Hablar de cambio climático puede llevarnos con demasiada facilidad a cifras globales, horizontes temporales lejanos o conceptos que parecen alejados de nuestra actividad cotidiana. Sin embargo, muchos de sus efectos y, sobre todo, muchas de las decisiones que podemos tomar frente a ellos son mucho más cercanos.
Una empresa que necesita menos energía para prestar el mismo servicio es una empresa con menores costes y menos expuesta a una subida de precios. Una organización que reduce su dependencia de materias primas o de cadenas logísticas excesivamente largas disminuye vulnerabilidades. Una infraestructura mejor preparada frente a temperaturas extremas o fenómenos meteorológicos adversos protege su actividad y evita reparaciones que pueden ser costosas y difíciles de ejecutar en poco tiempo. Una empresa que anticipa estos riesgos tiene también mayor capacidad para asegurar la continuidad de sus servicios y evitar incumplimientos con clientes, proveedores o trabajadores.
Todo ello mejora nuestra capacidad para prevenir y adaptarnos a determinados efectos del cambio climático. Pero también mejora algo esencial para cualquier empresa: su competitividad.
Esta relación merece mucha más atención.
Utilizar menos para depender menos
La eficiencia es posiblemente uno de los ejemplos más sencillos.
Cuando una empresa necesita menos energía, agua o materiales para obtener el mismo resultado —o uno mejor— reduce costes y dependencias. También disminuye la necesidad de producir, transportar o extraer esos recursos y los impactos asociados a esos procesos.
No estamos hablando, por tanto, de dos resultados independientes. La misma decisión puede mejorar una cuenta de resultados y reducir un impacto.
Un ejemplo permite dimensionarlo. La Agencia Internacional de la Energía calcula que, para una pyme industrial europea con un margen de beneficio del 10 %, ahorrar 5.000 euros al año en energía equivale, en términos de beneficio, a generar 50.000 euros adicionales en ventas. No consumir esa energía, además, reduce la demanda de producción y los recursos y emisiones asociados. (Fuente: IEA, Gaining an Edge, 2025).
La competitividad y la acción climática dejan entonces de competir entre sí. Empiezan a reforzarse.
Prepararnos también es competir mejor
Pero limitar esta reflexión a la energía sería quedarse en la superficie.
Pensemos en logística. Reducir recorridos innecesarios, diversificar proveedores, aproximar determinados suministros o disminuir la cantidad de materiales necesarios puede reducir impactos, pero también tiempos, costes y exposición a interrupciones.
Pensemos en las infraestructuras. Anticipar cómo pueden afectar temperaturas extremas, lluvias intensas, inundaciones, incendios o restricciones de agua a un establecimiento, una fábrica o un destino permite actuar antes de que el daño se produzca y proteger activos cuya recuperación puede exigir mucho más tiempo y dinero que su prevención.
Pensemos incluso en la prestación de un servicio. Conocer nuestras vulnerabilidades permite anticipar posibles incumplimientos, establecer alternativas y evitar que un sobrecoste inesperado comprometa márgenes hasta provocar situaciones de inviabilidad técnica o económica.
Prevenir, mitigar y adaptarse es también gestionar mejor. Y ahí entra en juego un factor que considero fundamental: las personas.
De conocer el problema a tener capacidad para actuar
Podemos disponer de estrategias, planes, indicadores y tecnología. Pero, al final, las organizaciones toman miles de decisiones cada día a través de sus profesionales.
Quien compra decide. Quien diseña un proceso decide. Quien mantiene una instalación decide. Quien selecciona un proveedor decide. Quien organiza una ruta, gestiona un equipo, calcula una inversión o atiende una incidencia también decide.
Muchas de esas decisiones pueden contribuir a aumentar o disminuir nuestra exposición a determinados riesgos y nuestra utilización de recursos.
Por eso necesitamos profesionales que no solamente conozcan que existe un problema, sino que comprendan qué relación tiene con su trabajo, tengan capacidad para identificar oportunidades y se sientan empoderados para actuar.
La consciencia sin capacidad práctica sirve de poco. La formación sin posibilidad de intervenir tampoco transforma una organización.
Necesitamos unir consciencia, capacidad y acción. Y hacerlo desde cada puesto de trabajo.
Regenerativo y competitivo
Esta forma de entender la transformación está estrechamente relacionada con lo que desde La Buena Huella denominamos Modelo Regenerativo Competitivo.
Ser regenerativo no debería significar añadir una nueva capa de obligaciones a una empresa. Significa aprender a desarrollar nuestra actividad procurando que su resultado contribuya a mejorar aquello con lo que se relaciona: los recursos que utiliza, las personas que participan, el entorno en el que opera y su capacidad de permanecer en el tiempo.
Y debe ser competitivo porque una transformación que debilita sistemáticamente a quien tiene que llevarla a cabo difícilmente será sostenible.
Por eso resulta tan importante identificar los puntos en los que ambos intereses coinciden.
Menos recursos para producir el mismo valor. Menos dependencia. Menos exposición a oscilaciones de precios. Mejores procesos. Infraestructuras más resilientes. Mayor anticipación. Profesionales mejor preparados. Mayor capacidad para mantener nuestros servicios ante situaciones adversas.
Reducir impactos y aumentar capacidades.
Quizá una de las grandes oportunidades que tenemos ante nosotros sea precisamente dejar de entender estos objetivos por separado.
El cambio climático plantea riesgos muy concretos y exige respuestas igualmente concretas. Algunas necesitarán grandes inversiones, regulación, innovación tecnológica o cooperación internacional. Pero muchas otras comienzan mañana, en una empresa, cuando alguien se pregunta si existe una manera mejor de hacer aquello que lleva haciendo años. Y encuentra una.
Porque una empresa que necesita menos, anticipa mejor, protege sus recursos y cuenta con profesionales capaces de tomar mejores decisiones no solamente está más preparada frente a los efectos del cambio climático.
Es, sencillamente, una empresa mejor.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Internacional Contra el Cambio Climático


