención a la salud maternoinfantil.
- ¿Qué necesidades identificasteis entre las personas refugiadas y otros colectivos vulnerables que llevaron a la creación de HERA?
- ¿Cómo utiliza HERA la inteligencia artificial para personalizar el apoyo sanitario?
- ¿Qué resultados habéis observado hasta ahora en términos de acceso a la atención sanitaria?
- ¿Qué supone para HERA la oportunidad de desarrollar un proyecto piloto en Barcelona a través del Barcelona Horizon Award?
- ¿Qué desafíos surgen al implementar soluciones digitales en entornos cultural y socialmente diversos?
- ¿Cómo garantizáis que la tecnología complemente, en lugar de sustituir, la atención humana?
- ¿Qué papel puede desempeñar la salud digital en la reducción de las desigualdades de acceso a la atención sanitaria?
- What needs did you identify among refugees and other vulnerable groups that led to the creation of HERA?
- How does HERA use artificial intelligence to personalise healthcare support?
- What results have you observed so far in terms of access to healthcare?
- What does the opportunity to develop a pilot project in Barcelona through the Barcelona Horizon Award mean for HERA?
- What challenges arise when implementing digital solutions in culturally and socially diverse settings?
- How do you ensure that technology complements rather than replaces human care?
- What role do you believe digital health can play in reducing inequalities in access to healthcare?
Tras comenzar en 2018 como un proyecto piloto con 200 mujeres refugiadas en Estambul y haber beneficiado desde entonces a más de 540.000 personas en Turquía, HERA inicia ahora una nueva etapa con su llegada a Barcelona. Hablamos con Berktuğ Kubuk, Program Lead de HERA Digital Health, sobre el potencial de la salud digital para reducir las desigualdades en el acceso a la atención sanitaria, el uso de la inteligencia artificial y las oportunidades que abre este reconocimiento para trasladar su modelo a un contexto europeo.
¿Qué necesidades identificasteis entre las personas refugiadas y otros colectivos vulnerables que llevaron a la creación de HERA?
Actualmente, más de 120 millones de personas se encuentran en situación de desplazamiento forzoso, la cifra más alta jamás registrada, y este número lleva más de una década aumentando mientras se reduce la financiación humanitaria.
Las muertes que se producen como consecuencia de esta situación no suelen deberse a la inexistencia de tratamientos. En la mayoría de los países de acogida de refugiados, la atención sanitaria es formalmente gratuita, ya sea porque está cubierta por los ministerios de Sanidad de los países receptores o financiada a través de Naciones Unidas. Sin embargo, muchos niños siguen sin recibir las vacunas necesarias y muchas madres acceden demasiado tarde a la atención prenatal o ni siquiera llegan a recibirla.
Entre los refugiados sirios en Turquía, solo entre el 13% y el 25% de los niños están completamente vacunados, mientras que las mujeres refugiadas reciben a menudo una única consulta prenatal frente a las ocho recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
España refleja también este problema dentro de Europa. A 1 de enero de 2025, alrededor de 840.000 migrantes vivían en situación administrativa irregular en España, frente a los 107.000 de 2017. En Cataluña, las estimaciones regionales apuntan a entre 160.000 y 170.000 personas sin residencia regular, aproximadamente un tercio de ellas en la ciudad de Barcelona.
La legislación española garantiza la atención sanitaria pública a las mujeres embarazadas y a todos los menores independientemente de su situación administrativa. Sin embargo, se estima que la participación de las mujeres migrantes en servicios especializados de salud sexual y reproductiva es de apenas un 0,1%.
El problema se encuentra en el espacio que existe entre la persona y el sistema: las barreras lingüísticas, la pérdida de historiales médicos, el miedo a las autoridades, el desconocimiento de los derechos sanitarios o la dificultad para orientarse dentro del sistema.
Los sistemas sanitarios están diseñados para personas que nacen y viven en un mismo lugar; presuponen estabilidad, continuidad y documentación, y todas esas premisas se rompen cuando una persona se desplaza.
Por eso, el problema que aborda HERA no es la ausencia de atención sanitaria, sino la distancia entre las personas desplazadas y los servicios que ya existen a su alrededor. En 2018, a través de nuestra organización hermana Medical Rescue Association of Türkiye (MEDAK), desarrollamos la aplicación HERA junto a mujeres refugiadas sirias en Turquía: una herramienta de orientación sanitaria que se desplaza con las personas que se ven obligadas a desplazarse.
Cuando una mujer cambia de ciudad o provincia, los historiales en papel muchas veces no viajan con ella. HERA mantiene un breve resumen de su información sanitaria en el teléfono que ya utiliza, permitiendo dar continuidad a la atención.
¿Cómo utiliza HERA la inteligencia artificial para personalizar el apoyo sanitario?
HERA ayuda a las personas refugiadas y desplazadas internamente a orientarse y acceder a sistemas sanitarios que nunca fueron diseñados pensando en ellas, con especial atención a la salud maternoinfantil y a la mejora de los resultados durante el embarazo.
Nuestra aplicación de salud móvil y nuestro chatbot de WhatsApp basado en inteligencia artificial, disponible en seis idiomas, ofrecen a las familias desplazadas información sanitaria fiable y culturalmente relevante; orientación hacia los servicios adecuados, incluidos los centros más cercanos, recordatorios de citas y vacunación y derivaciones; educación para fomentar comportamientos preventivos; e historiales sanitarios portátiles que pueden llevar consigo incluso al cruzar fronteras.
Una mujer puede escribir al chatbot en su propio idioma para encontrar atención materna y neonatal cerca de ella y comprender a qué servicios tiene derecho. No necesita instalar nada porque la conversación se desarrolla directamente en WhatsApp, una aplicación que ya utiliza, y tampoco necesita un documento nacional de identidad para comenzar.
HERA no proporciona tratamiento. Ayuda a las mujeres a llegar a los servicios que ya existen a su alrededor.
La personalización parte de tres elementos: en qué momento del embarazo se encuentra la mujer o en qué fase del calendario de vacunación está su hijo, dónde se encuentra y qué idioma habla en casa. A partir de ahí, HERA configura su calendario de revisiones y vacunación conforme a los estándares de la OMS y del país de acogida y le envía mensajes antes de que llegue cada cita.
La personalidad del chatbot también forma parte de este diseño. HERA habla como lo haría una persona mayor y cercana de la comunidad: de manera cálida, paciente, con un ligero sentido del humor, sin juzgar y siempre en el idioma de la mujer.
Esto es importante por el tipo de cuestiones que plantean las usuarias. La anticoncepción, los sangrados, el embarazo o la violencia son asuntos que a menudo siguen siendo tabú y que no pueden plantearse abiertamente. Además, el acceso a la atención sanitaria puede depender todavía del permiso o la mediación de hombres u otras personas del entorno. A través de su propio teléfono, una mujer dispone de un espacio privado y libre de juicios donde preguntar, aprender y actuar sobre su propia salud.
Uno de los mayores retos técnicos está precisamente en el lenguaje. Los grandes modelos lingüísticos aprenden de la información abundante en Internet, lo que significa que conocen el árabe formal escrito, pero disponen de muy pocos datos sobre los dialectos sirios que realmente habla una mujer desplazada.
Por ello, estamos ajustando nuestro modelo específicamente con el vocabulario cotidiano que utilizan las poblaciones refugiadas para describir sus problemas de salud. Médicos refugiados, que comparten tanto el dialecto como la formación clínica, ayudan a relacionar la manera en la que una mujer expresa un problema con su significado clínico. El conjunto de datos resultante se publicará de forma abierta para que otras organizaciones que trabajan con comunidades desplazadas puedan aprovecharlo.
HERA no diagnostica. Las conversaciones consideradas de alto riesgo se derivan para su revisión por personas. Para nosotros, personalizar mediante IA no consiste únicamente en enviar el recordatorio adecuado en el momento adecuado: significa comprender a una mujer con sus propias palabras, responderle con una voz en la que confíe y llegar hasta ella allí donde ya se encuentra.
¿Qué resultados habéis observado hasta ahora en términos de acceso a la atención sanitaria?
HERA comenzó en 2018 como un proyecto piloto en Estambul con 200 mujeres refugiadas. Desde entonces, ha beneficiado a más de 540.000 personas en Turquía.
En nuestra plataforma digital, 43.751 usuarios únicos han accedido a las herramientas de HERA, 57.485 personas han recibido información sanitaria fiable y se han registrado 60.271 conexiones con servicios sanitarios, incluidos 44.472 itinerarios de citas de salud maternoinfantil realizados a través de WhatsApp.
El modelo está empezando ahora a extenderse más allá de Turquía. Estamos en fase piloto con INTERSOS en Grecia, iniciando un piloto de Mobile World Capital en Barcelona y preparando una adaptación para el noroeste de Siria junto a proveedores sanitarios locales.
Uno de los resultados más importantes procede de nuestro estudio más reciente, actualmente publicado como preprint y en proceso de revisión por pares en JMIR mHealth and uHealth. En dos centros de salud para migrantes de Estambul, las mujeres que recibieron los recordatorios de embarazo de HERA acudieron de media a 2,5 controles prenatales, frente a 1,9 entre quienes no los recibieron.
Esto supone aproximadamente un 30% más de visitas sin abrir una sola clínica ni incorporar un solo médico. Y estas consultas son precisamente aquellas en las que pueden detectarse a tiempo los problemas durante el embarazo.
Nuestro trabajo se desarrolla además junto a socios académicos. Investigadores del Johns Hopkins Center for Humanitarian Health participaron como coautores en el estudio sobre recordatorios prenatales; el Global Health Institute de la American University of Beirut apoya nuestro trabajo en inteligencia artificial a través del programa GHAIN MENA; y HERA y MEDAK se estudian como caso de innovación en sistemas de salud global en la Harvard T.H. Chan School of Public Health.
¿Qué supone para HERA la oportunidad de desarrollar un proyecto piloto en Barcelona a través del Barcelona Horizon Award?
Supone poder probar el modelo de HERA en una ciudad europea en un momento en el que España lo necesita. El número de personas que viven en España sin una situación administrativa regular pasó de aproximadamente 107.000 en 2017 a unas 840.000 a principios de 2025. Muchas son mujeres en edad reproductiva que atraviesan el embarazo, el parto y los primeros años de crianza desde una situación de inseguridad prolongada y que se concentran especialmente en las principales ciudades del país.
En los datos españoles reconocemos un patrón que nos resulta familiar: los derechos existen sobre el papel, pero eso no significa que se ejerzan. La legislación garantiza la atención sanitaria pública a las mujeres embarazadas y a todos los menores independientemente de su situación de residencia. Sin embargo, las mujeres migrantes reciben una atención prenatal más tardía y menos adecuada y presentan peores resultados perinatales que las mujeres nacidas en España.
Este es precisamente el problema para el que nació HERA. Los servicios existen y los derechos existen, pero falta el camino que conecta a la mujer con el sistema. El idioma, el desconocimiento sobre cómo está organizada la atención sanitaria, la ausencia de apoyo social y la desconfianza en el momento de acceder a los servicios actúan como barreras.
El Barcelona Horizon Award, de Mobile World Capital Barcelona Foundation, nos aporta algo que valoramos especialmente: conexiones. La red de Mobile World Capital abre puertas a organizaciones que ya trabajan con mujeres migrantes en Cataluña, algo que la financiación por sí sola no puede comprar.
El primer año está deliberadamente acotado: realizaremos una evaluación de necesidades locales, abordaremos el marco jurídico y europeo relativo a los datos sanitarios y desarrollaremos una base en español, catalán y otros idiomas adicionales para el asistente antes de poner en marcha cualquier piloto y su posterior difusión.
En esta fase, HERA trabajaría dentro de las organizaciones que ya atienden a estas mujeres, como una capa de orientación y asesoramiento que conecte a cada mujer con la atención sanitaria a la que ya tiene derecho en Cataluña.
La conexión directa con el propio sistema público de salud es una aspiración a más largo plazo, no un objetivo del primer año. El éxito significaría que una organización local pudiera adoptar y mantener el modelo y que pudiéramos mostrar algo tangible en el Mobile World Congress 2027: las primeras evidencias sobre si el enfoque de HERA puede trasladarse a una ciudad europea de renta alta, donde la distancia entre una mujer y el sistema adopta una forma diferente, pero tiene la misma causa.
¿Qué desafíos surgen al implementar soluciones digitales en entornos cultural y socialmente diversos?
La salud digital solo funciona cuando respeta la manera en que las distintas comunidades buscan información, construyen confianza y se relacionan con los sistemas sanitarios.
El idioma y la alfabetización son el primer desafío. HERA utiliza árabe coloquial en WhatsApp en lugar de formularios clínicos o aplicaciones que deban descargarse. La preocupación relacionada con la situación legal también es importante, por lo que el registro no exige un documento nacional de identidad y el consentimiento se explica mediante un lenguaje sencillo.
La movilidad constituye otra barrera. Cuando los historiales médicos en papel se quedan atrás, HERA mantiene un resumen sanitario portátil en el teléfono de la mujer.
La confianza se construye mediante el codiseño con mujeres refugiadas y a través de la introducción de la herramienta en clínicas y redes de mujeres que nuestros socios ya gestionan. También adaptamos la generación de demanda a la capacidad de nuestros colaboradores: derivar a alguien a una clínica que no puede atenderla o donde recibe un trato inadecuado destruye la confianza de la que dependen todas las interacciones posteriores.
La baja alfabetización digital exige además conversaciones sencillas y breves. Tras los terremotos de 2023, simplificamos una primera interfaz del chatbot cuando comprobamos que los usuarios sometidos a situaciones de estrés la encontraban demasiado compleja.
En Barcelona aplicaremos la misma filosofía: primero analizaremos las necesidades y codiseñaremos la solución localmente y después pensaremos en escalarla. En contextos sanitarios sensibles, HERA mantiene siempre su carácter no diagnóstico y recurre a la revisión humana cuando los sistemas automatizados detectan señales de alerta.
¿Cómo garantizáis que la tecnología complemente, en lugar de sustituir, la atención humana?
HERA fue creada para reforzar la conexión con la atención humana, no para sustituir a profesionales sanitarios, trabajadores comunitarios o agentes de protección.
No ofrecemos tratamiento clínico. Ayudamos a las mujeres a encontrar y utilizar los servicios de salud materna y neonatal que ya existen, mientras que los profesionales sanitarios colaboradores actualizan la disponibilidad de los centros y las ONG presentan la herramienta en espacios en los que las mujeres ya confían.
La atención humana significa algo más que completar una derivación. Nos importa saber si la persona ha sido tratada con dignidad cuando llega al servicio, no únicamente si hemos enviado correctamente un recordatorio.
La seguridad es operativa, no retórica. La detección automatizada de señales de alerta deriva los casos a revisión humana, y los protocolos de escalado para emergencias médicas o violencia de género se diseñan junto a nuestros socios antes de que el contenido sensible llegue a las usuarias.
Cuando la automatización no funcionó adecuadamente para usuarios sometidos a un elevado estrés durante la respuesta a los terremotos, priorizamos interfaces más sencillas en lugar de añadir mayor complejidad mediante inteligencia artificial.
HERA publica además componentes de código abierto para que los socios locales, incluidas potencialmente futuras instituciones de Barcelona, puedan adaptar los procesos de orientación dentro de sus propios programas. Nuestro objetivo es que los profesionales que trabajan sobre el terreno sigan siendo responsables del último tramo de la atención, mientras las herramientas digitales reducen las barreras en lugar de eliminar a las personas del proceso.
¿Qué papel puede desempeñar la salud digital en la reducción de las desigualdades de acceso a la atención sanitaria?
La salud digital reduce las desigualdades cuando resuelve un problema que los sistemas sanitarios tradicionales no pueden abordar: estos sistemas están diseñados para poblaciones estables y todas las premisas sobre las que se construyen dejan de funcionar cuando una persona se desplaza.
Lo que necesitan las personas desplazadas es un sistema capaz de moverse con quienes se ven obligados a moverse.
Las buenas prácticas ya existen y apuntan en la misma dirección. MomConnect, en Sudáfrica, y Jacaranda PROMPTS, en Kenia, han demostrado que mensajes sencillos, enviados en el momento adecuado y en el idioma apropiado pueden mejorar la salud materna a escala nacional sin construir una sola clínica nueva.
Nuestros propios resultados siguen el mismo patrón: las herramientas alineadas con las directrices de salud digital de la Organización Mundial de la Salud, desarrolladas en código abierto y de forma multiplataforma y diseñadas para adaptarse a distintos contextos locales, pueden llegar allí donde las herramientas propietarias y vinculadas a un contexto fijo no pueden hacerlo.
Esa capacidad de adaptación no es un detalle técnico. Es lo que permite que un ministerio, una agencia de Naciones Unidas o una organización local adopte un modelo probado y lo utilice para su propia comunidad, en lugar de esperar a que alguien más llegue para atenderla.
Ese es el papel que creemos que debe desempeñar la salud digital: no sustituir a los sistemas sanitarios, sino convertirse en el tejido que conecta a las personas con la atención que ya existe a su alrededor, en su propio idioma, a través del teléfono que ya llevan consigo y de forma que pueda acompañarlas al cruzar cualquier frontera. Cerrar esa distancia es la manera en que la tecnología puede reducir el sufrimiento humano.
HERA Digital Health, winner at the Mobile World Capital Awards: “Displaced people need a health system that moves with them”
HERA Digital Health was one of the initiatives recognised at the Mobile World Capital Awards, winning the Barcelona Horizon Award, a recognition that will enable the organisation to further develop and adapt its solution in Barcelona. HERA uses mobile technology and artificial intelligence to help refugees, displaced people and other vulnerable groups access healthcare services, with a particular focus on maternal and child health.
After starting in 2018 as a pilot project with 200 refugee women in Istanbul and benefiting more than 540,000 lives across Türkiye since then, HERA is now entering a new phase with its arrival in Barcelona. We spoke with Berktuğ Kubuk, Program Lead at HERA Digital Health, about the potential of digital health to reduce inequalities in access to healthcare, the use of artificial intelligence, and the opportunities this recognition creates to bring its model to a European context.
What needs did you identify among refugees and other vulnerable groups that led to the creation of HERA?
More than 120 million people are now forcibly displaced, the highest number ever recorded, rising every year for more than a decade while humanitarian funding contracts.
The deaths that follow are not usually caused by absent treatment. In most refugee-hosting countries care is formally free: covered by the host ministry of health or sponsored through UN funding. Children still miss immunizations; mothers still reach prenatal care too late or not at all.
Among Syrian refugees in Türkiye only 13–25% of children are fully immunized, and refugee women often receive a single prenatal visit against the WHO-recommended eight.
Spain shows the same failure inside Europe. Around 840,000 migrants were living in irregular administrative status in Spain on 1 January 2025, up from 107,000 in 2017 (Funcas, 2026). And in Catalonia, regional estimates suggest 160,000–170,000 people without regular residence status, roughly a third of them in Barcelona city (≈50,000–60,000) (Generalitat de Catalunya / La Vanguardia, 2024). Spanish law guarantees public healthcare for pregnant women and all minors regardless of status, yet migrant women’s participation in specialized sexual and reproductive health services is estimated at just 0.1% (UNAF, 2022).
The failure is between the person and the system: language, lost records, fear of authorities, no knowledge of entitlements, no way to navigate. Health systems are built for people who are born and die in the same place; they assume stability, continuity and documentation and every one of those assumptions breaks when a person moves.
So the problem HERA takes on is not the absence of care. It is the distance between displaced people and the care that already exists around them. In 2018, through our sister organization Medical Rescue Assoc. Of Türkiye (MEDAK), we built HERA app with Syrian refugee women in Türkiye: health navigation that moves with people who are forced to move. When women move between cities or provinces, paper records often do not move with them; HERA keeps a short health summary on the phone she already uses so care can continue across moves.
How does HERA use artificial intelligence to personalise healthcare support?
HERA helps refugees and internally displaced people navigate and access health systems that were never designed for them, with a focus on maternal and child health and better pregnancy outcomes. HERA’s mHealth app and AI-powered WhatsApp chatbot (supporting six languages) give displaced families:
- Trusted, culturally-relevant health information and guidance;
- Navigation to the right care, including nearest facilities, appointment and immunisation reminders, and referrals;
- Education and behaviour change that nudges families toward preventive care;
- Portable health records they can carry across borders.
A woman messages the chatbot in her own language to find maternal and newborn care near her and understand which services she is allowed to use. There is nothing to install, because the conversation happens on WhatsApp, which she already has, and no national ID is required to start. HERA does not provide treatment. It helps women reach the services that already exist around them.
Personalisation starts from three things HERA knows about her: where she is in her pregnancy or her child’s immunisation timeline, where she is located, and the language she speaks at home. From those, HERA builds her check-up and vaccination schedule to WHO and host-country standards and messages her before each visit falls due, rather than waiting to be asked.
The chatbot’s persona is part of that design. HERA speaks like a caring community elder rather than a medical form: warm, patient, lightly humorous, never judgmental, and always answering in the woman’s own language. The register matters because of what women actually ask about. Contraception, bleeding, pregnancy and violence are often taboo and cannot be raised openly, and access to care can still depend on permission or mediation from men and other gatekeepers. On her own phone, a woman has a private, judgment-free space where she can ask, learn and act on her own health.
The hardest technical work is language. Large language models learn from what is abundant online, which means formal written Arabic and very little of the Syrian dialects a displaced woman actually speaks. She does not describe her condition in clinical terms. She uses the everyday words her family uses. HERA is fine-tuning its model on exactly that vocabulary: the layman terminology refugee populations use for their own health conditions, in dialects that carry almost no quality training data. Refugee doctors, who share both the dialect and the clinical training, map how she says it to what it means clinically. The resulting dataset will be released openly so other organisations serving displaced communities can build on it rather than start over.
AI also changes who HERA can reach at all. Most service providers reach the women who already come to them. HERA additionally finds women on their phones through targeted Arabic-language digital campaigns that route straight into WhatsApp, reaching them before they enter any NGO or governmental pathway and without a field team having to knock on a door. WhatsApp is what makes that possible: it is already on the phone and already used daily, including by women with low digital literacy and older devices, so there is nothing to install. For women whom distance, cost, documentation or household restriction keeps away from clinics, NGOs and municipal services, that is often the only door that opens.
HERA does not diagnose. High-risk conversations are flagged for review by people. Personalisation, in HERA’s use of AI, is not only the right reminder at the right time. It is being understood in her own words, answered in a voice she trusts, and reached where she already is.
What results have you observed so far in terms of access to healthcare?
HERA began in 2018 as a pilot in Istanbul with 200 refugee women. Since then it has benefitted more than 540,000 lives across Türkiye. On the digital platform, 43,751 unique users have accessed HERA’s tools, 57,485 people have reached trusted health information, and 60,271 healthcare connections have been logged, including 44,472 tracked maternal and child health appointment pathways on WhatsApp.
The model is now moving beyond Türkiye. HERA is at pilot stage with INTERSOS in Greece, is starting a Mobile World Capital pilot in Barcelona, and is preparing a northwest Syria adaptation with the local healthcare providers.
HERA writes up what it learns and publishes it, because part of the mission is to leave behind methods other organisations can copy. If something works for refugee women in Türkiye, it should be written down clearly enough that a team in another country can test it and improve it. Five of HERA’s studies have appeared in peer-reviewed journals, covering mobile health in crisis settings, digital health during COVID-19, HERA as a social enterprise, how Syrian refugee women received the tool, and facility mapping after the 2023 earthquakes: doi:10.29392/001c.17892, 10.5334/aogh.2995, 10.4018/978-1-7998-4727-4.ch011, 10.3389/fpubh.2022.1025675 and 10.52872/001c.125043.
The most important result comes from HERA’s newest study, now shared as a preprint and going through peer review at JMIR mHealth and uHealth. At two migrant health centres in Istanbul, women who received HERA’s pregnancy reminders went to 2.5 antenatal check-ups on average, compared with 1.9 among women who did not. That is roughly 30% more visits, achieved without opening a single clinic or adding a single doctor. Those visits are where problems in a pregnancy get caught in time, which is why the number matters: WHO evidence links proper antenatal care to a 30 to 50% lower risk of a mother dying.
Our works are carried out with academic partners. Researchers from the Johns Hopkins Center for Humanitarian Health co-authored the antenatal reminder study, the American University of Beirut Global Health Institute supports HERA’s AI work through its GHAIN MENA programme, and HERA and MEDAK are taught as a case study in global health systems innovation at the Harvard T.H. Chan School of Public Health.
What does the opportunity to develop a pilot project in Barcelona through the Barcelona Horizon Award mean for HERA?
It means testing HERA’s model in a European city at a moment when Spain needs it. The number of people living in Spain without regular administrative status rose from around 107,000 in 2017 to an estimated 840,000 at the start of 2025 (Funcas). Many are women of reproductive age going through pregnancy, birth and early childhood from a position of prolonged insecurity, concentrated in the country’s largest cities.
What HERA recognises in the Spanish evidence is a familiar pattern. The rights are on paper. Real Decreto-ley 7/2018 guarantees public healthcare for pregnant women and for all minors regardless of residence status. The use is not. Migrant women in Spain receive later and less adequate prenatal care and have worse perinatal outcomes than Spanish-born women, and Spanish research attributes much of that excess risk to the timing and adequacy of prenatal care rather than to origin itself. Migrant children are considerably less likely to complete their vaccination schedules, with missed routine check-ups a main driver and up to three times the risk of being incompletely vaccinated. UNAF estimates that migrant women’s participation in specialised sexual and reproductive health services reaches around 0.1%.
This is the problem HERA was built for. The services exist, the entitlements exist, and the pathway between the woman and the system does not. Language, unfamiliarity with how care is organised, absence of social support and mistrust at the point of contact do the blocking.
This is the problem HERA was built for. The services exist, the entitlements exist, and the pathway between the woman and the system does not. Language, unfamiliarity with how care is organised, absence of social support and mistrust at the point of contact do the blocking.
The Barcelona Horizon Award, from the Mobile World Capital Barcelona Foundation, brings something HERA values fundamentally: introductions. Mobile World Capital’s network opens doors to organisations already working with migrant women in Catalonia, which is not something funding alone can buy. Year one is deliberately bounded: a local needs assessment, legal and European health-data framing, and a Spanish, Catalan and additional language foundation for the companion, before any pilot and dissemination.
At this stage HERA would work inside the organisations already serving these women, as a navigation and service-advisor layer that connects a woman to the care she is already entitled to in Catalonia. Connecting into the public health system itself is the longer-term direction, not a year-one deliverable. Success means a local organisation can adopt and carry the model, and that there is something real to show at Mobile World Congress 2027: the first evidence on whether HERA’s approach transfers to a high-income European city, where the gap between a woman and the system has a different shape but the same cause.
What challenges arise when implementing digital solutions in culturally and socially diverse settings?
Digital health only works when it respects how different communities seek information, build trust, and move through health systems. HERA sees recurring challenges in refugee and displaced populations, and designs around them deliberately.
Language and literacy come first: HERA uses colloquial Arabic on WhatsApp rather than clinical forms or app-store downloads. Legal and status anxiety matters too, so registration does not require a national ID, and consent is explained in plain language as rules on access and co-payment change. Mobility is another barrier; when paper records stay behind, HERA keeps a portable health summary on the woman’s phone.
Trust is built through co-design with refugee women and introductions inside clinics and women’s networks that partners already run. HERA also paces demand generation to partner capacity: routing someone to a clinic that cannot absorb her, or where she is treated poorly, erodes the trust every later prompt depends on. Low digital literacy means short conversational flows; after the 2023 earthquakes, HERA simplified an early chatbot interface when stressed users found the first version too complex. In Barcelona, the same discipline applies: needs assessment and local co-design come before scale. In sensitive health contexts, HERA maintains non-diagnostic positioning and human review when automated systems detect red flags.
How do you ensure that technology complements rather than replaces human care?
HERA was built to strengthen connections to human care, not to substitute for clinicians, community health workers, or protection actors.
HERA does not provide clinical treatment. It helps women find and use maternal and newborn health services that already exist, with partner health workers updating facility availability and NGOs introducing the tool in settings women already trust. Human care means more than completing a referral: HERA cares whether the person was treated with dignity when she arrived, not only whether a reminder was sent.
Safety is operational, not rhetorical. Automated red-flag detection routes cases to human review, and escalation pathways for medical emergencies or gender-based violence are designed with partners before sensitive content reaches users. When automation failed stressed users during the earthquake response, HERA prioritised simpler interfaces instead of pushing more AI complexity.
HERA publishes open-source components so local partners (including future Barcelona institutions) can adapt navigation workflows within their own programmes. The goal is for frontline staff to own the last mile of care, with digital tools reducing friction rather than removing people from the pathway.
What role do you believe digital health can play in reducing inequalities in access to healthcare?
Digital health reduces inequality when it solves the problem traditional health systems cannot: those systems are designed for stable populations, and every assumption behind them breaks when a person moves. What displaced people need is a system that moves with people who are forced to move.
The good practices already exist, and they point the same way. South Africa’s MomConnect and Kenya’s Jacaranda PROMPTS proved that simple, well-timed messages in the right language improve maternal health at national scale, without building a single new clinic. The pattern holds across our own results as well: tools aligned with the World Health Organization’s digital health guidelines, built open-source and cross-platform, designed to be adjustable to any local scenario, travel where proprietary fixed-context tools cannot. That adaptability is not a technical detail. It is what lets a ministry, a UN agency, or a local organization take a proven model and run it for its own community, rather than waiting for someone else to serve them.
That is the role we believe digital health should play. Not replacing health systems, but becoming the connective tissue between people and the care that already exists around them: in their language, on the phone they already carry, portable across every border. Closing that distance is how technology reduces human suffering.
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