Hablar hoy de responsabilidad social corporativa en el ámbito sanitario exige ir más allá de indicadores asistenciales, memorias o certificaciones. La verdadera sostenibilidad de un sistema de salud se mide también por su capacidad para generar bienestar social, fortalecer el tejido comunitario y escuchar activamente a las personas a las que sirve. En este contexto, el impacto social local se convierte en un eje estratégico y en una palanca de transformación real. El grupo sanitario Ribera ha hecho de este enfoque una seña de identidad, apostando por un modelo de salud responsable que sitúa a las personas —pacientes, profesionales y entorno— en el centro de su actividad.
La proximidad es uno de los grandes valores diferenciales del modelo Ribera. Sus hospitales y centros no funcionan como estructuras aisladas, sino como agentes activos en los territorios en los que operan. Este compromiso se materializa, en primer lugar, en una forma distinta de entender la relación con los pacientes: más participativa, más humana y más corresponsable. Un ejemplo claro de ello son los consejos de pacientes impulsados en los hospitales del grupo, espacios estables de diálogo en los que usuarios y asociaciones trasladan propuestas, inquietudes y sugerencias directamente a los equipos directivos. Estas iniciativas no solo mejoran la experiencia asistencial, sino que refuerzan la confianza y el sentimiento de pertenencia, demostrando que escuchar también es cuidar.
La humanización de la asistencia es otro de los pilares del impacto social de Ribera. Humanizar no significa únicamente mejorar instalaciones o procesos, sino comprender las circunstancias personales, emocionales y sociales que rodean a cada paciente. Desde programas de acompañamiento hasta iniciativas específicas para colectivos vulnerables, el grupo trabaja para que la atención sanitaria sea también un apoyo vital en momentos de especial fragilidad. Este enfoque resulta especialmente relevante en hospitales comarcales, donde el centro sanitario es muchas veces un referente social y emocional para toda la comunidad. El plan de diversidad funcional del grupo, sus programas de terapia con animales para mayores con depresión o niños con Trastornos del Espectro Autista (TEA), los programas de visitas guiadas para reducir la ansiedad de pacientes o la iniciativa de los Healthy Monster, en el contexto de Halloween.
El compromiso con el entorno se extiende también al ámbito educativo y social. La Operación Cole, una de las iniciativas más reconocidas del grupo, es un buen ejemplo de cómo una empresa sanitaria puede generar impacto positivo más allá de la consulta o el quirófano. A través de esta acción solidaria, profesionales de Ribera recogen y distribuyen material escolar entre niños y niñas en situación de vulnerabilidad, en colaboración con entidades sociales y centros educativos locales. Se trata de una iniciativa sencilla en su planteamiento, pero de gran valor simbólico y social, que refuerza la igualdad de oportunidades y la cohesión comunitaria.
La promoción de hábitos de vida saludables es otro de los ámbitos en los que Ribera desarrolla una acción social continuada en la comunidad de sus hospitales. Los programas de Ribera Activa, orientados a fomentar la actividad física, la prevención y el autocuidado, acercan la salud a la vida cotidiana de las personas. A través de talleres, actividades deportivas, charlas y campañas divulgativas, estos programas contribuyen a mejorar la salud poblacional y a reducir desigualdades, especialmente en colectivos con mayor riesgo de sedentarismo o enfermedades crónicas. Invertir en prevención es, en este sentido, una de las decisiones más responsables y con mayor retorno social que puede adoptar una organización sanitaria.
El voluntariado corporativo constituye otro eje fundamental del impacto social local del grupo. Ribera impulsa acciones de voluntariado social y medioambiental en las que participan activamente sus profesionales, reforzando así una cultura corporativa basada en el compromiso y la solidaridad. Desde colaboraciones con bancos de alimentos y asociaciones sociosanitarias hasta limpiezas de entornos naturales o campañas de sensibilización ambiental, pasando por Discamino y su propuesta para ayudar a personas con movilidad reducida a hacer el Camino de Santiago, estas iniciativas permiten a los equipos implicarse de forma directa en la mejora de su entorno más cercano. Además, el voluntariado fortalece el orgullo de pertenencia y el sentido de propósito, aspectos clave para la sostenibilidad interna de cualquier organización.
Todas estas acciones responden a una misma visión: la salud como un proyecto compartido. Ribera entiende que cuidar de una comunidad implica establecer alianzas estables con ayuntamientos, entidades sociales, asociaciones de pacientes, centros educativos y organizaciones medioambientales. Solo desde la colaboración es posible abordar retos complejos como el envejecimiento de la población, la salud mental, la desigualdad social o el impacto del cambio climático en la salud.
En un momento en el que la sociedad demanda empresas más comprometidas, transparentes y coherentes, el grupo Ribera Ribera demuestra que el impacto social local es una parte esencial de su modelo de salud. Una comunidad más sana es también una comunidad más fuerte, más cohesionada y más preparada para afrontar el futuro.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Impacto social local: Empresas comprometidas con el bienestar de sus comunidades

