Dicen que un niño puede llegar a hacer cientos de preguntas al día. Preguntan por qué el cielo cambia de color, por qué los pájaros no se cansan de volar o por qué hay que separar los envases en casa. A veces no tenemos la respuesta exacta, pero esas preguntas nos enseñan que los niños observan el mundo con una claridad que los adultos vamos perdiendo. Ven conexiones donde nosotros vemos rutinas. Formulan dudas que ayudan a recordar que la sostenibilidad empieza en la curiosidad.
En Ecoembes llevamos tiempo constatando que esa curiosidad es un punto de partida clave para construir una sociedad más circular. Para nosotros, la educación ambiental no es un complemento, sino un pilar dentro de nuestra visión ESG, una manera de generar impacto social desde la formación, el acompañamiento y la construcción de una cultura común en torno al cuidado del entorno. No se trata solo de enseñar a separar bien los envases, sino de fomentar un pensamiento que entienda el valor de los recursos y apueste por su uso responsable.
Y, aunque la educación no es exclusiva de la infancia, sí sabemos que contar con los niños y niñas es esencial. Ellos son capaces de transformar conversaciones en casa, de cuestionar hábitos y de movilizar a su entorno sin apenas proponérselo. Pero ese recorrido educativo no se sostiene sin el trabajo del profesorado, que necesita apoyo, materiales y herramientas para integrar la sostenibilidad de forma natural en su práctica diaria. Ese es, precisamente, uno de nuestros compromisos desde hace años: acompañar a docentes y centros escolares en la incorporación de contenidos ambientales en el día a día del aula.
En este camino se enmarca Naturaliza, la iniciativa educativa de Ecoembes que apuesta por llevar el medioambiente a las aulas a través de propuestas prácticas, transversales y conectadas con las distintas materias. Hoy ya forman parte de esta comunidad más de 3.200 docentes y 1.950 centros de todo el país, lo que demuestra que existe un interés creciente, pero también la necesidad de contar con herramientas que faciliten un cambio de mirada dentro del sistema educativo.
Naturaliza parte de la convicción de que la sostenibilidad no es un tema aislado, es una forma de mirar el mundo. Por eso queremos que los aprendizajes sucedan dentro y fuera del aula, que un problema de Matemáticas pueda resolverse en un parque, que una lectura despierte preguntas sobre el entorno o que una clase de Lengua y Literatura sirva también para reconectar con la naturaleza. Y, a partir de ahí, construir a esos nativos circulares en generaciones capaces de pensar en circular, no solo de reciclar; de entender el valor de los recursos y de cuestionar el modelo lineal que hemos heredado.
Una de las iniciativas que mejor ejemplifica este espíritu es la “Semana Redonda”, un espacio que invita a trabajar las 7R de la economía circular —reducir, reutilizar, reciclar, reparar, renovar, recuperar y rediseñar— a través de actividades creativas y participativas. En total, en el proyecto, ya han participado más de 1.950 colegios y más de 19.800 alumnos que han descubierto, mediante retos musicales, juegos reinventados o talleres prácticos, que casi todo puede transformarse y que nada termina del todo.
Creemos firmemente que educar es anticipar. Es preparar a la sociedad, en toda su diversidad generacional, para afrontar los retos ambientales que ya forman parte de nuestro presente. La regulación y la tecnología son importantes, pero la sostenibilidad no avanza sin personas capaces de sostenerla. Por eso apostamos por integrar la educación ambiental en nuestra estrategia ESG, porque sabemos que solo desde el conocimiento, el acompañamiento y el aprendizaje compartido podremos avanzar hacia un futuro más responsable.
Tal vez la verdadera transformación empiece, sencillamente, con una pregunta infantil. Pero, si se acompaña con apoyo, formación y una mirada común hacia la circularidad, esa pregunta puede convertirse en el inicio de un futuro más consciente, más sostenible y más nuestro.
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