Es muy probable que si mencionamos el nombre de Ethel May Caterham no logremos ponerle rostro ni identificar su profesión o cargo, ni tan siquiera situarla en un punto concreto dentro de la Historia. ¿Fue una científica? ¿Una CEO? ¿Alguna activista por los derechos humanos? ¿La primera mujer que entró en algún sector donde antes todos eran hombres?
Ethel nació el 21 de agosto de 1909 y hoy, con 116 años, es la persona viva más longeva del mundo. Cuando cumplió 18 emprendió sola una travesía marítima hacia la India, una experiencia insólita para una joven de su época. Ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a cinco pandemias y ha sido testigo de hitos como la llegada del hombre a la Luna o la revolución de la Inteligencia Artificial.
Sin embargo, si hoy Ethel volviera a nacer, tampoco vería algo que aún no existe: la paridad entre hombres y mujeres. Según el Informe Global sobre la Brecha de Género 2025 del Foro Económico Mundial, se necesitarán 123 años más para alcanzar esa igualdad si mantenemos el ritmo actual de avances. O lo que es lo mismo: hasta el año 2148 no conseguiremos cerrar esta brecha de género, que se sitúa actualmente en torno al 68-69%.
Con la brecha educativa prácticamente superada, las mujeres ya han tomado la delantera a los hombres en educación superior en muchos países. No obstante, siguen lejos de los niveles de liderazgo y de la toma de decisiones, tanto políticas como económicas. Es especialmente significativa la todavía inferior representación de las mujeres en puestos directivos. En España, por ejemplo, supone el 38,4% en las empresas (47,6% en la Administración del Estado, según el INE), una cifra que cae hasta el 19,3% en el caso de las mujeres en posiciones de CEO. La tendencia, por cierto, está en retroceso en los últimos años (Women in Business 2025, Grant Thornton).
Ser la única mujer en la sala no es fácil, pero no debemos permitir que el género defina toda la conversación. Cuando tenía 17 años elegí estudiar una ingeniería, en un momento en el que esta seguía siendo una opción minoritaria para muchas mujeres. No tenía un mapa claro delante, pero sí la convicción de que no debía limitar mi ambición para encajar en ningún estándar o expectativa predefinida.
Cada etapa de mi carrera me ha obligado a gestionar la complejidad, aprender rápido y asumir retos. Estoy convencida de que las decisiones valientes se toman normalmente antes de sentir que estás completamente preparada.
En el sector en el que trabajo en la actualidad y en el que opera Ayvens —la movilidad corporativa sostenible— se está viviendo una transformación histórica: desde la electrificación o la digitalización hasta nuevos modelos de uso, pasando por la IA aplicada a la gestión de activos. En toda transformación profunda hay una gran oportunidad de rediseñar las reglas. A diario hablamos de transición energética, descarbonización y movilidad sostenible, pero no existe sostenibilidad sin dimensión social y, por ello, la igualdad de género es inseparable de cualquier estrategia empresarial responsable. Si queremos diseñar soluciones que respondan a las necesidades reales de clientes diversos, necesitamos equipos igualmente diversos.
En este sentido, a lo largo de mi trayectoria he comprobado que las culturas inclusivas no se definen por discursos, sino por decisiones cotidianas. Para impulsar la igualdad dentro de las empresas, debemos abrir puertas a proyectos estratégicos, no solo a roles de apoyo. Es imprescindible esa presencia y ese talento en las conversaciones clave, en aquellas mesas en las que se toman realmente las decisiones, y también practicar un patrocinio activo que vaya más allá de la mentoría. Necesitamos construir culturas corporativas en las que el liderazgo inclusivo nos dé la medida real del progreso.
Este año, en Ayvens celebramos el Día Internacional de la Mujer bajo el lema Give to Gain. La idea que subyace es muy poderosa, ya que cuando damos oportunidades, visibilidad y apoyo a las mujeres, multiplicamos el impacto y convertimos la inclusión de género no ya en una cuestión meramente ética, sino en una palanca de crecimiento.
Porque los 123 años hasta lograr la paridad real que proyectan los informes no son inevitables. Son una extrapolación basada en el ritmo actual que podemos acelerar. Podemos promover e inspirar vocaciones STEM entre niñas y jóvenes para que la movilidad del futuro cuente con más ingenieras o analistas de datos. Podemos integrar la corresponsabilidad como principio cultural, no como una excepción. Podemos recomendar a una colega para un proyecto, darle crédito por una idea, cuestionar un sesgo cuando aparece.
Desde la movilidad corporativa tenemos la gran oportunidad de acelerar ese reloj. De lo contrario, si no cambiamos la velocidad, la igualdad real entre mujeres y hombres no será una realidad para ninguno de los hombres o mujeres que habitamos a día de hoy en el Planeta.
Mujeres como Ethel han sido testigos de una Historia escrita en femenino y masculino, pero nunca en igualdad de condiciones. Nuestra responsabilidad es que las próximas generaciones no tengan que esperar otro siglo para que esa historia se escriba en igualdad. Por eso, este 8 de marzo en Ayvens renovamos nuestro compromiso con una paridad real desde un sector, el de la movilidad, que es al mismo tiempo rápido, complejo, fascinante y lleno de oportunidades. Solo así el espíritu de la Agenda 2030 —que nos repite como mantra desde hace una década la necesidad de “no dejar a nadie atrás”—, dejará de ser una promesa a 123 años vista y se convertirá en una realidad mucho más cercana.


