El sector agroalimentario español encara 2026 desde una posición más sólida que en los últimos ejercicios, aunque continúa expuesto a importantes desafíos climáticos, comerciales y regulatorios. Tras varios años marcados por la sequía, el fuerte incremento de los costes y las perturbaciones geopolíticas, la actividad agraria avanza hacia una fase de normalización, mientras la industria alimentaria mantiene una notable capacidad inversora y refuerza su peso dentro del tejido manufacturero español.
- El clima sustituye a la sequía como riesgo estructural
- Las exportaciones pierden impulso
- La industria alimentaria, líder inversor de las manufacturas españolas
- Cooperativas: ganar tamaño, pero también valor
- El vino, ante una transformación histórica
- Menos vino, pero más interés por la diferenciación
- España sigue vendiendo mucho vino, pero necesita venderlo mejor
- Un sector sólido que necesita elevar su productividad
Así lo recoge el Informe Sectorial Agroalimentario 2026 de CaixaBank Research, cerrado el 25 de septiembre, que sitúa la adaptación, la integración empresarial y la inversión orientada al valor añadido como tres de las grandes claves para mantener la competitividad del sector en los próximos años.
La recuperación del campo continúa siendo visible en los indicadores de actividad. Tras crecer un 15% en 2024 y un 11,9% en 2025, el valor añadido bruto (VAB) del sector agrario avanzó un 5,6% interanual durante la primera mitad de 2026, frente al 2,6% del conjunto de la economía. Paralelamente, las afiliaciones a la Seguridad Social en el sector primario aumentaron un 1,6% interanual entre enero y agosto, dejando atrás la destrucción de empleo registrada entre 2022 y 2024.
La renta agraria también mejoró con fuerza en 2025, con un incremento nominal del 8,9%, favorecida por un crecimiento de la producción superior al de los costes. El comportamiento fue especialmente positivo en cereales, frutas y hortalizas, mientras que la ganadería mostró dinamismo en segmentos como huevos y bovino.
No obstante, la mejora no es homogénea. Las estimaciones para 2026 apuntan a unos rendimientos especialmente favorables en el olivar y el viñedo, mientras que cultivos como el almendro, determinados cereales de invierno y las leguminosas presentan una evolución más débil. En el caso del viñedo, los rendimientos se sitúan cerca de un 20% por encima de los de 2025 y superan también el promedio de los últimos cinco años.
El clima sustituye a la sequía como riesgo estructural
La mejora de la disponibilidad de agua no elimina, sin embargo, el riesgo climático. CaixaBank Research advierte de que el impacto del cambio climático ya no se limita a episodios de sequía, sino que se manifiesta cada vez más a través de tormentas, granizo, danas y olas de calor.
Hasta finales de julio de 2026, estos fenómenos habían afectado a cerca de 1,2 millones de hectáreas y generado unos 374 millones de euros en indemnizaciones de Agroseguro, una de las cifras más elevadas registradas para esas fechas.
A ello se suma una nueva presión sobre los costes. Los últimos datos recogidos en el informe muestran un incremento interanual del 27% en la energía y del 19,5% en los fertilizantes, aunque por el momento estas subidas se mantienen por debajo de las registradas tras la invasión rusa de Ucrania.
El informe también señala el incremento de las exigencias regulatorias y medioambientales en aspectos como la gestión del agua, el uso de insumos, el bienestar animal, la trazabilidad o la reducción de emisiones. Estas normas, aunque contribuyen a mejorar la sostenibilidad del sector, pueden elevar también los costes de adaptación de las explotaciones.
Las exportaciones pierden impulso
El escenario exterior constituye otro de los focos de incertidumbre. Las exportaciones agroalimentarias españolas retrocedieron un 1,4% interanual en la primera mitad de 2026, mientras las importaciones aumentaron un 2,3%. Como consecuencia, el superávit comercial se redujo hasta los 10.331 millones de euros, un 11% menos que un año antes.
El comportamiento es desigual por mercados y productos. Las frutas y hortalizas mantienen un mejor desempeño y crecen las ventas hacia mercados del centro y norte de Europa, especialmente Alemania, mientras pierden dinamismo destinos tradicionales como China y Estados Unidos.
Al mismo tiempo, la aplicación provisional del acuerdo entre la UE y Mercosur introduce una mayor competencia en producciones consideradas sensibles, como el vacuno, las aves, el azúcar y el arroz. El informe apunta a la preocupación del sector por las diferencias en costes y estándares de producción y por la eficacia de los mecanismos de salvaguardia europeos.
La industria alimentaria, líder inversor de las manufacturas españolas
Uno de los principales puntos fuertes del sector se encuentra en su capacidad inversora. La industria de alimentación y bebidas constituye la primera rama manufacturera de España, con una facturación próxima a los 185.000 millones de euros, un peso del 21,3% sobre el VAB manufacturero y alrededor de medio millón de empleos. En 2025 exportó alimentos y bebidas por valor de 52.565 millones de euros, situándose como el segundo mayor exportador manufacturero del país, solo por detrás de la automoción.
Además, es la rama manufacturera que más invierte. En 2024 destinó 6.889 millones de euros, equivalentes al 21,7% de toda la inversión manufacturera española. Desde 2019, su inversión ha crecido un 32,9%.
El informe subraya, sin embargo, que buena parte de ese esfuerzo continúa concentrándose en capital físico: maquinaria, instalaciones, logística o construcciones. Los activos intangibles representan únicamente el 4,5% de la inversión total, aproximadamente tres veces menos que la media de la industria manufacturera.
Por ello, CaixaBank Research considera que el gran reto de los próximos años no será únicamente invertir más, sino hacerlo de manera diferente. La siguiente fase de modernización deberá combinar las inversiones tradicionales con un esfuerzo más intenso en digitalización, analítica de datos, automatización avanzada, inteligencia artificial aplicada a los procesos industriales, trazabilidad, innovación de producto, diseño, marcas y capital humano.
La conclusión del estudio es clara: «el sector ya invierte mucho; la cuestión decisiva será invertir cada vez mejor».
Cooperativas: ganar tamaño, pero también valor
El informe dedica otro de sus grandes bloques al cooperativismo agroalimentario, al que considera una herramienta clave para corregir la elevada atomización de las explotaciones españolas.
A través de las cooperativas, agricultores y ganaderos pueden comercializar conjuntamente su producción, compartir inversiones y servicios, acceder a mercados en mejores condiciones y reforzar su capacidad de negociación dentro de la cadena alimentaria.
La cooperativa agroalimentaria media española continúa siendo, sin embargo, una empresa relativamente pequeña. El 76% cuenta con menos de 50 trabajadores, factura unos 10,8 millones de euros anuales y agrupa de media a unos 320 socios. El 31% exporta, y las ventas exteriores representan aproximadamente el 28% de su facturación.
También aparecen retos de relevo generacional y de representación femenina: los menores de 40 años apenas representan alrededor del 9% de la base social, mientras que las mujeres suponen el 28% de los socios, el 14,5% de los puestos directivos y únicamente el 4,7% de las presidencias.
El proceso de concentración económica, no obstante, avanza. Las grandes cooperativas concentraban en 2024 el 60% de la facturación, frente al 40% registrado una década antes. Su peso sobre el número total de entidades pasó del 2% al 6%.
CaixaBank Research insiste en que ganar tamaño no exige necesariamente fusionar entidades. El aumento de las cooperativas de segundo grado, las alianzas comerciales, las plataformas conjuntas de comercialización o las centrales de compra y logística también permiten obtener economías de escala.
Pero la dimensión, por sí sola, no garantiza el éxito. Las cooperativas con mayor capacidad competitiva son aquellas que consiguen transformar la escala en innovación, desarrollo de marcas, internacionalización, transformación industrial y creación de valor añadido, y que reducen su dependencia de una competencia basada exclusivamente en el precio.
El vino, ante una transformación histórica
El sector vitivinícola constituye, según CaixaBank Research, uno de los ejemplos más claros de la profunda transformación que atraviesa el agroalimentario español.
España cuenta con la mayor superficie de viñedo del mundo y se mantiene entre los principales productores y exportadores internacionales. Sin embargo, el sector afronta simultáneamente dos cambios de carácter estructural: un clima cada vez menos favorable para la producción y una transformación profunda de los hábitos de consumo.
Por el lado de la oferta, el aumento de las temperaturas, las sequías, las olas de calor, el granizo o las heladas tardías están reduciendo rendimientos y aumentando la volatilidad de las cosechas. El calentamiento modifica además los calendarios de la vid y factores como la acidez, los azúcares o los compuestos aromáticos, de modo que el cambio climático no afecta únicamente al volumen de producción, sino también al perfil de los vinos y a las características propias de cada zona productora.
El informe encuentra ya indicios de este fenómeno en España. Entre 2015 y 2025 aumentaron las temperaturas máximas en las principales provincias vitivinícolas, con incrementos especialmente significativos en Valladolid, Ciudad Real, La Rioja y Tarragona. Las provincias donde el calentamiento ha sido mayor tienden además a registrar un comportamiento más débil de los rendimientos en relación con sus medias históricas.
Como respuesta, el sector está recuperando y revalorizando variedades autóctonas mediterráneas tradicionalmente adaptadas a condiciones cálidas y secas, como la garnacha, monastrell, cariñena o mazuelo, bobal y graciano, y experimentando también con variedades PIWI, resistentes a determinadas enfermedades fúngicas y capaces de reducir la utilización de tratamientos fitosanitarios.
Menos vino, pero más interés por la diferenciación
La transformación también afecta a la demanda. Entre 2019 y 2025, el consumo de vino en los hogares españoles cayó un 11,7%, frente al descenso del 7,1% del conjunto de las bebidas. Los tintos y buena parte de las categorías tradicionales pierden peso, mientras los blancos y rosados ganan cuota.
El retroceso es especialmente acusado entre los consumidores jóvenes. En los hogares de menores de 35 años, el consumo ha disminuido cerca de un 45%, en un contexto de menor predisposición al consumo de alcohol, mayor preocupación por la salud y creciente competencia de otras bebidas.
Frente a esta caída del consumo habitual, resisten mejor los vinos vinculados al origen, la calidad, la sostenibilidad, la gastronomía y las experiencias, así como los amparados por denominaciones de origen protegidas e indicaciones geográficas.
CaixaBank Research identifica igualmente nuevas oportunidades en vinos de baja graduación o sin alcohol y en ofertas adaptadas a formas de consumo más ocasionales e informales.
España sigue vendiendo mucho vino, pero necesita venderlo mejor
En el exterior, España conserva una posición de liderazgo por volumen, aunque el informe considera que todavía existe margen para incrementar el valor de las exportaciones.
Los vinos a granel continúan representando más de la mitad del volumen exportado, mientras los vinos embotellados han perdido peso relativo. Aunque los precios medios de exportación aumentan en prácticamente todas las categorías, la composición de las ventas exteriores evoluciona lentamente hacia los productos de mayor valor añadido.
Los mayores avances se producen precisamente en los segmentos de mayor calidad y diferenciación, pero su reducida ganancia de cuota revela que la transformación del modelo exportador continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes del sector vitivinícola español.
Un sector sólido que necesita elevar su productividad
En conjunto, CaixaBank Research considera que el agroalimentario español dispone de bases sólidas para afrontar los próximos años: capacidad inversora, fortaleza exportadora, un importante anclaje territorial y experiencia para adaptarse a escenarios adversos.
El reto será convertir esas fortalezas en más productividad y valor añadido. El informe propone avanzar simultáneamente en adaptación climática, tecnología, integración empresarial, diferenciación de producto e internacionalización.
La propia síntesis del estudio resume el cambio de enfoque: el desafío del sector ya no consiste simplemente en producir más, sino en hacerlo «con mayor resiliencia» y convertir la escala alcanzada en productividad y valor añadido.
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