En el sector del fitness solemos hablar de métricas: calorías, pulsaciones, fuerza o coordinación. Yo misma he vivido años midiendo impacto en números. Pero desde hace un tiempo, en Brooklyn Fitboxing estamos midiendo algo mucho más intangible y, para mí, infinitamente más importante: la recuperación de la autoestima y la dignidad.
Eso es lo que hemos aprendido con ‘Own Your Strength’, el primer programa propio de nuestra Fundación, desarrollado junto a la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres (CIMTM) y la Fundación Hit4Change. Lo que empezó como una iniciativa social más se ha convertido en algo mucho más profundo: la certeza de que un saco de boxeo puede ser, para muchas mujeres, el primer paso para volver a sentirse dueñas de su vida.
De la solidaridad estructural a la intervención directa
Nuestro modelo siempre ha tenido un componente social muy claro: cada uno de los más de 270 centros de Brooklyn Fitboxing en el mundo dona mensualmente el 1% de su facturación a causas sociales a través de Hit4Change. Es un modelo sólido, estructural y sostenido en el tiempo.
Pero hace un año sentí que podíamos dar un paso más. No solo financiar proyectos de terceros, sino utilizar nuestra propia infraestructura, nuestros clubes, nuestra metodología y nuestra comunidad para generar un impacto directo y recurrente.
Así nació ‘Own Your Strength’: un programa que convierte nuestra capacidad operativa en una herramienta real de reconstrucción para mujeres que han sufrido violencia de género.
El poder terapéutico de la normalidad
Hay algo que me parece especialmente transformador del programa: la normalidad.
Cualquier persona que entra en un club de Brooklyn busca desconectar. Para una superviviente de violencia de género, esa desconexión no es un lujo; es una necesidad vital.
En ‘Own Your Strength’, las participantes llegan, entrenan durante 47 minutos y se marchan. Nadie en el club sabe quiénes son. No hay etiquetas. No hay presentaciones especiales. No hay miradas distintas. Y precisamente ahí está la fuerza.
Al integrarse en clases regulares, recuperan algo que les había sido arrebatado: la posibilidad de habitar un espacio público sintiéndose una más. El fitboxing exige concentración total, seguir el ritmo, coordinar golpes, escuchar la música, controlar la respiración. Durante esos 47 minutos, la mente no tiene espacio para el ruido externo. Una beneficiaria del programa me transmitió de forma anónima que el entrenamiento en Brooklyn Fitboxing: «Es la única hora del día en que los pensamientos de fuera no existen.»
Cuando el cuerpo vuelve a sentirse fuerte
No es solo una percepción emocional. El boxeo sin contacto tiene evidencia científica detrás: ayuda a reducir ansiedad, estrés y síntomas asociados al trauma. Golpear el saco no es agresividad, es canalización. Es liberar tensión acumulada en un entorno seguro y controlado.
Pero más allá de los estudios, están los resultados reales: este primer año el programa ha recibido una valoración media de 4,6 sobre 5 por parte de las participantes. Y, sobre todo, vemos cambios sostenidos en su estado de ánimo y en su percepción de sí mismas.
He aprendido algo muy poderoso en este proceso: cuando una mujer vuelve a sentir que controla su cuerpo y reconoce su propia fuerza física, empieza a creer que también puede recuperar el control sobre su vida.
Un modelo que se sostiene en comunidad
Para mí era clave que ‘Own Your Strength’ no fuera un proyecto bonito pero frágil. No queríamos depender de subvenciones puntuales ni de presupuestos inestables.
Por eso se financia de forma estructural: el 1% de la facturación mensual de todos los centros de Brooklyn Fitboxing se destina a la Fundación Hit4Change. Eso significa que son más de 70.000 clientes quienes, con su entrenamiento diario, hacen posible el programa.
Es algo que me emociona especialmente: la energía que alguien libera en su entrenamiento se transforma, literalmente, en la oportunidad de otra persona para reconstruirse.
Es solidaridad orgánica. Sin grandes campañas. Sin gestos heroicos. Solo constancia.
Cuidar también a quienes cuidan
Trabajando de cerca con la CIMTM entendimos algo más: las trabajadoras sociales y psicólogas que acompañan estos casos viven un desgaste emocional enorme. Están en primera línea cada día.
Por eso decidimos ampliar el programa e incluirlas también a ellas, ofreciéndoles acceso gratuito. Si queremos construir un sistema de apoyo sólido, tenemos que cuidar a quienes sostienen ese sistema.
Más que deporte
Como responsable de la Fundación, cada día tengo más claro que nuestra responsabilidad como compañía va mucho más allá de ofrecer entrenamientos.
Creo profundamente en el deporte como herramienta de cambio social real y medible. ‘Own Your Strength’ me ha enseñado que, a veces, ayudar a alguien a levantarse no requiere grandes discursos. Requiere estructura, compromiso y un espacio seguro.
A veces, lo único que hace falta es un par de guantes… y la posibilidad de volver a golpear la vida con fuerza.


