España continúa avanzando en algunos indicadores de sostenibilidad, pero presenta retrocesos en ámbitos fundamentales para la transición hacia una economía circular. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero contrasta con el aumento del impacto ambiental asociado al consumo y la disminución de la proporción de materiales que vuelven a incorporarse a la economía.
- España se aleja de Europa en circularidad
- La huella ambiental del consumo crece el doble que en la UE
- Un modelo de consumo que necesitaría 2,4 planetas
- La economía lineal genera pérdidas de valor de 25,4 billones de euros anuales
- Las emisiones disminuyen, pero la descarbonización pierde ritmo
- España se sitúa entre los 12 países con mejor desempeño ambiental
- España mantiene un elevado cumplimiento de los ODS, pero pierde posiciones
- Acelerar la transición hacia un modelo más circular
Esta es una de las principales conclusiones del Boletín 19 del Observatorio de la Economía Circular, elaborado por la Fundación Fórum Ambiental bajo el título Estado global de la sostenibilidad. La publicación, correspondiente a octubre de 2026, analiza siete indicadores que permiten evaluar la evolución de la sostenibilidad desde una perspectiva internacional y conocer la posición de España en ámbitos como la circularidad de los materiales, el consumo de recursos, las emisiones, el desempeño ambiental y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Los resultados muestran una evolución desigual. Aunque España presenta avances en descarbonización y mantiene posiciones destacadas en algunos índices internacionales, la presión sobre los recursos naturales continúa siendo elevada y los progresos registrados todavía no se traducen en una transformación estructural del modelo económico.
España se aleja de Europa en circularidad
La tasa de circularidad de los materiales en España ha descendido hasta el 7,4 % en 2024, después de alcanzar el 9,2 % en 2022. Esta evolución contrasta con la media de la Unión Europea, situada en el 12,2 %, una décima por encima del valor registrado en 2023.
La diferencia de 4,8 puntos porcentuales refleja las dificultades de España para incrementar la utilización de materiales secundarios y reducir la dependencia de materias primas vírgenes.
Las diferencias entre los Estados miembros son especialmente significativas. Países Bajos lidera la circularidad europea, con una tasa del 32,7 %, seguido de Bélgica (22,7 %) e Italia (20,8 %). Otros países como Estonia (20,5 %), Francia (17,8 %) o Alemania (14,8 %) también presentan resultados superiores a la media comunitaria.
España, por el contrario, se sitúa en niveles similares a los de Polonia (7,7 %) y Hungría (7,3 %), lejos de los países que han logrado incorporar una mayor proporción de materiales recuperados a sus procesos productivos.
El informe pone de manifiesto la persistencia de barreras estructurales para avanzar hacia una economía que mantenga los recursos en uso durante más tiempo, aproveche el valor de los materiales y reduzca la generación de residuos.
La huella ambiental del consumo crece el doble que en la UE
Al retroceso en circularidad se suma el aumento del impacto ambiental asociado al consumo. En España, el índice de huella del consumo alcanzó los 113 puntos en 2024, tomando como referencia el valor 100 correspondiente a 2010. Esto representa un incremento acumulado del 13 %.
La tendencia también es creciente a corto plazo. El indicador pasó de 111 puntos en 2023 a 113 en 2024, lo que supone un aumento cercano al 2 % en un solo año.
En la Unión Europea, la evolución ha sido más moderada. El índice comunitario se situó en 106 puntos en 2024, frente a los 105 del ejercicio anterior, acumulando un crecimiento del 6 % desde 2010.
De esta manera, el incremento de la huella ambiental del consumo en España desde 2010 supera en más del doble al registrado en el conjunto de la UE.
Este indicador mide los impactos ambientales generados por los bienes y servicios consumidos, incluyendo actividades relacionadas con la alimentación, la movilidad, la vivienda y los productos del hogar.
Los resultados evidencian que las mejoras de eficiencia y los avances en determinados ámbitos de la sostenibilidad no garantizan, por sí solos, una reducción del impacto ambiental si los patrones de producción y consumo continúan ejerciendo una presión creciente sobre los recursos naturales.
Un modelo de consumo que necesitaría 2,4 planetas
La dimensión global de esta presión queda reflejada en el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra (Earth Overshoot Day), que en 2026 se situó en el 30 de julio. Esta fecha señala el momento en el que la humanidad ha consumido, en términos estimados, los recursos y servicios ecológicos que el planeta puede regenerar durante todo el año.
Aunque la fecha se desplazó seis días respecto a la anunciada en 2025, el boletín advierte de que este retraso no debe interpretarse como una mejora real de la sostenibilidad.
Según los datos de Global Footprint Network recogidos en la publicación, la actualización de la información y, especialmente, la revisión de la capacidad de los océanos para absorber carbono desplazaron la fecha ocho días hacia adelante. Sin embargo, la evolución real de la huella ecológica y la biocapacidad terrestre la habría adelantado dos días.
El resultado neto es un retraso de seis días que responde fundamentalmente a ajustes estadísticos y metodológicos, no a una reducción efectiva de la presión ambiental.
En términos globales, la humanidad continúa consumiendo recursos un 73 % más rápido de lo que la Tierra puede regenerarlos, lo que equivale a utilizar 1,73 planetas.
La situación sería todavía más exigente si se generalizara el patrón de consumo español. Según el indicador, si toda la población mundial consumiera como España, serían necesarios aproximadamente 2,4 planetas Tierra para sostener esa demanda de recursos.
El boletín señala que, pese a las variaciones anuales, el Día de la Sobrecapacidad se ha mantenido relativamente estable durante los últimos quince años, una circunstancia que refleja la persistencia del déficit ecológico mundial.
La economía lineal genera pérdidas de valor de 25,4 billones de euros anuales
La presión sobre los recursos no tiene únicamente consecuencias ambientales. El actual modelo de producción y consumo también provoca importantes pérdidas económicas asociadas al desperdicio de materiales, la eliminación prematura de productos y la infrautilización de activos.
El boletín incorpora el nuevo indicador internacional Value Gap, desarrollado en el marco del Circularity Gap Report 2026, que estima en 25,4 billones de euros anuales el valor económico que pierde la economía mundial como consecuencia de estas ineficiencias.
Este indicador complementa la tradicional tasa de circularidad global, que mide la proporción de materiales que vuelven a entrar en la economía.
Según las cifras recogidas en la publicación, la circularidad mundial ha disminuido desde el 8,6 % en 2020 hasta el 7,2 % en 2023 y el 6,9 % en 2025.
El nuevo enfoque pretende ir más allá de la cantidad de materiales recuperados y medir también el valor económico que se destruye cuando los recursos no se aprovechan adecuadamente a lo largo de su ciclo de vida.
La magnitud de esta brecha pone de relieve las oportunidades económicas vinculadas a la prevención de residuos, la reparación, la reutilización, la prolongación de la vida útil de los productos y el desarrollo de modelos de negocio circulares.
Las emisiones disminuyen, pero la descarbonización pierde ritmo
Frente a los retrocesos en circularidad y consumo, España presenta una evolución más favorable en las emisiones de gases de efecto invernadero.
En 2024, las emisiones netas alcanzaron las 215,8 millones de toneladas de CO₂ equivalente, lo que representa una reducción del 12,8 % respecto a 1990 y del 0,8 % en comparación con 2023.
Aunque la tendencia continúa siendo descendente, el informe advierte de una desaceleración significativa del ritmo de reducción durante el último ejercicio.
Entre 2022 y 2024, las emisiones disminuyeron aproximadamente un 10,2 %, impulsadas en buena medida por los avances del sistema eléctrico, el crecimiento de las energías renovables y la menor utilización de combustibles fósiles.
Sin embargo, durante 2024, la fuerte reducción de las emisiones del sector eléctrico se vio parcialmente compensada por incrementos en otras actividades, especialmente en los denominados sectores difusos.
Esta evolución pone de manifiesto que la descarbonización de la economía española deberá extenderse con mayor intensidad más allá de la generación eléctrica para mantener una trayectoria de reducción sostenida de las emisiones.
Los resultados también muestran que la disminución de gases de efecto invernadero no implica necesariamente una reducción paralela de la huella ambiental del consumo, ya que ambos indicadores reflejan dimensiones diferentes de la presión que ejerce la actividad económica sobre el medio ambiente.
España se sitúa entre los 12 países con mejor desempeño ambiental
En los indicadores internacionales de sostenibilidad, España mantiene posiciones destacadas.
El Índice de Desempeño Ambiental (Environmental Performance Index, EPI) de 2026 sitúa al país en la posición 12 entre 177 Estados, con una puntuación de 66,3 puntos.
Este índice evalúa el desempeño ambiental mediante 47 indicadores agrupados en 12 categorías relacionadas, entre otros ámbitos, con el cambio climático, la salud ambiental y la vitalidad de los ecosistemas.
España destaca especialmente en mitigación del cambio climático y mejora su posición en calidad del aire, ámbito en el que alcanza el puesto 20 mundial. No obstante, el informe identifica desafíos persistentes en otras áreas, como la conservación de los bosques.
El análisis de los grandes componentes del índice muestra una puntuación de 82,7 puntos en salud ambiental, 67,5 en cambio climático y 56,4 en vitalidad de los ecosistemas.
España ha escalado diez posiciones respecto a la edición de 2024, aunque el boletín advierte de que esta mejora debe interpretarse con cautela. La actualización metodológica y las modificaciones en los indicadores utilizados impiden establecer una comparación completamente homogénea entre ambas ediciones.
A escala internacional, Estonia, Luxemburgo y Alemania encabezan la clasificación de desempeño ambiental de 2026.
España mantiene un elevado cumplimiento de los ODS, pero pierde posiciones
El segundo gran indicador internacional analizado es el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Según el Sustainable Development Report 2026, España ocupa el puesto 16 entre 169 países, con una puntuación de 81,2 puntos.
Aunque el resultado se mantiene prácticamente estable respecto a los 81 puntos registrados en 2024, el país desciende dos posiciones en la clasificación internacional.
Esta evolución apunta a un avance limitado en términos generales, si bien las modificaciones introducidas en los indicadores y las series estadísticas de la edición de 2026 obligan a interpretar con prudencia las variaciones del ranking.
Finlandia, Suecia y Dinamarca vuelven a situarse al frente de la clasificación mundial.
El informe también alerta sobre la insuficiente velocidad de avance de los ODS a escala internacional. Según los datos recogidos en el boletín, solo alrededor del 16,5 % de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible están en camino de alcanzarse.
Este resultado evidencia la distancia que todavía existe entre los compromisos internacionales de sostenibilidad y su cumplimiento efectivo.
Acelerar la transición hacia un modelo más circular
El conjunto de los siete indicadores analizados dibuja una situación de contrastes. España registra mejoras en la reducción de emisiones y mantiene un posicionamiento relativamente favorable en determinados índices ambientales y de desarrollo sostenible, pero continúa presentando dificultades para reducir la presión asociada al consumo de recursos y aumentar su circularidad.
La caída de la tasa de circularidad hasta el 7,4 %, el incremento de la huella ambiental del consumo y la desaceleración reciente de la reducción de emisiones evidencian que los avances registrados todavía no son suficientes para consolidar un cambio estructural.
En su valoración final, el Observatorio de la Economía Circular plantea que el desafío no consiste únicamente en continuar mejorando los indicadores, sino en incrementar la velocidad y la profundidad de la transformación del modelo económico.
Avanzar hacia una economía más circular, eficiente en la utilización de recursos y baja en carbono será fundamental para reducir la dependencia de materias primas, preservar el valor de los materiales y disminuir la presión sobre los ecosistemas.
El principal mensaje del boletín es que los progresos parciales deben traducirse en una transición real del sistema de producción y consumo, capaz de generar bienestar y prosperidad dentro de los límites ambientales del planeta.
Descarga del Boletín 19 : https://www.forumambiental.org/files/OEC/Boletin19.pdf
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