La incorporación del ejercicio físico a las consultas de atención primaria abre una nueva vía para mejorar la salud, la autonomía y la calidad de vida de la población, especialmente de las personas mayores. Cataluña ha comenzado a desplegar un programa que permite a los profesionales sanitarios derivar a determinados pacientes a actividades físicas adaptadas y supervisadas en instalaciones deportivas o espacios comunitarios.
El programa, impulsado por los departamentos de Salud y Deportes de la Generalitat, se ha iniciado con alrededor de 50 equipos de atención primaria distribuidos en 80 municipios. La iniciativa se dirige principalmente a personas sedentarias y a pacientes con factores de riesgo cardiovascular sin complicaciones, con el objetivo de incorporar el movimiento como una herramienta terapéutica y preventiva dentro de la atención habitual.
Del centro de salud al entorno comunitario
La principal novedad es la integración de una herramienta de prescripción deportiva en el sistema clínico utilizado por atención primaria. De este modo, el profesional sanitario puede recomendar un programa concreto y derivar al paciente a recursos disponibles en su entorno, donde recibirá seguimiento de especialistas en actividad física y deporte.
Este planteamiento supera el consejo genérico de «hacer más ejercicio». La prescripción debe tener en cuenta la frecuencia, la duración, la intensidad, las capacidades y los objetivos de cada persona. La evidencia recogida por el Institut Català de la Salut señala que los programas estructurados, supervisados y adaptados favorecen la adherencia y aportan mayor seguridad.
Un impulso a la autonomía de las personas mayores
La medida conecta con las líneas de trabajo de Fundación Edad y Vida, que promueve una cultura de autocuidado basada en la alimentación saludable, el ejercicio físico e intelectual y la prevención de conductas de riesgo. A través de su enfoque de Vida Activa, la entidad destaca actividades adaptadas como los paseos, la gimnasia suave, los ejercicios de equilibrio o el baile.
En las personas mayores, mantener una rutina activa puede contribuir a conservar la fuerza, la movilidad y la capacidad para desarrollar las actividades cotidianas. También ayuda a reducir el riesgo de caídas, favorece el bienestar emocional y puede apoyar la prevención y el control de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2 y deterioro funcional.
Prevención y personalización
Fundación Edad y Vida también trabaja en la prevención de la fragilidad mediante iniciativas como el Proyecto de Evaluación 360º del Bienestar y la Dependencia, que analiza dimensiones como la movilidad, el estado cognitivo, el bienestar emocional y la autonomía para diseñar planes personalizados.
La prescripción de ejercicio desde atención primaria avanza en esa misma dirección: convertir la prevención en una intervención concreta, accesible y conectada con los recursos comunitarios. Para que el modelo sea eficaz, resultará fundamental garantizar la adaptación individual, el seguimiento profesional y la coordinación entre los sistemas sanitario, social y deportivo.
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