La informalidad laboral continúa afectando a alrededor del 55% de los trabajadores de América Latina y el Caribe, un porcentaje que apenas ha variado durante casi dos décadas pese a las numerosas reformas destinadas a facilitar la formalización. Ante esta persistencia, el Banco Mundial plantea revisar el enfoque tradicional y abordar el problema desde las habilidades, el crecimiento de las empresas y una protección social mejor adaptada a las distintas realidades laborales.
Así lo recoge el informe ‘Racionalizar la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento‘, elaborado por William F. Maloney, Guillermo Beylis, Nathalie González-Prieto y Andrés Zambrano. El estudio analiza por qué tantos trabajadores permanecen fuera del empleo formal y advierte de que tratar la informalidad como un fenómeno homogéneo conduce a políticas poco eficaces.
La publicación distingue entre trabajadores por cuenta propia, asalariados informales y empleados formales, perfiles que presentan diferencias relevantes en edad, educación, ingresos, trayectoria profesional y expectativas. Una parte de los trabajadores se encuentra en la informalidad porque tiene dificultades para acceder a mejores empleos, mientras que otros valoran características como la flexibilidad, la autonomía o la posibilidad de gestionar su propio tiempo.
La informalidad tiene rostros muy diferentes
El trabajo por cuenta propia y las microempresas ocupan un lugar central en el mercado informal latinoamericano. Según el Banco Mundial, el 83% de los trabajadores informales dirige o trabaja en negocios con cinco empleados o menos.
La investigación apunta además a que entre el 60% y el 70% de los microemprendedores entra en el trabajo por cuenta propia por razones vinculadas a la oportunidad, como la posibilidad de obtener mayores ingresos, disponer de mayor flexibilidad o trabajar de manera independiente.
Esta realidad cuestiona una lectura de la informalidad basada exclusivamente en la falta de alternativas. Los autores subrayan, sin embargo, que las circunstancias son muy distintas entre el autoempleo y el trabajo asalariado informal.
Este último se concentra especialmente entre los trabajadores más jóvenes y presenta una permanencia media inferior. Para muchos puede funcionar como una etapa de transición hacia otros empleos, mientras que el trabajo por cuenta propia suele mantenerse durante periodos más prolongados.
“Comprender las preferencias de los trabajadores es un aporte valioso para diseñar una combinación de políticas que permita la creación de empleos de calidad y altamente productivos”, señala William F. Maloney, Economista en Jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
La brecha de habilidades limita las oportunidades
La educación aparece como uno de los factores que mejor explican las diferencias entre los distintos segmentos del mercado laboral. Más de la mitad de los asalariados informales y trabajadores por cuenta propia informales cuenta únicamente con educación primaria, frente a alrededor de una cuarta parte de los asalariados y emprendedores formales.
El problema afecta también a las empresas. El 30% de las compañías de América Latina y el Caribe afirma que no puede expandirse por falta de trabajadores cualificados, según los datos recopilados por el informe.
Para el Banco Mundial, elevar el nivel de habilidades permitiría actuar sobre ambos lados del mercado laboral. Una mejor educación pública y una formación técnica más conectada con las necesidades de las empresas pueden facilitar que los trabajadores accedan a puestos más productivos. A su vez, la capacitación empresarial puede ayudar a que emprendedores con potencial desarrollen compañías capaces de crecer y contratar.
El estudio presta especial atención a estas empresas con capacidad de transformación. La creación sostenida de empleo formal requiere, según sus autores, un sector privado que pueda invertir, innovar, aumentar su productividad y ampliar su escala.
Más que formalizar pequeños negocios
Otra de las conclusiones del informe es que facilitar el registro administrativo de las microempresas, por sí solo, tiene un impacto limitado cuando estos negocios carecen de capacidad o intención de crecer.
Buena parte de las microempresas informales funciona como una fuente estable de autoempleo o como pequeños negocios familiares orientados al mercado local. Por ello, el Banco Mundial recomienda diferenciar estas actividades de los emprendimientos con mayor potencial de expansión.
Las políticas dirigidas al crecimiento empresarial deberían concentrarse especialmente en firmas capaces de aumentar su productividad y crear empleo. El informe señala que los fondos de innovación, programas de desarrollo de proveedores y apoyos vinculados a la capacidad exportadora han registrado resultados positivos en productividad y contratación cuando se dirigen a empresas con verdadero potencial.
También plantea revisar aquellas normas que pueden desincentivar el crecimiento cuando una empresa supera determinados umbrales de tamaño y se enfrenta de manera abrupta a mayores impuestos, contribuciones u obligaciones.
A ello se suma la necesidad de mejorar el acceso al capital. Reducir las restricciones financieras de las empresas productivas puede permitirles invertir, crecer y contratar trabajadores con mejores salarios.
Una protección social centrada en las personas
El tercer gran ámbito de reforma afecta a la protección social. El Banco Mundial propone avanzar hacia sistemas que protejan a las personas con independencia de la modalidad contractual bajo la que trabajan.
La creciente diversidad de trayectorias profesionales hace que un trabajador pueda pasar durante su vida por el empleo formal, el trabajo informal, el autoempleo o diferentes combinaciones entre ellos. Vincular determinados derechos únicamente a una relación laboral concreta puede generar lagunas de cobertura y, en algunos casos, incentivos que terminan favoreciendo la informalidad.
El informe plantea, entre otras posibilidades, avanzar hacia mecanismos más portables de protección y ahorro para la jubilación, capaces de acompañar a los trabajadores cuando cambian de actividad.
También analiza la relación entre la cobertura sanitaria y el empleo. En América Latina y el Caribe, el 45% de los trabajadores informales afirma contar ya con cobertura de salud, una situación que muestra cómo la frontera entre las prestaciones asociadas al trabajo formal y las disponibles fuera de él se ha ido haciendo menos nítida.
El objetivo, según la publicación, debe ser garantizar la protección frente a riesgos sociales sin introducir distorsiones que dificulten la contratación formal.
Tres frentes para mejorar el empleo en América Latina
Frente a medidas aisladas, el Banco Mundial propone una estrategia articulada alrededor de tres grandes ejes: desarrollar las habilidades de trabajadores y emprendedores, crear mejores condiciones para que las empresas productivas puedan crecer y modernizar los sistemas de protección social.
La combinación busca responder simultáneamente a tres retos que están estrechamente relacionados: proteger mejor a los trabajadores, aumentar la disponibilidad de empleos de calidad y elevar la productividad de las economías latinoamericanas.
El desafío adquiere especial importancia ante la incorporación de nuevas generaciones al mercado laboral. Lograr que ese aumento de la población trabajadora encuentre oportunidades productivas dependerá tanto de su formación como de la capacidad de las empresas para crecer y contratar.
El informe invita así a desplazar el debate desde una única pregunta —cómo reducir la informalidad— hacia otra más amplia: cómo conseguir que América Latina genere suficientes empleos atractivos, productivos y protegidos para que trabajadores y empresas tengan incentivos reales para avanzar hacia ellos.
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