Beatriz Bayo, Directora de Liderazgo Sostenible & Internacionalización de Proden Group, comenzó su trayectoria en este ámbito en 2001, cuando la Sostenibilidad todavía no recibía ese nombre y las primeras conversaciones se centraban en los códigos de conducta y las condiciones existentes en fábricas situadas a miles de kilómetros. Las visitas a la cadena de suministro le permitieron comprender que detrás de cada producto y cada decisión empresarial existe “una responsabilidad real, tangible”. Tras formar parte del equipo que creó desde cero el departamento de Responsabilidad Social Corporativa de Mango y desarrollar allí casi 23 años de su carrera, continúa acompañando a las empresas en su transformación hacia modelos más responsables. Celebra que el sector haya ganado “muchísimo en método, en técnica y en exigencia”, aunque advierte de un riesgo creciente: “Cumplir y olvidarnos de transformar”.
- Tu trayectoria en Sostenibilidad comenzó en un momento en el que el propio concepto apenas estaba definido. ¿Cómo llegaste a este ámbito y qué marcó aquellos primeros años?
- En aquellos años casi había que explicar qué significaban las siglas RSE. ¿Cómo describirías la transformación vivida desde entonces y qué riesgos observas en el escenario actual?
- Corresponsables apareció durante esos primeros años de consolidación de la profesión. ¿Cómo recuerdas aquel encuentro y qué papel consideras que ha desempeñado durante estas dos décadas?
- ¿Qué hitos consideras decisivos para entender cómo la RSE llegó a convertirse en la actual agenda de Sostenibilidad?
- Después de 25 años de experiencia, ¿qué aprendizajes consideras fundamentales para quienes tienen la responsabilidad de transformar una organización?
- ¿Qué iniciativas representan mejor la capacidad de la Sostenibilidad para pasar de las declaraciones a compromisos reales y medibles?
- ¿Cómo imaginas la evolución de la Sostenibilidad durante las próximas décadas y qué cuestiones deberían ocupar el centro de la agenda?
- Como docente universitaria y madre, tienes una doble perspectiva sobre las nuevas generaciones. ¿Qué legado debería dejarles la profesión y qué pueden aportar ellas a la siguiente etapa?
En esta entrevista, realizada en el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Bayo recuerda la aparición de un medio que, frente a una cobertura generalista centrada casi exclusivamente en los escándalos, también estaba dispuesto a contar “lo que se estaba haciendo bien”. Para la directiva, su principal aportación ha sido “crear comunidad y ecosistema”, dando visibilidad durante dos décadas a organizaciones de todos los sectores y tamaños y permaneciendo “al pie del cañón” tanto en los buenos como en los malos momentos.
Tu trayectoria en Sostenibilidad comenzó en un momento en el que el propio concepto apenas estaba definido. ¿Cómo llegaste a este ámbito y qué marcó aquellos primeros años?
Comencé en 2001 y sin buscarlo, porque nada en mi formación apuntaba hacia este ámbito. Me había mudado a Barcelona en el año 2000 y entré en Mango en febrero de 2001, justo cuando la compañía empezaba a preguntarse qué estaba ocurriendo en su cadena de suministro.
Entonces aquello no se llamaba Sostenibilidad, ni siquiera RSE. Se hablaba de un código de conducta y de cómo verificar que se cumplía en fábricas situadas a miles de kilómetros.
Lo que realmente me involucró no fue un informe ni un curso, sino las primeras visitas a fábrica. Cuando ves con tus propios ojos cómo se produce una prenda que semanas después encontrarás colgada en una tienda de Barcelona, comprendes que detrás de cada decisión existe una responsabilidad real, tangible, y que las empresas tienen un papel que desempeñar.
Esa experiencia marcó el comienzo de mi trayectoria en Sostenibilidad. En 2002 formé parte del equipo que creó desde cero el departamento de Responsabilidad Social Corporativa de Mango y tuve el privilegio de verlo crecer durante los casi 23 años en los que desarrollé mi carrera dentro de la compañía.
Veinticinco años después sigo dedicándome a la Sostenibilidad, ahora desde Proden Group, haciendo lo que me apasiona: acompañar a las empresas en su transformación hacia modelos más responsables.
En aquellos años casi había que explicar qué significaban las siglas RSE. ¿Cómo describirías la transformación vivida desde entonces y qué riesgos observas en el escenario actual?
En 2001, la RSE era, en la mayoría de las empresas españolas, un equipo diminuto, sin un gran presupuesto, sin demasiados datos y, lo más importante, sin interlocución real con el Comité de Dirección.
Recuerdo que casi había que explicar las siglas cada vez que entrabas en una sala. También se confundía sistemáticamente con la acción social y la filantropía: donar, patrocinar o colaborar con una determinada causa.
Hoy el escenario es irreconocible. La Sostenibilidad ha pasado de lo voluntario a lo obligatorio: CSRD, ESRS, diligencia debida, taxonomía… El CFO se sienta en la mesa, el dato ESG se audita con el mismo rigor que el financiero y los inversores, la banca y las agencias de rating preguntan cuestiones que hace veinte años nadie se habría planteado. La Sostenibilidad por fin forma parte de la conversación estratégica de las organizaciones.
Si tuviera que resumir los cambios, señalaría seis grandes transformaciones. La primera es el paso de lo voluntario a lo obligatorio: comenzamos con códigos de conducta y hemos llegado a directivas europeas, procesos de verificación externa y responsabilidad legal sobre la cadena de valor.
La segunda es el paso de la filantropía a la diligencia debida. Ya no se trata de cuánto dona una empresa, sino de cómo produce, cómo contrata, cómo paga y qué ocurre a lo largo de toda su cadena de suministro.
La tercera es el paso del relato al dato. La memoria dejó de ser un escaparate para convertirse en información verificada, comparable y auditada.
La cuarta es el paso del departamento aislado a la transversalidad. Hoy la Sostenibilidad está presente en las estrategias de Compras, Diseño, Producto, Finanzas y en muchas otras funciones de la organización.
La quinta es la entrada en escena de la “S”. Durante años, la dimensión ambiental acaparó prácticamente toda la atención, pero creo que los derechos humanos, los salarios dignos y la transición justa han recuperado el espacio que les corresponde.
La sexta es el coste del Greenwashing, de no ser transparentes y de no cuidar el lenguaje, algo especialmente importante cuando hablamos de Sostenibilidad. Hoy ya no supone únicamente un riesgo reputacional, sino también regulatorio y judicial.
Es evidente que hemos ganado muchísimo en método, técnica y exigencia. Sin embargo, me atrevería a decir que, en algunos casos, lo hemos hecho en detrimento de la convicción o de la vocación, que para mí siguen siendo fundamentales. Lo deseable sería encontrar el equilibrio perfecto. De lo contrario, corremos el riesgo de cumplir y olvidarnos de transformar.
Corresponsables apareció durante esos primeros años de consolidación de la profesión. ¿Cómo recuerdas aquel encuentro y qué papel consideras que ha desempeñado durante estas dos décadas?
Conocí Corresponsables durante sus primeros años, cuando en Mango comenzábamos a publicar nuestras memorias de Sostenibilidad. Eran tiempos en los que los medios generalistas solo se acercaban a estos temas cuando se producía un escándalo y, de repente, apareció un medio dispuesto a contar también lo que se estaba haciendo bien.
Su papel ha sido, sobre todo, crear comunidad y ecosistema. El Anuario, los Premios, la Fundación y ObservaRSE han dado visibilidad a organizaciones de todos los sectores y tamaños.
Y, especialmente, habéis estado siempre al pie del cañón, tanto en los buenos como en los malos momentos, a lo largo de estos veinte años. Sin duda, lo habéis conseguido gracias al gran equipo que formáis, liderado por Marcos González y con profesionales como Ricardo Martín, que me visitaba incansablemente para ponerme al día de todo.
¿Qué hitos consideras decisivos para entender cómo la RSE llegó a convertirse en la actual agenda de Sostenibilidad?
Los tengo muy claros. Por orden cronológico, destacaría el Libro Verde de la Comisión Europea de 2001, como primer marco de referencia en Europa; el Pacto Mundial de Naciones Unidas y la creación de su Red Española; y los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de 2011, que establecieron por primera vez la responsabilidad de las compañías en este ámbito.
Desgraciadamente, también debemos incluir el derrumbe del Rana Plaza en 2013, que supuso un punto de inflexión en todos los sentidos, especialmente dentro del sector textil.
En 2015 llegaron dos hitos fundamentales: la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, junto con el Acuerdo de París. Ambos consiguieron alinear por primera vez a gobiernos, empresas y sociedad civil en torno a unos objetivos comunes.
A partir de ahí comenzó la etapa de la regulación que habíamos esperado durante tanto tiempo. La Directiva 2014/95/UE y su transposición mediante la Ley 11/2018 convirtieron la información no financiera en una obligación e impulsaron el uso de GRI como estándar de reporte.
Después llegaron el Pacto Verde Europeo, en 2019; la CSRD y los ESRS; la CSDDD; y el Reglamento sobre trabajo forzoso de 2024, que extienden la diligencia debida a toda la cadena de valor.
Y, finalmente, es obligatorio mencionar el paquete Ómnibus de 2025, que vuelve a recordarnos que la Sostenibilidad es un ámbito en constante evolución y cambio.
Después de 25 años de experiencia, ¿qué aprendizajes consideras fundamentales para quienes tienen la responsabilidad de transformar una organización?
He aprendido tanto de tantas personas que resulta difícil resumirlo, pero destacaría tres aspectos fundamentales.
El primero y, para mí, el más importante es que la Sostenibilidad solo transforma una organización cuando está representada allí donde se toman las decisiones. Si no tiene voz en el Comité de Dirección y no existe una verdadera voluntad de transformar el modelo de negocio, termina reducida a una suma de acciones inconexas que únicamente sirven para cumplir la norma y alimentar el Greenwashing.
El segundo aprendizaje es que esto no se hace en solitario. Los avances más sólidos de mi carrera siempre han sido colectivos, trabajando en alianza con los distintos grupos de interés. Además, precisamente aquellos que más te exigen suelen ser aquellos de quienes más aprendes. Solos no se puede.
El tercer aprendizaje, aunque pueda parecer sorprendente, es entender la paciencia como una competencia profesional y no como un simple rasgo de carácter. Las transformaciones reales requieren tiempo. Quien llega a esta profesión esperando resultados inmediatos probablemente terminará frustrándose.
¿Qué iniciativas representan mejor la capacidad de la Sostenibilidad para pasar de las declaraciones a compromisos reales y medibles?
El Acuerdo de Bangladesh, actualmente International Accord, es para mí uno de los mayores casos de éxito.
Después del derrumbe del Rana Plaza, marcas que competían ferozmente entre sí se sentaron con sindicatos globales y firmaron un acuerdo vinculante para inspeccionar y reformar miles de fábricas en Bangladesh. Posteriormente, el modelo se ha replicado en otros países.
No fue una declaración de intenciones, sino un compromiso real.
Desde la perspectiva de la gestión ambiental, destacaría especialmente la iniciativa Science Based Targets, SBTi. Ha conseguido que la lucha contra el cambio climático deje de apoyarse únicamente en declaraciones de intenciones y pase a sustentarse en objetivos medibles, comparables y alineados con la evidencia científica.
¿Cómo imaginas la evolución de la Sostenibilidad durante las próximas décadas y qué cuestiones deberían ocupar el centro de la agenda?
Soy optimista, aunque también tengo ciertas preocupaciones. Una de ellas son las consecuencias internas que pueda tener la reducción de las exigencias normativas y que se vuelvan a recortar compromisos, presupuestos y equipos.
En el ámbito ambiental, ya hablamos de adaptación y no únicamente de mitigación. Hablamos de sequías, olas de calor, falta de suministros y otros efectos que ya forman parte de nuestra realidad. La Biodiversidad será uno de los grandes temas de los próximos años.
En la dimensión social, la gran asignatura pendiente sigue siendo, para mí, el salario digno y la transición justa dentro de las cadenas de suministro. Una economía verde no se puede construir sobre cadenas de suministro injustas. Es una cuestión muy básica y debemos avanzar en ella con urgencia.
En cuanto a las oportunidades, veo tres especialmente claras. La Inteligencia Artificial y el pasaporte digital de producto permitirán alcanzar un nivel de transparencia impensable hace apenas diez años.
La segunda será una circularidad real, impulsada por el ecodiseño y capaz de obligarnos a repensar el producto desde su propia concepción.
Y la tercera consiste en comenzar a pensar qué viene después de la Agenda 2030.
Como docente universitaria y madre, tienes una doble perspectiva sobre las nuevas generaciones. ¿Qué legado debería dejarles la profesión y qué pueden aportar ellas a la siguiente etapa?
Doy clase desde hace muchos años en la universidad y tengo dos hijos, así que cuento con una doble fuente de perspectiva sobre esta cuestión.
Las nuevas generaciones han crecido con la Sostenibilidad mucho más integrada de lo que la tuvimos nosotros. Ya no hay que convencerlas de que el cambio climático existe o de que las empresas tienen una responsabilidad. Parten de esa base y, además, cuentan con herramientas tecnológicas y una capacidad de acceso a la información que nosotros nunca tuvimos.
Sin embargo, la sociedad actual está acostumbrada a la inmediatez y, en ocasiones, se da por hecho que muchas transformaciones ya están realizadas o que los resultados deben llegar muy rápidamente. La Sostenibilidad, en cambio, exige rigor, contraste, diálogo y una visión a largo plazo.
Por eso creo que nuestra responsabilidad es dejarles un terreno mucho más preparado que el que nosotros encontramos. Debemos construir marcos, herramientas, conocimiento y organizaciones más maduras para que puedan acelerar la transformación sin tener que comenzar desde cero.
A quienes ya llevamos veinte años en esta profesión nos corresponde contarles de dónde venimos, porque una profesión que no conoce su historia repite sus errores.
Por eso, iniciativas como este 20º Aniversario representan la experiencia colectiva, con sus éxitos y sus fracasos, puesta al servicio de quienes liderarán la siguiente etapa de la Sostenibilidad.
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