¿Sabemos realmente quién tiene nuestros datos, dónde están o cómo se protegen? Cada vez que usamos una plataforma digital dejamos rastros de información personal, económica y operativa. Y todo ello se ha convertido en uno de los activos más valiosos de nuestra sociedad conectada.
La digitalización ha cambiado por completo la forma en que trabajamos y nos relacionamos. Herramientas como la IA, la automatización o los servicios en la nube hacen todo más rápido y cómodo, pero también multiplican los potenciales riesgos. Los ataques cibernéticos y el fraude digital forman parte del día a día de cualquier organización.
La ciberseguridad no es solo un asunto técnico; es una herramienta estratégica al servicio de los clientes. Contribuye a generar confianza, fortalecer la cultura interna y consolidar la gobernanza. Su efectividad depende de la participación de toda la organización, desde los puestos de dirección hasta cada colaborador y aliado.
Las vulnerabilidades asociadas a las organizaciones son cada vez más sofisticadas y dirigidas y, al encontrarnos en una sociedad en la que las empresas, administraciones y proveedores estamos interconectados, sabemos que una organización es tan segura como capaces seamos de prepararnos para cualquier incidencia asociada con la seguridad.
La prevención es la regla. Integrar la seguridad en la gobernanza significa tener responsabilidades claras, políticas desarrolladas con anticipación y alineadas con los objetivos del negocio, y mecanismos de supervisión que permitan anticipar riesgos. Además de una base tecnológica, la lucha contra el fraude necesita procesos claros y, sobre todo, una cultura de concienciación.
Un aprendizaje clave es que la seguridad empieza y termina en las personas. Formar y sensibilizar al equipo es fundamental. Cada persona tiene un papel activo en la protección de la información. Es por eso que la seguridad debe integrarse de forma natural en los servicios digitales. No puede ser una barrera que complique la experiencia; debe estar pensada desde el diseño, sin fricciones, generando confianza para todos los usuarios.
Cómo integrar la seguridad en el día a día
En Ecoembes hemos implementado varias formas de integrar la seguridad de manera natural en nuestra operación diaria. Por ejemplo, la migración segura a entornos cloud ha permitido que nuestras plataformas y aplicaciones funcionen de manera más ágil, sin comprometer la protección de los datos.
Contamos con un Plan Director de Ciberseguridad que ayuda a supervisar los riesgos y asegura que todo el equipo sepa cómo actuar ante cualquier incidencia. Ser capaces de mantener actualizados nuestros planes de contingencia y continuidad de negocio, pensados para cubrir riesgos tecnológicos, operativos o reputacionales, es fundamental.
Además, ponemos foco en la obtención de certificaciones que nos diferencian, como la ISO 27001, el estándar internacional que ayuda a las organizaciones a proteger su información. Este sistema se fundamenta en la implantación de 93 controles de seguridad orientados a reforzar el gobierno de la seguridad y la protección de la información, y, por ende, la confidencialidad, integridad y disponibilidad de los datos, protegiéndonos frente a accesos indebidos, pérdidas de datos o incidentes de ciberseguridad, a la vez que guía el cumplimiento de los requisitos legales a nivel europeo. De esta forma, Ecoembes se convierte en el único SCRAP que cuenta con esta acreditación, lo que supone una garantía adicional para las más de 20.000 empresas que confían en la organización para la gestión de sus envases.
Por último, la creación de portales digitales seguros facilita la relación con empresas y administraciones, ofreciendo confianza en cada interacción y consolidando nuestro compromiso con la protección de los datos que nos confían nuestros clientes. En realidad, la ciberseguridad y la lucha contra el fraude son retos que afectan a todos los SCRAPs y a todos los mercados.
Y al final, la pregunta con la que empezamos sigue ahí: ¿estamos haciendo todo lo posible para proteger aquello que otros nos confían? La respuesta depende de la capacidad de cada organización para anticipar riesgos, aplicar buenas prácticas y poner a las personas y la gobernanza en el centro de su estrategia de seguridad digital.


