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- ¿Qué va a cambiar en la uniformidad laboral a partir de 2026?
- Más exigencias en Sostenibilidad y economía circular
- Trazabilidad y control del ciclo de vida de las prendas
- Seguridad, salud e higiene más reguladas
- Claridad en la responsabilidad empresarial
- Integración en criterios ESG y buen gobierno
- Cinco recomendaciones prácticas para las empresas
La uniformidad laboral está dejando de ser un elemento meramente operativo para convertirse en un factor crítico de cumplimiento normativo. A partir de 2026, la entrada en vigor y el refuerzo de distintas normativas europeas y nacionales en materia de Sostenibilidad, seguridad y diligencia debida obligarán a las empresas a revisar en profundidad cómo diseñan, gestionan y mantienen la ropa de trabajo de sus profesionales.
En este contexto, ILUNION TextilCare, referente en la gestión integral de textil, actúa como partner estratégico de compañías de sectores como el industrial, hotelero, sanitario y sociosanitario, ayudándolas a anticiparse a los cambios regulatorios y a traducir la complejidad legal en decisiones prácticas, seguras y alineadas con la normativa.
¿Qué va a cambiar en la uniformidad laboral a partir de 2026?
Según el análisis de ILUNION TextilCare, el nuevo escenario normativo impacta en cinco grandes ámbitos clave:
Más exigencias en Sostenibilidad y economía circular
La aprobación del Reglamento Europeo de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR) y el desarrollo de la Estrategia Europea para el Textil Sostenible y Circular refuerzan la responsabilidad de las empresas sobre todo el ciclo de vida del producto textil. La uniformidad deberá ser más duradera, reparable y gestionada bajo criterios de economía circular, reduciendo residuos, limitando el uso de materiales no reutilizables y priorizando modelos de reutilización frente al reemplazo sistemático.
Trazabilidad y control del ciclo de vida de las prendas
La futura implantación del Pasaporte Digital de Producto, prevista en el marco del ESPR, exigirá a las empresas disponer de información verificable sobre el origen, composición, uso y mantenimiento de las prendas. La trazabilidad deja de ser una buena práctica para convertirse en una herramienta clave de cumplimiento, especialmente en procesos de auditoría, inspección o reporting no financiero.
Seguridad, salud e higiene más reguladas
Normativas como el Reglamento (UE) 2016/425 sobre equipos de protección individual, junto con la legislación nacional en materia de prevención de riesgos laborales y control de la biocontaminación, refuerzan las obligaciones de las empresas en relación con la adecuación de la uniformidad al puesto de trabajo.
Una uniformidad inadecuada, mal mantenida o no adaptada a los riesgos específicos de la actividad puede derivar en infracciones graves o muy graves, con sanciones económicas que oscilan desde aproximadamente 2.500 euros hasta más de 40.000 euros, y que en los supuestos más graves pueden superar los 800.000 euros, especialmente cuando existe riesgo para la seguridad y la salud de las personas.
En sectores críticos como el sanitario, industrial o alimentario, la correcta higienización de las prendas, el control de contaminantes y la idoneidad técnica del textil laboral son elementos esenciales para garantizar la seguridad de los profesionales y de terceros, y se encuentran bajo una supervisión regulatoria especialmente estricta.
Claridad en la responsabilidad empresarial
La legislación laboral y de prevención consolida que la responsabilidad última sobre la uniformidad recae en la empresa, incluyendo su adecuación normativa, mantenimiento, lavado y reposición. La externalización del servicio no exime del cumplimiento legal, pero sí permite a las organizaciones apoyarse en modelos profesionales que aporten mayor control, trazabilidad y seguridad jurídica.
Integración en criterios ESG y buen gobierno
Directivas como la CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive) amplían las obligaciones de reporte en materia ambiental y social. La gestión de la uniformidad pasa a formar parte de los indicadores de Sostenibilidad, impacto social y gobernanza, con especial atención al uso de recursos, generación de residuos y condiciones de trabajo.
Cinco recomendaciones prácticas para las empresas
Desde ILUNION TextilCare recomiendan a las organizaciones abordar la uniformidad como un proceso regulado y trazable, y no como un mero elemento operativo, poniendo el foco en cinco acciones prioritarias:
- Realizar una evaluación de riesgo normativo del modelo actual de uniformidad, analizando si las prendas, los procesos de lavado y la gestión del fin de vida cumplirían hoy con exigencias como el ecodiseño, la trazabilidad o la diligencia debida.
- Pasar de la compra de prendas a modelos de gestión integral del textil, que permitan a la empresa demostrar control sobre todo el ciclo de vida de la uniformidad: desde el diseño y la composición hasta el uso, mantenimiento y retirada.
- Implantar sistemas de trazabilidad verificable, capaces de generar evidencias ante auditorías, inspecciones o procesos de reporting ESG, especialmente en un contexto de mayor supervisión regulatoria y transparencia.
- Priorizar la reparación, el mantenimiento profesional y la extensión de la vida útil de las prendas, reduciendo la rotación innecesaria de uniformes, el consumo de recursos y la exposición a incumplimientos ambientales.
- Integrar la gestión de la uniformidad en la estrategia ESG y de buen gobierno, incorporándola a los planes de sostenibilidad, compras responsables y cumplimiento normativo, y no tratándola como un elemento aislado.
Para Beatriz Cañizares Romero, Directora de Sostenibilidad de ILUNION TextilCare, la anticipación es clave. “La uniformidad ya no es solo una cuestión de imagen o comodidad. Es una palanca de cumplimiento normativo, Sostenibilidad y protección de las personas. Acompañar a las empresas en esta transición forma parte de nuestro papel como socio estratégico”, señalan desde la compañía.
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