Tania Labbé Toro, Gerente de Cuidado y Desarrollo del IST, ha construido su trayectoria desde la psicología organizacional, el liderazgo, la cultura y la prevención, ámbitos que le permitieron comprender que los resultados y el bienestar de las personas no pueden gestionarse por separado. “Las organizaciones verdaderamente sostenibles son capaces de generar resultados sin deteriorar a quienes los hacen posibles”, afirma. Desde esa convicción, defiende que el cuidado no debe entenderse como una consecuencia del éxito, sino como una condición para alcanzarlo, y que la Sostenibilidad se hace realidad cuando logra transformar las conversaciones, las decisiones y las prácticas cotidianas de una organización.
- Tania, ¿Cómo comenzó su relación profesional con la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad?
- Y en ese recorrido, ¿cómo ha evolucionado la forma en que las organizaciones entienden la Responsabilidad Social desde tus primeros años de trayectoria?
- En esa evolución, ¿qué papel consideras que ha desempeñado Corresponsables dentro del ecosistema iberoamericano?
- ¿Qué grandes hitos han marcado el paso de aquella Responsabilidad Social periférica a la actual visión estratégica?
- Después de este recorrido, ¿qué lecciones consideras esenciales para integrar la Sostenibilidad en la gestión diaria?
- ¿Qué personas y organizaciones consideras pioneras en la construcción de esta nueva forma de gestionar?
- Y, Tania, ¿Cómo imaginas la evolución de la Sostenibilidad durante las próximas dos décadas?
- Para terminar, ¿qué papel pueden desempeñar las nuevas generaciones y cómo debería construirse el relevo con quienes las preceden?
En el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Labbé recuerda el encuentro mantenido con el medio en 2025, con motivo del dosier ‘Desarrollo Empresarial Sostenible en Chile’, donde IST compartió su modelo 3xS. Destaca especialmente la capacidad de Corresponsables para “visibilizar experiencias, conectar organizaciones” y profesionalizar la conversación sobre Sostenibilidad en Iberoamérica. A su juicio, ha sido “mucho más que un medio de comunicación”: un articulador de un ecosistema que necesita colaboración y aprendizaje compartido para avanzar ante desafíos que ninguna organización puede resolver por sí sola.
Tania, ¿Cómo comenzó su relación profesional con la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad?
Mi acercamiento no comenzó por la RSE como concepto, sino por una pregunta mucho más sencilla: ¿cómo consiguen algunas organizaciones cuidar genuinamente a las personas y, al mismo tiempo, alcanzar buenos resultados?
Desde la psicología organizacional siempre me interesó comprender cómo las percepciones, las decisiones y las conversaciones terminan construyendo cultura. Mi tesis sobre gestión participativa en la prevención de accidentes reforzó una convicción que ha guiado toda mi trayectoria: las organizaciones cambian cuando cambian las conversaciones que orientan su manera de interpretar, decidir y actuar.
Las organizaciones verdaderamente sostenibles son capaces de generar resultados sin deteriorar a quienes los hacen posibles. Mi trabajo en liderazgo, cultura y prevención me mostró que el cuidado no es una consecuencia del éxito organizacional, sino una condición para alcanzarlo.
Por eso, para mí, la Sostenibilidad comienza con conversaciones capaces de transformar la cultura e integrar, en una misma forma de gestión, el cuidado de las personas, los resultados del negocio y el impacto en la sociedad.
Y en ese recorrido, ¿cómo ha evolucionado la forma en que las organizaciones entienden la Responsabilidad Social desde tus primeros años de trayectoria?
Cuando comencé, la Responsabilidad Social ocupaba un lugar más bien periférico dentro de las organizaciones. Estaba asociada principalmente a la filantropía, los programas comunitarios y las acciones reputacionales. Era un ámbito que coexistía con el negocio, pero que pocas veces influía en la estrategia o en la forma de gestionar.
Hoy el panorama es completamente distinto. La Sostenibilidad ha dejado de ser un tema complementario para convertirse en una capacidad estratégica. La pregunta ya no es únicamente qué hace una empresa por la sociedad, sino cómo genera valor económico, social y ambiental de manera integrada, cómo gestiona sus impactos y cómo construye resiliencia para el futuro.
En ese camino surgieron los criterios ASG, una mayor rigurosidad en la medición de impactos y una comprensión mucho más amplia de los riesgos y las oportunidades. Pero, a mi juicio, el cambio más importante ha sido entender que la Sostenibilidad no depende solo de indicadores o reportes, sino de las capacidades organizacionales que permiten sostenerla.
También ha cambiado profundamente la manera de entender a las personas. Han dejado de ser vistas como un recurso más para ser reconocidas como el principal motor de aprendizaje, innovación y transformación. Hoy sabemos que no hay Sostenibilidad sin liderazgo, bienestar, salud mental, Diversidad, Inclusión y culturas organizacionales que generen confianza.
Cada vez más organizaciones comprenden que el cuidado no compite con el desempeño. Al contrario, cuando forma parte de la cultura aparecen mejores decisiones, una mayor capacidad de adaptación y resultados más sostenibles.
En esa evolución, ¿qué papel consideras que ha desempeñado Corresponsables dentro del ecosistema iberoamericano?
Tuve la oportunidad de conocer y conversar con Corresponsables en 2025, en el marco del dosier ‘Desarrollo Empresarial Sostenible en Chile’, donde compartimos el modelo 3xS de IST.
Fue una experiencia muy significativa porque nos permitió dialogar sobre un asunto que considero fundamental: situar el cuidado de las personas en el centro de la Sostenibilidad.
Creo que Corresponsables ha desempeñado un papel muy relevante durante estas dos décadas. Ha contribuido a visibilizar experiencias, conectar organizaciones y, sobre todo, profesionalizar la conversación sobre Sostenibilidad en Iberoamérica. Cuando la Responsabilidad Social todavía era un tema incipiente, ayudó a darle continuidad, profundidad y una mirada basada en las buenas prácticas y el aprendizaje compartido.
Valoro especialmente su capacidad para construir comunidad. La Sostenibilidad es un desafío demasiado complejo para abordarlo de manera aislada. Requiere espacios donde las organizaciones puedan compartir experiencias, aprender unas de otras y avanzar colectivamente.
En ese sentido, Corresponsables ha sido mucho más que un medio de comunicación: ha actuado como articulador del ecosistema de la Sostenibilidad.
¿Qué grandes hitos han marcado el paso de aquella Responsabilidad Social periférica a la actual visión estratégica?
Si observo estas dos décadas, destacaría cinco hitos que, a mi juicio, marcaron la evolución de la Responsabilidad Social hacia la Sostenibilidad.
El primero fue la consolidación de un marco internacional común, mediante iniciativas como el Pacto Global de las Naciones Unidas, la ISO 26000, la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París. Estos referentes proporcionaron un propósito compartido y una dirección estratégica a organizaciones de todo el mundo.
El segundo fue la incorporación de la Sostenibilidad a la estrategia empresarial. Dejó de ser un ámbito periférico para convertirse en una dimensión que influye en la gestión de riesgos, la competitividad, la innovación y la creación de valor a largo plazo.
El tercero fue la consolidación de los criterios ASG y de la medición de impactos. Esto permitió pasar de las buenas intenciones a una gestión más rigurosa, transparente y basada en evidencias.
El cuarto ha sido el reconocimiento de la dimensión humana como un factor estratégico. La salud mental, el bienestar, la Diversidad, la Inclusión y la calidad de las relaciones dejaron de considerarse asuntos secundarios para convertirse en elementos esenciales de la Sostenibilidad y de la resiliencia organizacional.
El quinto, que considero el más desafiante, es comprender que la cultura organizacional constituye el verdadero lugar donde la Sostenibilidad se hace realidad. Las normas, los marcos internacionales y los indicadores son indispensables, pero solo generan valor cuando se traducen en nuevas conversaciones, decisiones y prácticas cotidianas.
En Chile también destacaría la contribución de organizaciones como PROhumana y Acción Empresas, que impulsaron tempranamente esta agenda, junto con avances regulatorios como la Ley REP.
Asimismo, valoro iniciativas como el Foro de Desarrollo Sostenible impulsado por la CEPAL, donde desde IST hemos contribuido durante los últimos años a generar aprendizaje colectivo y compartir experiencias entre organizaciones que representan a cientos de miles de trabajadores.
Porque, al final, el mayor hito no es la publicación de una norma o de un reporte. Se produce cuando esos marcos consiguen transformar la cultura y la manera en que las organizaciones toman decisiones.
Después de este recorrido, ¿qué lecciones consideras esenciales para integrar la Sostenibilidad en la gestión diaria?
La principal lección es que la Sostenibilidad se construye desde la coherencia entre el propósito que una organización declara, la estrategia que diseña y las decisiones que adopta cada día.
No existe Sostenibilidad sin una cultura del cuidado. El cuidado se diseña, se lidera y se practica cotidianamente. Se expresa en la forma en que distribuimos el poder, construimos confianza, escuchamos a las personas y actuamos, especialmente cuando nos enfrentamos a situaciones de presión o incertidumbre.
El terreno también es un gran maestro. Los indicadores orientan y permiten medir los avances, pero es en la práctica donde comprendemos los impactos reales, las tensiones y las oportunidades para innovar. Es allí donde la Sostenibilidad deja de ser un concepto y se convierte en una forma de gestionar.
Otra gran lección es que la Sostenibilidad se construye en red. Los desafíos que enfrentamos son demasiado complejos para una sola organización. Requieren colaboración, aprendizaje compartido y capacidad para integrar miradas diversas.
Si tuviera que resumir estos años en una idea, diría que la Sostenibilidad es la capacidad de una organización para actuar con coherencia entre lo que declara, lo que decide y la manera en que actúa.
¿Qué personas y organizaciones consideras pioneras en la construcción de esta nueva forma de gestionar?
Es difícil hablar de un único pionero, porque la Sostenibilidad se ha construido gracias a personas e instituciones que han ido ampliando nuestra forma de entender el papel de las organizaciones.
En el ámbito internacional, destacaría a John Elkington, que introdujo el concepto del Triple Bottom Line; a Michael Porter y Mark Kramer, por su trabajo sobre la creación de valor compartido; y a organizaciones como Naciones Unidas, que mediante el Pacto Global y, posteriormente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible consiguieron movilizar una agenda común para el mundo empresarial.
En Chile, creo que el trabajo de PROhumana fue fundamental para incorporar tempranamente la Responsabilidad Social a la agenda empresarial. Acción Empresas también ha desempeñado un papel muy importante al promover la colaboración, el aprendizaje y el intercambio de buenas prácticas entre organizaciones.
Sin embargo, los verdaderos pioneros han sido también muchas empresas y líderes que se atrevieron a cambiar su forma de gestionar antes de que existieran exigencias normativas o una presión social evidente. Demostraron que era posible compatibilizar competitividad, cuidado de las personas y creación de valor para la sociedad.
El desafío actual es conseguir que la Sostenibilidad deje de ser una excepción y se convierta en la manera habitual de gestionar las organizaciones.
Y, Tania, ¿Cómo imaginas la evolución de la Sostenibilidad durante las próximas dos décadas?
Veo el futuro de la Sostenibilidad como una evolución desde la gestión de iniciativas hacia el desarrollo de capacidades organizacionales.
Los desafíos que enfrentamos son cada vez más complejos e interdependientes, por lo que exigirán una mirada sistémica capaz de integrar personas, organizaciones, territorios y medioambiente dentro de una misma forma de gestionar.
Los retos son evidentes: el cambio climático y la escasez hídrica, la salud mental y el bienestar de las personas, la creciente demanda de transparencia, la incorporación de los criterios ASG a las decisiones estratégicas y la capacidad para adaptarnos a un entorno marcado por la incertidumbre.
Al mismo tiempo, la transformación digital y la Inteligencia Artificial abren oportunidades extraordinarias para anticipar riesgos, comprender mejor los sistemas complejos y apoyar la toma de decisiones. Pero su verdadero valor dependerá de que esa innovación fortalezca las capacidades humanas, amplíe la colaboración y esté al servicio de la vida.
Creo que, durante las próximas dos décadas, la Sostenibilidad dejará de entenderse como una agenda especializada para convertirse en una competencia esencial de cualquier organización. La diferencia estará en la capacidad de aprender, adaptarse, innovar y actuar con coherencia.
Me quedo con una convicción que ha acompañado toda mi trayectoria: prevenir no es solo evitar el daño; es construir futuro. Esa es, para mí, la esencia de la Sostenibilidad.
Para terminar, ¿qué papel pueden desempeñar las nuevas generaciones y cómo debería construirse el relevo con quienes las preceden?
Las nuevas generaciones llegan con algo muy valioso: para ellas, el propósito, el cuidado de las personas y el respeto por el planeta no son un discurso, sino un punto de partida. Esa sensibilidad representa una enorme oportunidad para seguir transformando la manera en que gestionamos las organizaciones.
Al mismo tiempo, toda transformación necesita combinar convicción con capacidad de ejecución. La Sostenibilidad se construye sobre el terreno, aprendiendo de la experiencia, dialogando con otros y generando cambios capaces de perdurar.
También veo una gran oportunidad en la colaboración entre generaciones. La experiencia aporta perspectiva; las nuevas generaciones aportan preguntas diferentes, tecnologías y nuevas formas de comprender el mundo. La Sostenibilidad necesita esa diversidad de miradas para afrontar desafíos cada vez más complejos.
Me gustaría que recibieran este legado con la convicción de seguir poniendo la vida en el centro y construyendo organizaciones capaces de generar valor para las personas, la sociedad y el planeta.
Porque el futuro no lo construirá una generación por sí sola. Será el resultado de aquello que seamos capaces de aprender, compartir y crear juntos.
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