Existe capital privado para financiar la transición climática, pero movilizarlo a gran escala exige proyectos económicamente viables, financiables y capaces de generar flujos de caja previsibles. Es una de las principales conclusiones que Antoni Ballabriga, Responsable global de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA, ha trasladado durante su participación esta semana en Nueva York.
Ballabriga intervino en el Diálogo de Alto Nivel sobre Soluciones para la Financiación Climática, organizado por Naciones Unidas, donde puso el foco en uno de los principales obstáculos para aumentar la inversión climática, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo.
“Hay una cantidad sustancial de capital privado disponible para la transición, pero el capital solo fluirá a escala cuando los proyectos tengan sentido económico y sean invertibles y financiables”, explicó posteriormente el directivo de BBVA al hacer balance de su participación.
Reglas previsibles para convertir objetivos en inversión
Para Ballabriga, una de las prioridades pasa por crear marcos regulatorios que permitan anticipar los ingresos de los proyectos. Entre las herramientas señaló las políticas de demanda, los mandatos, la contratación pública o mecanismos de fijación del precio del carbono como el régimen europeo de comercio de derechos de emisión.
“Los bancos necesitan marcos nacionales de políticas que generen flujos de caja predecibles”, defendió. A ello añadió la necesidad de trasladar las NDC y los grandes compromisos climáticos nacionales a planes de transición y adaptación susceptibles de recibir inversión, con prioridades claras, mejores infraestructuras y procesos de permisos más ágiles.
Su segunda propuesta afecta a la financiación mixta o blended finance. El responsable de BBVA considera que los recursos públicos deben utilizarse para movilizar capital privado, y no para sustituirlo, empleando garantías y otros instrumentos de reparto de riesgos allí donde puedan atraer mayores volúmenes de inversión.
También plantea avanzar hacia una mayor estandarización de las estructuras de financiación, agrupar pequeños activos en carteras con suficiente escala y desarrollar plataformas nacionales capaces de conectar políticas públicas, preparación de proyectos, financiación concesional y capital privado.
“La financiación pública debería evaluarse cada vez más no solo por cuánto presta, sino por su capacidad para modificar el riesgo, crear proyectos financiables y movilizar capital adicional”, resumió Ballabriga.
Su reflexión coincide con uno de los asuntos que BBVA está llevando estos días a la Climate Week NYC: pasar de la fijación de objetivos a la ejecución. La entidad ha defendido en distintos encuentros en Nueva York el papel de la banca para estructurar proyectos, gestionar riesgos y conectar las oportunidades de inversión sostenible con el capital necesario para desarrollarlas, con la COP31 de Antalya ya en el horizonte.
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