Con más de 125 años de historia, Progreso ha acompañado buena parte del desarrollo de Guatemala desde una actividad estrechamente vinculada con el crecimiento de las ciudades y las comunidades: la construcción. Hoy, con operaciones en ocho países de Latinoamérica, la compañía plantea que ese papel empresarial debe extenderse también a la generación de valor social y ambiental.
Para Guillermo Monroy, director ejecutivo de Ciudadanía Corporativa de Progreso, una de las principales lecciones de esa trayectoria es que los desafíos sociales no pueden ser abordados de manera aislada. “Los resultados más sostenibles surgen cuando distintas capacidades se unen alrededor de un propósito compartido”, afirma.
La idea de construir juntos atraviesa la estrategia de la compañía y adquiere una dimensión concreta cuando se traslada a las comunidades. En 2025, Progreso destinó US$9,3 millones a inversión comunitaria, con 277.800 beneficiarios directos. A ello se suma el impacto económico generado por sus operaciones: 4.892 empleos directos y 15.228 puestos indirectos dentro de su cadena de valor.
Uno de los proyectos que mejor permite entender este enfoque es HogaRES —Unidos por Hogares Resilientes y Saludables—, una iniciativa que reúne a Progreso con más de 20 aliados estratégicos para sustituir pisos de tierra por pisos de concreto en hogares guatemaltecos.
Detrás de una intervención básica de infraestructura existe un problema que afecta varias dimensiones de la vida familiar. “Cuando una familia deja atrás un piso de tierra, no solamente cambia su hogar. También cambian sus condiciones de salud, su bienestar y las posibilidades de destinar más recursos a aquello que puede mejorar su calidad de vida”, explica Monroy.
Los resultados permiten dimensionar ese impacto. Durante 2025 fueron sustituidos 6.948 pisos, un 34,1% más que el año anterior, con una inversión de US$1,7 millones y 34.740 personas beneficiadas. Desde 2022 hasta 2025, HogaRES alcanzó 13.266 pisos y 66.330 beneficiarios.
Pero para Progreso el número de pisos construidos es solo una parte de la medición. La información presentada por Monroy muestra una reducción de hasta 79% en los gastos de salud de las familias participantes, un incremento de 20% en su estabilidad financiera y un aumento de 12% en las mejoras realizadas posteriormente en sus viviendas.
El impacto sanitario también forma parte del modelo. El Reporte de Sostenibilidad de la compañía relaciona la sustitución de pisos de tierra con una menor exposición a agentes patógenos y con la reducción de enfermedades respiratorias y gastrointestinales y de la desnutrición crónica.
HogaRES incorpora además un elemento que Monroy considera determinante: la colaboración. Durante 2025, una cuarta parte de la inversión del programa fue canalizada mediante empresas y organizaciones aliadas, a las que Progreso entregó cemento para que pudieran ejecutar directamente los pisos.
“HogaRES demuestra que la colaboración puede generar transformaciones duraderas cuando empresas, organizaciones sociales, comunidades y aliados trabajan en la misma dirección”, sostiene.
De la inversión social a una estrategia de sostenibilidad
Esta manera de entender la responsabilidad empresarial se integra en una estrategia de sostenibilidad más amplia. Progreso trabaja actualmente en la actualización de sus prioridades mediante consultas con sus grupos de interés y una matriz de doble materialidad que relaciona impactos, riesgos y oportunidades. El proceso deberá traducirse en indicadores y metas para el período 2026-2030, vinculados con la estrategia del negocio.
La dimensión ambiental acompaña este recorrido. En 2025, el 44% de la electricidad consumida por la compañía procedió de fuentes renovables, se revalorizó el 72,3% de los residuos generados y se evitaron 156,2 kilotoneladas de CO₂. Progreso también avanzó en proyectos de generación solar propia como parte de su estrategia energética.
Para una empresa vinculada directamente con materiales esenciales para el desarrollo de infraestructura, la transformación adquiere así un significado que trasciende la construcción física. El objetivo es que la inversión empresarial pueda dejar capacidades y mejores condiciones de vida en los territorios.
Monroy lo resume en una idea que conecta la estrategia corporativa con el impacto social: “El desarrollo adquiere mayor valor cuando deja capacidades, oportunidades y bienestar que permanecen en el tiempo”.
En esa visión, construir no significa únicamente levantar infraestructura. Significa también articular esfuerzos para que una mejora concreta pueda convertirse en el punto de partida de otras transformaciones. Y, en el caso de HogaRES, esa transformación comienza desde el piso.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – AGEXPORT: Empresas que Transforman


