El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) constituye un recurso esencial para miles de personas mayores y en situación de dependencia que necesitan asistencia para desarrollar sus actividades cotidianas. A diferencia de otros sectores, los cuidados no se interrumpen durante las vacaciones, los fines de semana ni los periodos festivos.
Esta realidad ha sido puesta de manifiesto por José Manuel Guzmán, presidente de ACASA y CEO de Grupo M, en una reflexión publicada en Dependencia.info, donde reivindica el valor profesional, social y humano de quienes prestan cuidados en los hogares.
Un servicio imprescindible para mantener la autonomía
La ayuda a domicilio comprende numerosas tareas que van más allá de la asistencia básica. Los profesionales acompañan a las personas usuarias en actividades como levantarse, asearse, vestirse, alimentarse o desplazarse por su vivienda.
Estas intervenciones requieren conocimientos técnicos, experiencia y capacidad para adaptarse a las circunstancias particulares de cada persona.
El objetivo no consiste únicamente en prestar asistencia, sino también en preservar la autonomía y respetar las preferencias individuales, permitiendo que las personas continúen viviendo en su entorno habitual siempre que sea posible.
La atención domiciliaria implica, además, desarrollar una relación de confianza en un espacio tan personal como el propio hogar.
El reconocimiento profesional, una asignatura pendiente
Guzmán destaca que los cuidados han recaído tradicionalmente sobre las mujeres, circunstancia que ha contribuido a que estas tareas se perciban durante décadas como una responsabilidad doméstica y no siempre como una actividad profesional especializada.
Aunque la profesionalización del sector ha permitido incorporar formación, técnicas asistenciales y derechos laborales, persiste la necesidad de mejorar el reconocimiento social de quienes cuidan.
La responsabilidad de estos trabajadores trasciende las tareas materiales. También deben saber comunicarse con las personas atendidas, respetar su intimidad y detectar posibles cambios en su estado físico o emocional.
Reconocer este trabajo significa valorar las competencias necesarias para ofrecer una atención segura, personalizada y respetuosa.
La ayuda a domicilio también beneficia a las familias
El impacto de estos servicios alcanza igualmente al entorno familiar de las personas atendidas.
Disponer de profesionales cualificados puede facilitar la conciliación laboral y personal de quienes tienen familiares en situación de dependencia.
Además, permite distribuir mejor las responsabilidades del cuidado y ofrece tranquilidad a las familias, especialmente cuando no pueden acompañar permanentemente a sus seres queridos.
Por tanto, la atención domiciliaria representa un apoyo fundamental para la organización familiar y el mantenimiento de la calidad de vida.
Un recurso para combatir la soledad no deseada
Otro de los aspectos destacados es la dimensión social y emocional de los cuidados.
En determinados hogares, especialmente en zonas rurales o territorios con mayores dificultades de acceso a los servicios, la visita de un profesional puede convertirse en uno de los principales contactos humanos del día.
Esta cercanía facilita la identificación de posibles situaciones de aislamiento, vulnerabilidad o soledad no deseada.
En Canarias, donde Grupo M desarrolla su actividad, las características del territorio añaden dificultades relacionadas con los desplazamientos y la dispersión de la población.
La atención domiciliaria adquiere así un papel que combina el apoyo funcional con el acompañamiento y la observación de las necesidades personales.
Cuidar durante todo el año requiere compromiso y recursos
La continuidad de los cuidados responde a una realidad: las necesidades de asistencia no desaparecen durante los periodos vacacionales.
Por ello, Guzmán defiende la importancia de reconocer a los profesionales que mantienen estos servicios y de comprender su aportación al funcionamiento de la sociedad.
Su reflexión plantea la necesidad de avanzar hacia un modelo de cuidados donde la dignidad, la autonomía y el reconocimiento profesional ocupen un lugar central, garantizando que las personas puedan recibir atención de calidad durante todo el año.
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