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Una encuesta de Grifols elaborada por Kantar entre 2.000 adultos de toda España con motivo de la Semana Internacional del Plasma revela que la mitad de la población desconoce que es posible donar plasma de forma específica además de la donación convencional de sangre. El estudio también pone de manifiesto un amplio desconocimiento sobre las aplicaciones terapéuticas de este componente sanguíneo: el 42% de la población no sabe que el plasma se utiliza para fabricar medicamentos esenciales para miles de pacientes.
El plasma es el componente líquido de la sangre y representa aproximadamente el 55% de su volumen total. Contiene proteínas esenciales que desempeñan funciones vitales para el organismo, como la respuesta inmunitaria o la coagulación sanguínea. Cuando una persona carece de niveles suficientes de estas proteínas puede desarrollar enfermedades crónicas, raras y, en algunos casos, graves que requieren tratamiento continuado.
Aunque el 84% de los españoles afirma conocer qué es el plasma sanguíneo, únicamente el 58% sabe que se utiliza para fabricar medicamentos esenciales. Estos tratamientos se emplean en indicaciones tan diversas como las inmunodeficiencias, determinadas enfermedades neurológicas, los trastornos hemorrágicos, las enfermedades hepáticas y algunas afecciones respiratorias y autoinmunes. Además, determinadas proteínas plasmáticas desempeñan un papel fundamental en situaciones agudas y de emergencia, como grandes quemaduras, hemorragias graves, episodios de shock o determinadas complicaciones asociadas a intervenciones quirúrgicas complejas.
La encuesta también evidencia un limitado conocimiento de la plasmaféresis, el procedimiento utilizado específicamente para la obtención de plasma que permite separar este componente de la sangre y devolver al donante el resto de los elementos sanguíneos, como los glóbulos rojos y las plaquetas. Solo uno de cada dos españoles afirma conocer esta técnica, distinta de la donación convencional de sangre. La plasmaféresis es un procedimiento eficiente para la obtención de plasma, ya que permite recoger volúmenes significativamente mayores en cada donación.
Pese a ello, la predisposición a donar plasma es elevada. El 75% de los encuestados asegura que estaría dispuesto a hacerlo si dispusiera de más información sobre el proceso y de un centro próximo al que acudir. Este porcentaje alcanza el 78% entre las mujeres.
“Los resultados muestran que existe una oportunidad significativa para aumentar el conocimiento sobre el plasma y sobre el papel que desempeña en la fabricación de medicamentos para miles de pacientes”, señala Eduardo Herrero, Executive Vice President Biopharma Industrial and Scientific Innovation de Grifols. “La elevada disposición a donar que refleja la encuesta sugiere que el principal reto no es la falta de voluntad por parte de la ciudadanía, sino el conocimiento sobre este tipo de donación y sobre el impacto que tiene en la disponibilidad de tratamientos que muchas personas necesitan de forma recurrente durante años o incluso durante toda su vida”.
«Creemos que todavía existe bastante desconocimiento sobre la importancia del plasma y sobre el papel que tienen las donaciones en la elaboración de medicamentos esenciales, como las inmunoglobulinas, que son necesarias para personas con inmunodeficiencias. Es importante que la sociedad conozca que detrás de cada donación de plasma hay tratamientos que pueden ser fundamentales para pacientes que los necesitan de forma continuada», afirma Carlos Jiménez Contreras, presidente de la Asociación Española de Déficits Inmunitarios Primarios (AEDIP).
Para las personas con inmunodeficiencias primarias, los medicamentos derivados del plasma forman parte de su tratamiento habitual para controlar la enfermedad, prevenir complicaciones y mantener su calidad de vida.
Una creciente brecha entre la oferta y la demanda de plasma
Los resultados de la encuesta se conocen en un contexto marcado por el crecimiento sostenido de la demanda de medicamentos derivados del plasma. Este aumento responde a factores como las nuevas indicaciones terapéuticas, el mayor uso de estos tratamientos en inmunodeficiencias primarias y secundarias, el envejecimiento de la población y la mejora en el diagnóstico de los pacientes.
En España, el uso de inmunoglobulinas ha aumentado un 21% en los dos últimos años y un 114% durante la última década, según datos del Ministerio de Sanidad[1]. La demanda de estos medicamentos continúa creciendo a un ritmo superior al de la disponibilidad de plasma nacional, ampliando la brecha existente entre oferta y demanda.
Para muchos pacientes, los medicamentos derivados del plasma no constituyen tratamientos puntuales, sino terapias que necesitan de forma recurrente durante años o incluso durante toda su vida.
La fabricación de determinados tratamientos derivados del plasma requiere un elevado número de donaciones. Se estima que los medicamentos destinados a pacientes con inmunodeficiencias necesitan aproximadamente 130 donaciones de plasma por plasmaféresis al año por paciente. En el caso de la polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica (CIDP), esta cifra puede superar las 400 donaciones anuales, mientras que los tratamientos para el déficit de alfa-1 antitripsina pueden requerir alrededor de 900 donaciones por paciente y año.
Los medicamentos derivados del plasma presentan características únicas que requieren un enfoque diferenciado. Su origen es exclusivamente humano y dependen directamente de la donación de plasma. Además, su cadena de suministro es compleja y altamente especializada, y el proceso de fabricación puede superar los 12 meses desde la donación hasta que el medicamento está disponible para los pacientes.
Aunque las donaciones de plasma han aumentado ligeramente en los últimos años, su crecimiento sigue siendo insuficiente para satisfacer la demanda actual de medicamentos derivados del plasma. El incremento de la recogida de plasma necesaria para reducir esta brecha solo puede lograrse, entre otras medidas, mediante la plasmaféresis.
A pesar de disponer de capacidad industrial para producir medicamentos derivados del plasma, España continúa lejos de la autosuficiencia en la obtención de esta materia prima biológica. En 2025, la autosuficiencia en inmunoglobulinas se situó en el 26%, mientras que alcanzó el 64% en albúmina y el 39% en factor VIII[2]. La brecha de autosuficiencia se estima actualmente en alrededor de 1,5 millones de litros de plasma.
Esta situación no es exclusiva de España. Europa mantiene una dependencia estructural del plasma procedente de terceros países, sobre todo de Estados Unidos, para garantizar el suministro de medicamentos plasmáticos.
El carácter insustituible, en muchos casos, de estos tratamientos convierte al plasma en un recurso estratégico para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y para garantizar un acceso equitativo de los pacientes a medicamentos esenciales.
Coincidiendo con la Semana Internacional del Plasma, los resultados de la encuesta ponen de manifiesto la oportunidad de reforzar el conocimiento de la población sobre el plasma, sus aplicaciones terapéuticas y las distintas modalidades de donación existentes en un contexto de creciente demanda de medicamentos esenciales y de necesidad de avanzar hacia una mayor autosuficiencia en plasma en España y Europa.


