Estar rodeado de personas no significa necesariamente sentirse acompañado. El 25% de las personas de 60 años o más afirma sentirse solo incluso estando acompañado, mientras que un 54% manifiesta que le gustaría relacionarse más con otras personas, un 34% echa en falta tener más personas con las que hablar y un 33% siente que no forma parte de ningún grupo o comunidad.
- La red de apoyo, una de las principales diferencias
- No basta con estar ocupado: importa lo que hacemos y por qué
- La jubilación: nuevas oportunidades, pero también desafíos para mantener el propósito vital
- Cuando cuidar deja de organizar la vida: el reto de encontrar nuevas formas de sentirse útil
- Del diagnóstico a la acción: un programa piloto de acompañamiento con propósito
- La prevención requiere la implicación de empresas, administraciones y entidades sociales
Son algunas de las principales conclusiones de la segunda edición del Informe Desoledad 2026, presentado por Fundación Verisure, que este año avanza desde el diagnóstico de la soledad no deseada hacia el análisis de aquellos factores que pueden contribuir a prevenirla, prestando especial atención al propósito vital, la jubilación y las transformaciones de las responsabilidades familiares.
La investigación, realizada mediante una encuesta a 386 personas de 60 años o más en España, identifica distintos niveles de vulnerabilidad: el 50% de la muestra se sitúa en un nivel de riesgo bajo, el 42% en un nivel moderado y el 8%en un nivel alto. Este amplio grupo intermedio adquiere especial relevancia desde el punto de vista de la prevención, al encontrarse en una situación en la que todavía existen oportunidades para preservar vínculos, autonomía, intereses y posibilidades de participación.
El estudio, cuyo trabajo de campo se desarrolló entre el 22 de junio y el 2 de julio de 2026, combina los resultados de esta investigación cuantitativa con los aprendizajes de un programa piloto de acompañamiento personalizado, orientado a explorar nuevas respuestas frente a la soledad no deseada.
La red de apoyo, una de las principales diferencias
Desoledad 2026 muestra que la vulnerabilidad frente a la soledad no deseada no responde a un único factor, sino a la combinación de dimensiones relacionales, personales, económicas, emocionales y de autonomía.
Entre ellas, la red de apoyo constituye una de las diferencias más claras. Mientras que el 69% de las personas con riesgo bajo considera disponer de suficientes personas a las que recurrir, este porcentaje desciende hasta el 39% entre quienes presentan un riesgo alto. En este último grupo, el 61% cuenta con pocos apoyos o con ninguno.
Las circunstancias económicas también influyen en las posibilidades de participación y relación. El 55% de las personas con riesgo alto describe su situación económica como ajustada o difícil, frente al 28% de quienes presentan un riesgo bajo. Esta diferencia pone de manifiesto la importancia de los recursos disponibles para acceder a actividades, desplazarse y mantener relaciones sociales.
A ello se añade la dimensión emocional. La preocupación y la tristeza son los sentimientos predominantes para el 61% de las personas clasificadas en el grupo de mayor vulnerabilidad, mientras que entre quienes presentan un riesgo bajo predomina la tranquilidad.
También aparecen diferencias en relación con aquello que las personas hacen y el significado que encuentran en esas actividades. El 58% de las personas con menor riesgo está totalmente de acuerdo con que realiza actividades que considera significativas, frente al 23% entre quienes presentan un riesgo alto.
El informe señala, no obstante, que estos resultados muestran asociaciones y no permiten establecer que realizar actividades reduzca por sí solo la vulnerabilidad frente a la soledad.
No basta con estar ocupado: importa lo que hacemos y por qué
Precisamente por ello, el Informe Desoledad profundiza este año en el concepto de propósito vital: aquello que una persona desea vivir, conservar, descubrir o compartir porque tiene significado para ella.
El 57% de las personas consultadas está totalmente de acuerdo con que realizar actividades que le motivan influye positivamente en su bienestar y el 47% afirma realizar actividades que considera significativas. Sin embargo, solo el 32%asegura plenamente que participa en actividades que le hacen sentir parte de algo, poniendo de manifiesto que participar y pertenecer no son necesariamente lo mismo.
Asimismo, el 55% considera plenamente que sentirse útil le ayuda a mantenerse conectado con los demás, mientras que el 40% afirma tener ilusiones o planes personales que le motivan y el 38% percibe que todavía tiene cosas importantes que aportar.
El estudio articula el propósito vital en cuatro dimensiones complementarias: enfoque vital, satisfacción personal, salud y autonomía, y relaciones y participación social. Estas variables interactúan entre sí y pueden fortalecerse o debilitarse en función de las circunstancias individuales y del entorno.
De este modo, la investigación plantea que el bienestar en edades avanzadas no depende exclusivamente del número de actividades realizadas o de las relaciones disponibles, sino también de la posibilidad de tomar decisiones, mantener intereses propios y encontrar significado en las experiencias cotidianas.
La jubilación: nuevas oportunidades, pero también desafíos para mantener el propósito vital
Uno de los aspectos que aborda Desoledad 2026 es el impacto de la jubilación en las rutinas, las relaciones sociales y la percepción del propósito vital.
Aunque el 59% de las personas encuestadas identifica la tranquilidad como sentimiento predominante ante esta etapa, el informe revela diferencias entre las expectativas previas y la experiencia de quienes ya se han jubilado.
Entre las personas próximas a la jubilación, el 61% se siente plenamente preparado para afrontar esta transición y el 59% confía en encontrar nuevas motivaciones e ilusiones. Sin embargo, entre quienes ya están jubilados, estos porcentajes se sitúan en el 49% y el 37%, respectivamente.
Estos resultados reflejan diferencias entre ambos grupos y apuntan a la necesidad de acompañar esta transición vital, aunque no permiten concluir que las expectativas de una misma persona empeoren necesariamente después de jubilarse.
Entre las principales ilusiones para esta etapa, el 61% de las personas consultadas destaca mantenerse física y mentalmente activo, seguido de disfrutar de la familia (46%), viajar (36%) y compartir tiempo con amistades (25%).
La situación económica también condiciona esta experiencia. La tranquilidad alcanza el 82% de quienes consideran que viven cómodamente, mientras que desciende hasta el 29% entre quienes describen su situación económica como ajustada o difícil. En este último grupo, la preocupación se eleva al 48%.
El informe subraya, por tanto, la importancia de preparar la jubilación no solo desde una perspectiva económica, sino también emocional y relacional, facilitando oportunidades para mantener proyectos, reforzar vínculos y construir nuevas rutinas significativas.
Cuando cuidar deja de organizar la vida: el reto de encontrar nuevas formas de sentirse útil
La investigación también presta atención a las personas que han dedicado buena parte de su trayectoria al cuidado del hogar y de familiares, una responsabilidad que durante años puede haber condicionado su identidad, sus relaciones y su sentimiento de utilidad.
En este colectivo, integrado en un 87% por mujeres, el 94% está total o parcialmente de acuerdo con que cuidar de su familia les hacía sentirse útiles y necesarias.
Sin embargo, cuando estas responsabilidades disminuyen o desaparecen, pueden surgir dificultades para redefinir el proyecto vital. El 42% reconoce haber experimentado una sensación de vacío personal, el 39% señala que le ha resultado difícil redefinir su proyecto de vida y el 29% siente, en alguna medida, que ya no ocupa un papel importante dentro de la familia.
Pese a ello, los resultados también muestran una disposición a explorar nuevas oportunidades: el 61% desearía encontrar otras maneras de sentirse útil, el 52% considera que participar en actividades sociales podría contribuir a reducir la sensación de vacío y el 45% echa de menos sentirse necesario para otras personas.
El informe destaca que dejar de ejercer determinadas responsabilidades no conduce inevitablemente a la soledad no deseada. El desafío consiste en facilitar que las personas puedan desarrollar nuevos intereses y proyectos, sin que su sentimiento de utilidad dependa exclusivamente de las necesidades de quienes las rodean.
Del diagnóstico a la acción: un programa piloto de acompañamiento con propósito
Junto a la investigación cuantitativa, Fundación Verisure ha desarrollado durante 2026 un programa piloto de acompañamiento con propósito, con la colaboración de la Residencia Montserrat de Madrid y personas voluntarias de Verisure.
La iniciativa ha contado con cuatro parejas formadas por una persona mayor y una persona voluntaria, que han compartido actividades elegidas a partir de los intereses y deseos de las propias personas mayores.
Las experiencias han incluido retomar la jardinería, realizar visitas a museos y exposiciones, descubrir diferentes lugares de Madrid y aprender a utilizar mejor el teléfono móvil.
A diferencia de otros modelos de acompañamiento centrados exclusivamente en ofrecer compañía o realizar actividades puntuales, esta propuesta busca construir relaciones significativas a través de experiencias compartidas, fomentando la participación activa, la confianza y la reciprocidad.
Los testimonios recogidos muestran cambios positivos en la motivación, el estado de ánimo y la disposición a participar en nuevas actividades.
Uno de los participantes, Francesco, que pudo recuperar su afición por la jardinería, explicó que lo mejor de la experiencia había sido «volver a hacer cosas que me gustan y que ya no hacía desde hace mucho tiempo».
En su evaluación final, afirmó sentirse más contento, animado y activo, mientras que otras personas participantes destacaron la importancia de establecer relaciones de confianza y disponer de nuevas oportunidades para compartir experiencias.
El programa también ha permitido constatar que el acompañamiento genera aprendizajes para las personas voluntarias, que pueden descubrir nuevas perspectivas sobre el envejecimiento, la autonomía y las capacidades de las personas mayores.
No obstante, Fundación Verisure advierte de que, por las características y el alcance reducido del piloto, todavía no es posible demostrar una relación causal entre estas experiencias y una disminución de la soledad no deseada. Sus resultados sí permiten identificar mejoras percibidas en el bienestar, la motivación y la calidad de los vínculos.
La prevención requiere la implicación de empresas, administraciones y entidades sociales
A partir de los resultados de Desoledad 2026, Fundación Verisure plantea la necesidad de avanzar hacia modelos de prevención que no se limiten a detectar situaciones de aislamiento, sino que también contribuyan a preservar las condiciones necesarias para mantener una vida activa y significativa.
Entre las prioridades identificadas destacan la detección de momentos de transición vital, como la jubilación o la reducción de las responsabilidades de cuidado, la eliminación de barreras económicas y de movilidad y el desarrollo de oportunidades de participación adaptadas a los intereses de cada persona.
En este contexto, el informe identifica diferentes ámbitos de actuación para empresas, administraciones públicas y entidades sociales.
Las organizaciones sociales pueden incorporar a sus programas de acompañamiento una mayor atención a los deseos, intereses y expectativas de las personas mayores, mientras que las administraciones públicas pueden favorecer el acceso a recursos comunitarios y reforzar la coordinación entre servicios sociales y entidades.
Por su parte, las empresas pueden contribuir mediante programas de preparación para la jubilación que contemplen también las dimensiones personales y relacionales de esta transición, así como a través de iniciativas de voluntariado corporativo con continuidad, formación y seguimiento.
El estudio destaca, además, que la calidad del acompañamiento depende de su capacidad para adaptarse a las circunstancias cambiantes de las personas participantes y de contar con estructuras organizativas que garanticen su sostenibilidad.
En palabras de Teresa Cabezón, responsable de Fundación Verisure: «Este año Desoledad nos ha permitido acercarnos aún más a la realidad de las personas mayores y entender que, ante un reto tan complejo como la soledad no deseada, no basta con observar. Tenemos que escuchar, aprender y actuar. Ese es el compromiso que queremos seguir impulsando desde Fundación Verisure».
Con esta segunda edición de Desoledad, Fundación Verisure continúa avanzando desde el conocimiento hacia la acción, poniendo el foco en la prevención y en las condiciones que permiten a las personas mayores seguir manteniendo vínculos significativos, autonomía y proyectos propios a lo largo de las distintas etapas de la vida.
El estudio refuerza así una de sus principales conclusiones: prevenir la soledad no deseada no consiste únicamente en aumentar las oportunidades de compañía, sino también en facilitar que cada persona pueda seguir decidiendo, participando y desarrollando aquello que da sentido a su vida.
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