Las alianzas entre empresas y ONG han evolucionado hacia un modelo en el que el propósito social, la confianza y la transparencia adquieren cada vez más protagonismo. Para Iciar Lumbreras González-Serrano, directora de Desarrollo Corporativo de Cooperación Internacional ONG, el verdadero compromiso de las compañías con la sociedad debe ir más allá de las aportaciones económicas o las acciones puntuales de voluntariado. «Estamos convencidos de que el principal impacto social de la empresa es… la propia empresa», afirma.
- En los últimos años ha evolucionado la manera en la que las empresas entienden su papel en la transformación social. Desde su experiencia al frente del área de Desarrollo Corporativo, ¿cómo han cambiado las alianzas entre empresas y ONG y qué buscan actualmente las compañías cuando deciden implicarse en un proyecto social?
- Cooperación Internacional trabaja con compañías a través de distintas fórmulas, desde el apoyo económico hasta el voluntariado corporativo y la implicación de sus empleados. Desde la perspectiva de una ONG, ¿qué necesita hoy una empresa para que su colaboración genere un impacto social realmente significativo?
- Algunas alianzas de Cooperación Internacional con empresas se mantienen durante años, como ocurre con Boeing y el programa ‘Volando Juntos’. ¿Qué factores son determinantes para que una colaboración puntual evolucione hacia una alianza estratégica y sostenible en el tiempo?
- Medir el impacto se ha convertido en una cuestión cada vez más relevante para las empresas dentro de sus estrategias de sostenibilidad. ¿Cómo evalúa Cooperación Internacional los resultados de sus programas de colaboración empresarial y qué indicadores considera fundamentales para demostrar que el voluntariado corporativo se traduce en una transformación social real?
- En un contexto en el que las compañías conceden cada vez más importancia a la sostenibilidad, los criterios ESG y la reputación corporativa, ¿cómo se puede conseguir que la acción social y el voluntariado corporativo respondan a necesidades reales de la sociedad y no se queden únicamente en iniciativas de carácter reputacional?
- Este año se celebra la XIX edición del Día Solidario de las Empresas, después de casi dos décadas de trayectoria. ¿Qué aprendizajes les han dejado estos 19 años sobre la evolución del voluntariado corporativo y qué cree que debería cambiar en los próximos años para seguir fortaleciendo la colaboración entre empresas y organizaciones sociales?
En esta entrevista, Lumbreras reflexiona sobre las claves para construir colaboraciones duraderas entre el sector empresarial y las organizaciones sociales, la importancia de medir el impacto del voluntariado corporativo y el papel de los empleados como agentes de transformación. Coincidiendo con la XIX edición del Día Solidario de las Empresas, reivindica la necesidad de impulsar una cultura solidaria que sitúe a las personas en el centro y se construya desde la «convicción, esfuerzo y coherencia».
En los últimos años ha evolucionado la manera en la que las empresas entienden su papel en la transformación social. Desde su experiencia al frente del área de Desarrollo Corporativo, ¿cómo han cambiado las alianzas entre empresas y ONG y qué buscan actualmente las compañías cuando deciden implicarse en un proyecto social?
Creo que se ha ido abriendo paso una visión, por decirlo así, más generosa y abierta. Igual que las personas hemos crecido en el convencimiento de que el dinero no lo es todo en la vida, en las empresas ha crecido el convencimiento de que el beneficio tampoco lo es. Y ha tomado protagonismo la idea de que las empresas, como las personas, necesitamos un propósito. ¿Se puede vivir sin propósito? Quizás si, durante un tiempo, pero al final siempre acabamos preguntando por él.
El propósito no es solo una decisión que se toma un día y se pone en la web, la memoria anual, etc. Hay que recordarlo y materializarlo diariamente. Y esto es un reto. Las alianzas de empresas y ONGs cada vez penden más del propósito. Algunas canalizan gran parte de sus ayudas a través de convocatorias, y en este caso, no es posible hablar de alianzas sino más bien de compromiso. Y esto es muy positivo porque aporta transparencia y apertura. Pero quizás habría que analizar con profundidad si con este modelo se pierde o se gana impacto social o si es el más eficaz para visualizar el propósito.
Por otro lado, muchas empresas han impulsado sus fundaciones corporativas. Y a partir de ahí existen variados modelos con mayor o menor peso en los procesos internos de la empresa. En muchas ha sido un proceso profundo y han buscado dotarlas de medios y recursos.
Y respecto a lo que buscan las empresas en las ONGs creo que no ha cambiado mucho, pues nace del sentido común: confianza, impacto y transparencia.
Cooperación Internacional trabaja con compañías a través de distintas fórmulas, desde el apoyo económico hasta el voluntariado corporativo y la implicación de sus empleados. Desde la perspectiva de una ONG, ¿qué necesita hoy una empresa para que su colaboración genere un impacto social realmente significativo?
Esto lo hemos hablado mucho en Cooperación Internacional. Estamos convencidos de que el principal impacto social de la empresa es… la propia empresa. A veces nos hemos encontrado con empleados que vienen a hacer voluntariado buscando un poco de agua fresca. Creo que es un error. Lo primero que debería percibir un trabajador es el valor social de su propio trabajo.
Llevamos tiempo pensando en ofrecer herramientas que ayuden a transmitir que el impacto social pivota fundamentalmente alrededor del trabajo. Trabajar viendo personas y no solo clientes, proveedores, etc. Como regla general pienso que desde esa perspectiva resulta mucho más significativo diseñar un programa de voluntariado corporativo.
Algunas alianzas de Cooperación Internacional con empresas se mantienen durante años, como ocurre con Boeing y el programa ‘Volando Juntos’. ¿Qué factores son determinantes para que una colaboración puntual evolucione hacia una alianza estratégica y sostenible en el tiempo?
Como decimos en una campaña de voluntariado, muchas veces “Solo hace falta EMPEZAR». Esto nos ha pasado con empresas que participan en el Día Solidario de las Empresas o en Una Sonrisa por Navidad y luego quieren ampliar su colaboración. Para esto me parece fundamental que la empresa conozca un proyecto en el que vea que puede tener un papel importante. También que ambas, empresa y ONG, sean muy transparentes trasladando claramente lo que necesitan y lo que esperan generando así una confianza que permita dar respuestas a los retos que existen y que surgen.
Medir el impacto se ha convertido en una cuestión cada vez más relevante para las empresas dentro de sus estrategias de sostenibilidad. ¿Cómo evalúa Cooperación Internacional los resultados de sus programas de colaboración empresarial y qué indicadores considera fundamentales para demostrar que el voluntariado corporativo se traduce en una transformación social real?
La medición debe ser una herramienta de mejora continua. En el voluntariado corporativo abarca dos dimensiones clave:
- Indicadores cualitativos y de transformación: miden el impacto real en los beneficiarios (rendimiento escolar, inclusión o habilidades psicoafectivas…) y la huella que deja la experiencia en el empleado (empatía y sentimiento de pertenencia).
- Indicadores cuantitativos: analizan datos concretos como: número de beneficiarios atendidos, horas de voluntariado o intervenciones realizadas.
En un contexto en el que las compañías conceden cada vez más importancia a la sostenibilidad, los criterios ESG y la reputación corporativa, ¿cómo se puede conseguir que la acción social y el voluntariado corporativo respondan a necesidades reales de la sociedad y no se queden únicamente en iniciativas de carácter reputacional?
Creemos que la clave está en poner siempre en el centro a la persona. Vivimos en una sociedad muy volcada en la eficiencia y en la imagen, pero la acción social cobra autenticidad cuando responde a rostros concretos y necesidades reales.
Para lograrlo, las iniciativas deben diseñarse junto a las organizaciones sociales, garantizando que el voluntariado responda a necesidades reales y no a exigencias de agenda corporativa. Cuando el empleado vive la realidad de cerca, el componente reputacional pasa a ser una consecuencia natural y no el fin de la acción.
Este año se celebra la XIX edición del Día Solidario de las Empresas, después de casi dos décadas de trayectoria. ¿Qué aprendizajes les han dejado estos 19 años sobre la evolución del voluntariado corporativo y qué cree que debería cambiar en los próximos años para seguir fortaleciendo la colaboración entre empresas y organizaciones sociales?
19 años después, sigue siendo una herramienta muy útil para poner en contacto a empresas y ONG, y fomentar el voluntariado corporativo. Nuestra experiencia es que a partir de acciones puntuales han surgido después muchas colaboraciones de gran valor.
Me encantaría que creciera el número de empresas que sean conscientes del valor que aporta tener una verdadera cultura solidaria y que entiendan que para construirlo hace falta, como en todo lo que merece la pena, convicción, esfuerzo y coherencia.
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