La construcción ha evolucionado: se han mejorado los aislamientos y la estanqueidad, van apareciendo elementos de carácter industrializado… No se construye igual que hace 40 años. Sin embargo, la tecnología se ha desarrollado de una forma más rápida que la construcción. En las fábricas existen tecnologías y procesos que no se aplican en una construcción todavía dependiente de la mano de obra no especialmente cualificada, cada vez más escasa y cara.
Los informativos se llenan de noticias referentes a las viviendas. Hay una importante crisis habitacional. La necesidad de vivienda es un problema social de primer orden. Es necesario ir cambiando los procesos constructivos, buscando sistemas industrializados que se vayan incorporando de forma progresiva. Sistemas que pueden aportar mayor calidad, más alternativas al resultado final y que no deben suponer una mayor estandarización que la que empieza a percibirse.
Aunque dependemos de la oferta de suelo, de los constructores y promotores, de un mercado que demanda un tipo de producto, de unos procesos administrativos inaceptables, los/as arquitectos/as estamos concienciados en la búsqueda de soluciones. Estamos comprometidos con una arquitectura que, desde el principio de calidad, sirve al interés general. Desde este compromiso, se puede y se debe incorporar la innovación.
Todo aquello que suponga mejoras y una mayor calidad constructiva debe servir a la arquitectura. De ahí la trascendencia del trabajo de los/as arquitectos/as, como coordinadores de todo el proceso, y de los diferentes agentes que están involucrados en él para alcanzar y garantizar una calidad de los proyectos que, luego, va a disfrutar la ciudadanía.
Es un reto incorporar las nuevas tendencias, pero, partiendo de una mirada realista de la situación y de que no existen recetas mágicas, como colectivo estamos obligados a superar la resistencia a la tecnología, bien derive del miedo o de la inercia, y a conectar la calidad arquitectónica con el rigor constructivo, el control económico y, como se apuntaba antes, con la innovación.
El concepto de industrialización que se ha generalizado en el debate público puede llevar a pensar que las viviendas se van a fabricar en grandes factorías, se van a montar con todas las garantías y la construcción se va a transformar en un proceso logístico. Puede que esta sea una de las soluciones. Pero sería aplicable solo a algunos casos. No todo son nuevos barrios residenciales donde es más fácil aplicar nuevos sistemas. Tenemos una realidad plural de ciudades y un mundo rural disperso, con una mayor limitación en el acceso a las nuevas tecnologías. Hay que edificar más, pero también es necesario rehabilitar más.
Los conceptos a veces se repiten como mantras y van perdiendo significado. La palabra industrialización se ha hecho habitual en los foros como una solución al problema de la vivienda, aunque, en vez de industrialización, para ser precisos, se debería hablar de construcción avanzada o de progresiva implantación de sistemas industrializados en la construcción. éste es un concepto más ajustado a la realidad y a la capacidad industrial de la que dispone nuestro país.
La construcción es compleja y, desde la Arquitectura, debe existir una actitud crítica que defina la mejor o las mejores soluciones para cada uno de los procesos constructivos, en entornos concretos, con sus correspondientes condicionantes urbanísticos y ambientales.
La IA como “musa invisible*” de la industrialización: del cuello de botella a la optimización
La Inteligencia Artificial puede leerse como la tecnología transversal que permite que la industrialización sea algo más que un eslogan y actúe como un acelerador de calidad, coherencia y velocidad aplicada en los siguientes ejes:
1) Administración electrónica y burocracia: del papel al flujo continuo.
Uno de los frenos reales para construir y rehabilitar no es técnico: es procedimental. La IA aplicada a la Administración electrónica permite automatizar clasificación documental, extracción de datos, detección de incoherencias entre documentos, y comprobaciones preliminares de requisitos. El impacto es reducir iteraciones, minimizar requerimientos y mejorar la trazabilidad: menos vueltas, más seguridad jurídica, y una relación más fluida entre estudio, promotor y Administración.
2) Redacción de documentos de proyecto: consistencia, precisión y tiempo recuperado.
La redacción de memorias, pliegos, mediciones y justificativos consume horas de alto valor profesional que, a menudo, se destinan a tareas repetitivas. La IA actuaría como motor de productividad: propone borradores, normaliza terminología, cruza referencias internas, detecta contradicciones (por ejemplo, entre memoria y planos) y ayuda a mantener un lenguaje técnico coherente. Esto no sustituye el criterio del arquitecto. Libera tiempo para dedicarlo a lo importante: la calidad espacial, la adecuación al contexto y el control del resultado final.
3) Implementación BIM: pasar del “modelo” al “sistema” (en todas las fases).
La IA puede ser el catalizador que faltaba para que BIM deje de ser “modelado” y se convierta en “gestión”: asistencia en la creación de familias, detección de choques, revisión de estándares, extracción inteligente de mediciones, control de versiones y generación de documentación vinculada al modelo. En obra, esa continuidad se traduce en control de cambios, certificaciones más robustas y menos improvisación.
4) Fabricación y logística: industrializar el flujo, no solo el componente.
Industrializar no es únicamente fabricar en taller; es coordinar una cadena completa. La IA optimiza la planificación de producción, reduce desperdicios, ajusta compras y predice incidencias logísticas, anticipando incompatibilidades y reorganizando la secuencia de suministro. El resultado son menos errores y más fiabilidad para que la construcción avanzada escale sin perder calidad.
5) Diversidad tipológica estandarizable: creatividad a escala (la “musa invisible”*).
Quizá el efecto más interesante es cultural: la IA puede reconciliar industrialización y creatividad. Permite explorar muchas más variantes tipológicas, modular soluciones sin caer en monotonía y generar catálogos de componentes y patrones que, combinados, producen diversidad. Así, el sistema no empuja hacia la estandarización, sino que amplía el campo de opciones y hace viable industrializar arquitecturas con identidad, especialmente en un país con realidades urbanas y rurales muy distintas.
En definitiva, la tecnología está aquí y la sociedad necesita soluciones. Como líderes y responsables de la edificación, en la que también participan otros muchos profesionales, es nuestra obligación usarla para mejorar la calidad de la arquitectura y, por ende, el bienestar social, optimizando los procesos constructivos.
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