Fundación Dilaya es una organización sin ánimo de lucro que tiene como misión impulsar el cambio social a través de la innovación y la colaboración. Su enfoque se centra en apoyar proyectos que mejoren las condiciones de vida en comunidades vulnerables, promoviendo el desarrollo social, económico y ambiental. La Fundación trabaja estrechamente con diversas entidades y organizaciones para crear soluciones sostenibles que generen un impacto positivo y duradero en la sociedad.
- ¿Puede hablarnos de Fundación Dilaya (para quien todavía no os conozca), de cómo ha evolucionado estos años hasta la actualidad y cuál es su ámbito de actuación?
- ¿Qué iniciativas o proyectos nos podría destacar?
- ¿Qué importancia tiene para su entidad la comunicación y alianzas con sus grupos de interés y cómo lo trabajan?
- ¿Cuál considera que es la situación actual de la RSE/Sostenibilidad/ESG y sus principales barreras y oportunidades de futuro?
- ¿Y cuáles son los próximos retos y desafíos de su organización y cómo los piensan llevar a cabo?
¿Puede hablarnos de Fundación Dilaya (para quien todavía no os conozca), de cómo ha evolucionado estos años hasta la actualidad y cuál es su ámbito de actuación?
La Fundación Dilaya es una ONG de cooperación para el desarrollo que nace en Madrid en el año 2014. En estos doce años de trayectoria hemos apoyado más de 130 proyectos. La mayor parte de estos proyectos tienen como objetivo promover el derecho a la educación. No obstante, también apoyamos proyectos en el ámbito de la salud, el agua y el saneamiento, la alimentación y la seguridad alimentaria.
Todos ellos han beneficiado de forma directa a más de 60.000 personas, en su mayoría niños y niñas, jóvenes y mujeres que viven con condiciones de extrema pobreza. Nuestros socios locales son congregaciones religiosas y misioneros presentes en zonas muy desfavorecidas del continente africano, cuya labor es sinónimo de una vida mejor para miles de personas que viven en la más absoluta pobreza.
En sus primeros años, Dilaya trabajó únicamente en la República Democrática del Congo y a partir de 2021 extiende su labor a Kenia, Camerún y Mozambique. La República Democrática del Congo y Mozambique se encuentran entre los 15 países con menor desarrollo humano del mundo. En Kenia trabajamos en comunidades rurales y fronterizas. Se trata de zonas denominadas ASAL (Arid and Semi Arid Lands) que son las zonas menos desarrolladas del país, con índices de pobreza extremos.
En Camerún apoyamos proyectos en una zona rural de selva muy aislada donde habitan grupos de población minoritarios víctimas de una grave discriminación a todos los niveles. Podemos decir que, desde sus orígenes, Dilaya ha trabajado en la reducción de la pobreza en comunidades en las que esta incide más gravemente.
¿Qué iniciativas o proyectos nos podría destacar?
Todos nuestros proyectos son importantes, pero si tengo que destacar alguno sería el proyecto de apoyo al hogar de acogida La Misericordia, pues es un proyecto que está ligado al origen de Dilaya y nos ha acompañado hasta hoy.
El Hogar La Misericordia es un referente en la atención a la infancia y juventud en situación de vulnerabilidad extrema de la ciudad de Mbuji-Mayi, en la República Democrática del Congo. La Misericordia realiza una gran labor social y humana acogiendo a niños, niñas y jóvenes que están en una situación de profunda vulnerabilidad, pues carecen del apoyo de su familia biológica en unos de los países más pobres del mundo.
Además, los menores y jóvenes de La Misericordia precisan de una especial protección por ser víctimas de un grave estigma. Y es que el fenómeno de las acusaciones de brujería contra la infancia se ha generalizado tanto en la República Democrática del Congo, que todos los niños y niñas que viven en centros de acogida son identificados como tales, aunque hayan llegado allí por otros motivos y nunca hayan sido acusados de brujería. Los más pequeños tienen heridas muy profundas que se manifiestan en un rechazo generalizado a su nueva vida, por lo que La Misericordia también realiza una importante labor de recuperación, cuidado y reintegración social.
El Hogar La Misericordia es la familia que les falta a estos niños y jóvenes. Su permanencia en la casa no solo les mantiene a salvo de la vida en la calle, los malos tratos, la violencia, la explotación y las bandas juveniles, sino que, como se espera de una familia, La Misericordia les ofrece una vivienda digna en la que se sienten seguros, una alimentación adecuada y suficiente y el cariño y los cuidados propios de un hogar.
Han sido muchos los proyectos que la Fundación Dilaya ha apoyado desde sus inicios para mejorar la vida de los niños y jóvenes de La Misericordia. Además de financiar el funcionamiento del centro desde el año 2015, hemos conseguido que tengan una vivienda en condiciones, segura, con luz eléctrica, agua y saneamiento. Pero lo más importante es que, gracias a su estancia en el hogar, todos estos niños y jóvenes tienen la posibilidad de estudiar. Para Dilaya la educación es una prioridad, pues esta es la principal herramienta que necesitan para convertirse en adultos independientes.
¿Qué importancia tiene para su entidad la comunicación y alianzas con sus grupos de interés y cómo lo trabajan?
Dilaya es una fundación joven y pequeña, pero desde su nacimiento el área de comunicación ha estado profesionalizada y es un campo que, con el tiempo, ha ido adquiriendo mayor peso en la entidad. Precisamente ahora estamos trabajando para mejorar nuestros canales de comunicación externa y pronto vamos a lanzar nuestra nueva página web, más clara y operativa.
Además, la comunicación con nuestros grupos de interés es constante. Todos los meses enviamos un boletín electrónico a nuestra base de datos de donantes y colaboradores y actualizamos periódicamente nuestros perfiles en redes sociales. También elaboramos una memoria anual de actividades, que difundimos a través de estos canales. Para nosotros dar a conocer de forma continuada con rigor y claridad el trabajo que realizamos con los fondos recibidos es una prioridad. Desde el año 2022 contamos con el sello Dona con Confianza de la Fundación Lealtad, que nos ayuda a estar al día en todo lo que tiene que ver con comunicación y transparencia.
Por otro lado, para el desarrollo de nuestros proyectos trabajamos en alianza con entidades presentes en África, que son nuestros socios locales en terreno, y con varias empresas. Con papeles diferentes, todas ellas son importantísimas para nuestro trabajo. Con todas ellas compartimos objetivos y una visión de largo plazo en nuestro trabajo conjunto y con todas ellas tenemos una relación muy fluida, basada en la confianza.
¿Cuál considera que es la situación actual de la RSE/Sostenibilidad/ESG y sus principales barreras y oportunidades de futuro?
La sostenibilidad es un tema que siempre me ha gustado y que me parece trascendental. Estamos en un escenario de grandes desafíos sociales y medioambientales y hacer frente a ellos es competencia de todos los actores, incluidas las empresas. Aplaudo todos los avances que hacen estas en el ámbito de la sostenibilidad, y en España tenemos muy buenos ejemplos de estos avances, pero también soy consciente de que queda mucho por hacer.
Como ejemplo de ello, volvemos a la República Democrática del Congo, donde todavía se dan graves violaciones de los derechos humanos de mano de empresas multinacionales. Hay que reconocer los pasos adelante, pero nunca dejar de estar alerta.
¿Y cuáles son los próximos retos y desafíos de su organización y cómo los piensan llevar a cabo?
Desde un punto de vista operativo, tenemos importantes retos por delante. En primer lugar, queremos seguir trabajando en la protección de la infancia en la R.D. del Congo, apoyando al Hogar La Misericordia de Mbuji-Mayi a ser más sostenible desde un punto de vista financiero.
Por otro lado, teniendo en cuenta que la promoción del derecho a la educación es nuestra prioridad, vamos a seguir dando respaldo a proyectos educativos en las comunidades en las que estamos presentes. Una de nuestras prioridades será apoyar dos futuros proyectos educativos en un barrio de la periferia de la ciudad de Tete, en Mozambique, promovidos por una misionera española, y que ya ha comenzado a dar sus primeros pasos con el apoyo de Dilaya.
En tercer lugar, desde hace unos años estamos apoyando a la Misión de Kilulu a hacer frente a una grave situación de inseguridad alimentaria que tiene como consecuencia un elevado nivel de desnutrición entre la población infantil de la comunidad. En esta zona queremos apoyar proyectos de acceso al agua, pues la falta de este recurso es una de las principales causas de la inseguridad alimentaria, y también proyectos de generación de ingresos que ayuden a mantener, fortalecer y desarrollar todas las iniciativas que hemos apoyado en los últimos años para luchar contra el hambre.
Por último, estamos sin duda en un momento complicado para la cooperación, con un descenso creciente y generalizado de fondos de entidades para esta línea de trabajo, por lo que uno de los grandes retos de la fundación será hacer de Dilaya una entidad más sostenible, diversificando sus fuentes de financiación y aumentando los fondos procedentes de particulares.
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