Julio Morón, director general de OPAGAC, explica en esta entrevista para Corresponsables las principales conclusiones del informe ¿Qué sabemos de lo que comemos en el mar?, con el que la organización analiza los criterios de compra de los consumidores y el grado de conocimiento que existe sobre la sostenibilidad en los productos pesqueros. A lo largo de la conversación, aborda también el trabajo de OPAGAC en certificación medioambiental y social, la necesidad de reforzar la trazabilidad y las garantías laborales en el sector, y los próximos pasos para impulsar un estándar social que contribuya a una pesca más responsable.
- Habéis presentado recientemente el informe ¿Qué sabemos de lo que comemos en el mar? ¿Qué principales conclusiones arroja este estudio sobre la percepción del consumidor en relación con los productos pesqueros?
- ¿Cómo se enmarca esta iniciativa dentro de la estrategia global de OPAGAC y qué otras actuaciones destacaría en materia de sostenibilidad y responsabilidad?
- ¿Cuáles consideras que son hoy los principales retos y oportunidades del sector, especialmente en materia de sostenibilidad y responsabilidad?
- ¿Cuáles son los próximos pasos y retos de OPAGAC y qué mensaje final te gustaría trasladar a la audiencia de Corresponsables?
Habéis presentado recientemente el informe ¿Qué sabemos de lo que comemos en el mar? ¿Qué principales conclusiones arroja este estudio sobre la percepción del consumidor en relación con los productos pesqueros?
El informe pretende ofrecer una fotografía de cuáles son los elementos que los consumidores tienen en cuenta a la hora de comprar productos pesqueros, en nuestro caso, relacionados con la pesca del atún, y conocer qué actitudes o qué factores influyen en su decisión de compra.
Las principales conclusiones muestran que el precio y el sabor son los principales factores de decisión. Es decir, son las motivaciones que más pesan a la hora de escoger un producto. En cambio, la sostenibilidad o los derechos sociales asociados a la producción no figuran entre los principales motivos que determinan la compra.
El estudio también deja algunas conclusiones interesantes. Por ejemplo, que la gente, en general, se considera poco informada sobre los elementos que debería tener en cuenta al comprar este tipo de productos. Además, considera que los supermercados son los principales agentes de confianza, aunque al mismo tiempo atribuye a los gobiernos la mayor responsabilidad en el cumplimiento de las normas que deben regir tanto la producción primaria como la comercialización de estos productos. Aun así, también espera que el distribuidor en el que confía le ofrezca determinadas garantías.
Hemos realizado este estudio en el marco de nuestra campaña internacional Hands for the Oceans, que busca reforzar la dimensión de la sostenibilidad social. Cuando se pregunta a los consumidores qué entienden por sostenibilidad, la mayoría la asocia principalmente con la dimensión medioambiental, que es la que está más asentada en su conocimiento. Sin embargo, la sensibilización respecto al componente social es bastante menor.
Aun así, el propio estudio revela que cerca del 45% de las personas estaría dispuesta a pagar algo más por un producto que ofreciera garantías sociales en su producción. Por eso, esta campaña busca, en primer lugar, saber dónde estamos, para comprobar más adelante, cuando finalice, si hemos conseguido algún avance en esa percepción pública y si hemos sido eficaces.
Lo que queremos introducir es la idea de que el concepto de sostenibilidad no se limita al ámbito medioambiental, sino que también habla de personas, de proteger los derechos laborales, los derechos humanos y el trabajo decente y seguro a bordo de la flota, para que esos productos lleguen al consumidor con todas las garantías y este sea capaz de diferenciarlos y valorarlos.
¿Cómo se enmarca esta iniciativa dentro de la estrategia global de OPAGAC y qué otras actuaciones destacaría en materia de sostenibilidad y responsabilidad?
Desde el año 2010, las compañías que componen nuestra organización iniciaron una reflexión conjunta sobre los pasos que debíamos seguir en el futuro. De ese proceso nació un código de buenas prácticas que empezamos a implementar de forma progresiva. En 2012 comenzamos a aplicarlo y en 2015 incorporamos observadores a bordo para poder verificar lo que estábamos haciendo.
De esas buenas prácticas surge la base de nuestra certificación medioambiental, la del Marine Stewardship Council (MSC), que es el estándar medioambiental más reconocido internacionalmente en productos pesqueros. En la actualidad tenemos cerca del 95% de nuestra producción certificada por MSC. Estamos ya en el cuarto año de certificación y confiamos en alcanzar el 100% de certificación de nuestras especies objetivo, que son el atún listado, el atún de aleta amarilla y el patudo, previsiblemente en el plazo de un año, en función de cómo evolucionen las evaluaciones científicas de estas especies.
Ese es el avance en la parte medioambiental, que tenemos bastante desarrollada. Pero, además, en 2017 creamos la norma UNE 195006 Atún de Pesca Responsable, en la que introdujimos el componente social. Esta norma incorpora las condiciones laborales fijadas por el Convenio 188 de la Organización Internacional del Trabajo, así como el sistema de control y vigilancia de la flota, con seguimiento satelital las 24 horas del día.
También incorporamos las condiciones de aseguramiento, porque consideramos que disponer de una cobertura adecuada constituye una garantía esencial. En caso de accidente, el seguro cubre cuestiones tan importantes como la repatriación o la atención a los tripulantes. Además, introdujimos las condiciones sanitarias a bordo, para asegurar que el producto se mantiene en las mejores condiciones conforme a la normativa de la Unión Europea. Y, por último, se incorporaron las buenas prácticas medioambientales, que son las que dieron origen a la certificación medioambiental que mencionaba antes.
Llevamos trabajando con esta norma desde 2017, pero el mercado todavía no ha terminado de reconocerla suficientemente, y queríamos darle un impulso. Por eso hemos realizado este estudio de situación, con el apoyo de consultores especializados, para analizar la creciente preocupación que existe sobre la certificación social de las condiciones a bordo de las flotas pesqueras.
Hay ya abundante información en medios sobre las condiciones inhumanas en las que trabajan ciertos actores, principalmente asiáticos. Incluso la propia Organización Internacional del Trabajo ha publicado recientemente un informe sobre las condiciones laborales a bordo de flotas y procesadores asiáticos. Nosotros tratamos de minimizar al máximo ese tipo de riesgos, porque nuestra flota cumple con todas las exigencias del estándar europeo, y necesitamos que el mercado sea capaz de reconocerlo.
Además de ello, también desarrollamos otra iniciativa importante relacionada con el reciclaje de redes. Nuestras redes no se abandonan en el mar, ya que siempre se recuperan, pero tras dos o tres años de uso quedan obsoletas y deben reciclarse. Para ello, hemos impulsado proyectos en distintas zonas.
En Latinoamérica trabajamos con MUREO, dado que nuestra flota opera en el Índico, el Pacífico y el Atlántico, y esta compañía se encarga del reciclaje de redes y de la producción de textiles derivados de ellas. Después, en Seychelles, desarrollamos un proyecto que se ha transformado en una compañía local llamada Brikole, impulsada por agentes nacionales del país. Y en el Atlántico mantenemos también la recogida de redes a través de MUREO.
Estas son algunas de nuestras principales iniciativas. En conjunto, nuestro objetivo final es producir de la forma más sostenible posible. Siempre digo que un barco atunero cuesta 30 millones de euros, tiene una vida útil de 50 años y que la perspectiva del armador es poder disponer del recurso en buen estado durante todo ese tiempo. Esa es nuestra lógica y, por tanto, la actuación de nuestra organización se orienta no solo hacia la sostenibilidad integral, social y medioambiental, sino también hacia el reconocimiento del mercado.
¿Cuáles consideras que son hoy los principales retos y oportunidades del sector, especialmente en materia de sostenibilidad y responsabilidad?
Quiero insistir en esta cuestión porque, precisamente, en el análisis previo a la campaña Hands for the Oceans, los consultores detectaron que una parte de la distribución y del mercado reconocía tener un agujero negro a la hora de certificar las condiciones sociales de las flotas de las que se abastecen.
Si tenemos en cuenta las exigencias de las directivas europeas sobre diligencia debida, trabajo forzoso y riesgos reputacionales, tanto las distribuidoras como las marcas se enfrentan a una responsabilidad importante cuando comercializan pescado procedente de determinadas flotas. Existen algunas flotas asiáticas en las que se han documentado incluso situaciones de esclavitud a bordo, condiciones laborales inaceptables y ausencia de derechos básicos. Son realidades difíciles de creer, pero existen.
Ante ese contexto, nosotros vemos una oportunidad clara: ampliar nuestra certificación de Atún de Pesca Responsable al conjunto de las pesquerías. El objetivo final de esta campaña es que, antes de que termine el año, seamos capaces de crear un estándar social, en colaboración con todos los agentes sociales e incluso con la administración española, que permita certificar las buenas condiciones laborales a bordo de las flotas pesqueras que abastecen al mercado europeo.
Se trata de evitar que entren en ese mercado productos extremadamente competitivos precisamente porque están sustentados en condiciones sociales muy precarias para muchos tripulantes. Creemos que ahí hay tanto un reto como una gran oportunidad para dignificar el sector y ofrecer mayores garantías al consumidor.
¿Cuáles son los próximos pasos y retos de OPAGAC y qué mensaje final te gustaría trasladar a la audiencia de Corresponsables?
Ahora mismo estamos muy centrados en esta campaña, que tiene entre sus objetivos impulsar alguna audición en el Parlamento Europeo para denunciar esta situación. Además, celebraremos en Madrid, previsiblemente en noviembre, el séptimo Congreso Nacional del Atún, en el que esperamos poder presentar este estándar social de pesca con vocación internacional.
Nuestro objetivo sigue siendo hacer las cosas bien. Con todos estos estándares y referencias, lo que hemos intentado es definir cómo se pueden hacer las cosas de la mejor manera posible, con el menor impacto en el ecosistema y con las mejores condiciones laborales a bordo. Esa es nuestra prioridad: avanzar en una sostenibilidad integral.
El mensaje que me gustaría trasladar a los lectores de Corresponsables es que busquen el origen responsable de los productos pesqueros y que exijan información a quien se los vende, ya sea un supermercado, una pescadería o un restaurante. Es importante pedir garantías sobre las condiciones en las que se están pescando esos productos que consumimos con tanta frecuencia en España, un país con un gran consumo de pescado y con una dieta que se beneficia claramente de ello.
Por eso, el consumidor debe ser el primero en exigir transparencia, trazabilidad y responsabilidad. Solo así podrá tener garantías de que su consumo está alineado con criterios verdaderamente responsables.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables


