David Fernández-Gómez, director general de RoC en España y Portugal, repasa en esta entrevista para Corresponsables la trayectoria de una marca con casi 70 años de historia y fuerte vocación farmacéutica, que ha hecho de la evidencia científica, la prevención y la seguridad algunos de sus principales signos de identidad. Durante la conversación, analiza también los retos actuales del sector dermocosmético, el valor de una comunicación basada en datos y transparencia, y la hoja de ruta de RoC en ámbitos como la longevidad saludable, la innovación clínica y la sostenibilidad.
- ¿Puede hablarnos de RoC para quienes todavía no conozcan la marca y explicarnos cómo ha evolucionado su compromiso con la ciencia, la salud y la prevención hasta la actualidad?
- ¿Cuáles son hoy sus principales ejes estratégicos en materia de responsabilidad y sostenibilidad? ¿Qué iniciativas, proyectos o buenas prácticas responsables destacaría especialmente en relación con la investigación científica, la calidad de vida y la longevidad saludable?
- ¿Qué importancia tiene para RoC la comunicación transparente y basada en evidencia científica con sus grupos de interés (consumidores, profesionales sanitarios, distribuidores, sociedad) y cómo trabajan esta dimensión?
- ¿Cómo valora la situación actual de la sostenibilidad y la responsabilidad empresarial en el sector dermocosmético? ¿Cuáles considera que son las principales barreras y oportunidades en este ámbito?
- ¿Cuáles son los próximos retos y desafíos de RoC en materia de ciencia, prevención o sostenibilidad y qué hoja de ruta están siguiendo para afrontarlos en los próximos años?
- ¿Qué mensaje final le gustaría dejar a la audiencia de Corresponsables?
¿Puede hablarnos de RoC para quienes todavía no conozcan la marca y explicarnos cómo ha evolucionado su compromiso con la ciencia, la salud y la prevención hasta la actualidad?
RoC es una marca dermocosmética nacida en la botica de una farmacia parisina en 1957. Su fundador, el farmacéutico Jean-Charles Lissarrague, creó RoC —acrónimo de su farmacia Rogé-Cavaillès— motivado por un problema muy concreto: el aumento de reacciones alérgicas asociadas a cosméticos con fórmulas agresivas y activos de origen animal. Desde ese origen, RoC se construye sobre una idea que hoy sigue plenamente vigente: la innovación tiene sentido cuando mejora la salud de la piel y se demuestra con hechos.
Ese compromiso con la ciencia y la prevención ha estado presente en cada etapa de nuestra historia. RoC fue pionera en el desarrollo de cosmética hipoalergénica y, ya en los años 60, impulsó una colaboración temprana con dermatólogos para avanzar en soluciones de fotoprotección con un objetivo preventivo claro: proteger la piel frente al daño solar y sus consecuencias. En las décadas posteriores, RoC se consolidó como una marca de “primeras veces” en dermocosmética, con fórmulas no comedogénicas (que no obstruyen los poros de la piel), trabajo estrecho con profesionales sanitarios y un enfoque diferencial en activos como el retinol, apostando por su estabilización y por la validación clínica.
Hoy, tras casi 70 años, mantenemos el mismo principio: la dermocosmética no puede basarse en promesas, sino en evidencia y transparencia. En un sector donde a veces predominan la expectativa y el “hype”, nuestra responsabilidad es clara: ofrecer productos eficaces, seguros y clínicamente probados, y hacerlo además con un acceso lo más democrático posible.
¿Cuáles son hoy sus principales ejes estratégicos en materia de responsabilidad y sostenibilidad? ¿Qué iniciativas, proyectos o buenas prácticas responsables destacaría especialmente en relación con la investigación científica, la calidad de vida y la longevidad saludable?
En materia de responsabilidad y sostenibilidad, nuestros ejes estratégicos actuales se articulan en torno a cuatro pilares: (1) Ciencia responsable y claims rigurosos. Priorizamos la robustez científica y la honestidad en nuestra comunicación: lo que decimos debe estar respaldado porque la prevención y el cuidado de la salud de la piel exigen rigor, no exageración. (2) Seguridad, tolerancia y enfoque preventivo. Trabajamos para formular con altos estándares de tolerancia, pensando en necesidades reales de la piel y en la prevención a largo plazo: protección frente a agresores externos, envejecimiento cutáneo y daño acumulativo. (3) Acceso y valor: eficacia a precios democráticos. Entendemos la accesibilidad como parte de la responsabilidad de marca: la evidencia clínica y la innovación deben estar al alcance de más personas, no solo de unos pocos. Y finalmente (4) Sostenibilidad en evolución: packaging, operaciones y cadena de valor. Nuestra ambición es avanzar de forma progresiva y medible en aspectos como el impacto del packaging, la eficiencia operativa y la mejora continua en la cadena de suministro, integrando criterios de sostenibilidad sin comprometer calidad, seguridad ni eficacia.
En resumen: RoC es herencia farmacéutica, colaboración con profesionales y ciencia aplicada. Y hoy ese legado se traduce en una visión muy concreta: construir confianza en dermocosmética con evidencia, prevención y responsabilidad a través de un crecimiento sostenible y coherente con lo que la marca ha sido desde 1957.
¿Qué importancia tiene para RoC la comunicación transparente y basada en evidencia científica con sus grupos de interés (consumidores, profesionales sanitarios, distribuidores, sociedad) y cómo trabajan esta dimensión?
Para RoC, la comunicación transparente y basada en evidencia no es un “extra” reputacional: es el núcleo del contrato de confianza con todos nuestros grupos de interés. Nuestro punto de partida —y es coherente con nuestros casi 70 años de historia y con lo que defendemos como marca— es simple: el consumidor de dermocosmética ya no compra promesas. Está cansado del “hype”, de los antes/después imposibles y de los claims grandilocuentes basados en autoevaluaciones, en estudios sin rigor científico, en impresiones. Hoy el consumidor quiere realidades: resultados medibles, seguridad, tolerancia y un relato que resista preguntas. Y eso solo se sostiene con evidencia y con transparencia.
¿Qué importancia tiene? Pues desde mi punto de vista es clave. Porque en dermocosmética la confianza se construye con tres pilares: lo que haces ( I+D y formulación, uso de materias primas de máxima seguridad, fuentes de suministro sostenibles y testadas), lo que pruebas (validación clínica del 100% de los productos por laboratorios independientes en todo tipo de pieles, incluyendo sensibles, y todo tipo de fototipos, al menos a través de cuatro métodos) y también lo que dices (comunicación responsable con claims basados en los resultados del pilar 2 con un enfoque muy práctico: si no se puede demostrar, no se debe prometer).
Nuestra comunicación es construida en función de a quién está destinada: claridad, rigor y expectativas realistas cuando nos dirigimos a los consumidores; datos, metodología y utilidad clínica cuando nos dirigimos a los profesionales sanitarios; consistencia y cumplimiento si hablamos a distribuidores y partners; y responsabilidad en un entorno saturados de claims cuando nuestra comunicación se dirige a la sociedad en su conjunto.
En definitiva, para RoC la transparencia basada en evidencia es la forma más responsable —y también la más estratégica— de crecer. Porque la confianza es el único activo que no se compra. Se merece. Se demuestra. Y se sostiene en el tiempo.
¿Cómo valora la situación actual de la sostenibilidad y la responsabilidad empresarial en el sector dermocosmético? ¿Cuáles considera que son las principales barreras y oportunidades en este ámbito?
En el sector dermocosmético, la sostenibilidad y la responsabilidad empresarial están avanzando, pero todavía conviven con una realidad incómoda: la confianza del consumidor y del profesional sanitario se ve erosionada cuando la promesa va por delante del rigor. Y eso aplica tanto a los mensajes “verdes” como a los mensajes “científicos”. La situación actual es, por tanto, de progreso, pero con asimetrías. Veo un sector que está evolucionando —más exigencia del consumidor, más sensibilidad social, más presión regulatoria—, pero en el que persisten asimetrías relevantes: marcas y canales con estándares muy sólidos conviven con otros donde aún hay laxitud en el uso de claims y, en ocasiones, una brecha entre marketing, formulación y control.
Las principales barreras son una regulación históricamente menos “tensionada” que otras categorías de salud y una aplicación desigual (la dermocosmética ha operado durante años con espacios interpretativos que han permitido niveles de rigor muy distintos y esto genera ruido y dificulta que el consumidor compare con criterio); una inconsistencia técnica en formulación y estabilidad de activos (la responsabilidad no termina en “incluir” un ingrediente, termina en garantizar estabilidad, concentración efectiva, tolerancia y desempeño real, y activos altamente inestables o técnicamente exigentes —como el retinol— requieren un enfoque serio de I+D, formulación y control de calidad para que el resultado sea consistente y defendible); y el “hype” como atajo competitivo en un mercado muy dinámico (existe la tentación de acelerar el mensaje sin elevar a la misma velocidad la evidencia, y esto puede generar expectativas irreales, uso inadecuado y, en última instancia, pérdida de confianza para todo el sector).
En cuanto a las oportunidades, en cambio, nos encontramos con una regulación como palanca de madurez del mercado (la evolución normativa europea sobre derivados de vitamina A es, en mi opinión, una respuesta directa a esa necesidad de elevar el estándar con un mensaje claro: menos promesa y más control, trazabilidad y seguridad); convertir la responsabilidad en ventaja competitiva (la gran oportunidad está en pasar del “claim” a la confianza sostenible con evidencia clínica y comunicación transparente, estándares de formulación y estabilidad consistentes, expectativas realistas, y coherencia en todos los canales: profesionales sanitarios, farmacia, distribuidores y consumidor; y, finalmente, sostenibilidad operativa, no solo narrativa (el siguiente salto del sector será demostrar avances medibles en packaging, eficiencia y cadena de valor, sin comprometer lo esencial en dermocosmética: seguridad, tolerancia y eficacia).
En síntesis, valoro el momento actual como una fase de transición: el sector tiene la oportunidad de madurar hacia un modelo donde la responsabilidad sea sinónimo de rigor y la sostenibilidad se mida por acciones verificables. En esa dirección, la combinación de una regulación más exigente y un consumidor menos tolerante al “hype” puede convertirse en el mejor motor de progreso.
¿Cuáles son los próximos retos y desafíos de RoC en materia de ciencia, prevención o sostenibilidad y qué hoja de ruta están siguiendo para afrontarlos en los próximos años?
Estamos en un momento apasionante: la lectura del genoma humano y la biología del envejecimiento están abriendo un nuevo paradigma de longevidad (“healthspan”). Si lo formulamos de manera directa, cada vez entendemos mejor que muchas patologías (cáncer, Alzheimer, cardiovasculares) son, en parte, consecuencias de procesos de envejecimiento celular. Como suele decir David Sinclair, el gran cambio es pasar de “tratar consecuencias” a intervenir en las causas del envejecimiento. Y en la línea de Jean-Marc Lemaître, el mensaje científico que nos inspira es que algunos marcadores del envejecimiento celular son modulables: se pueden influir rutas biológicas, no solo “tapar síntomas”.
En ese contexto, los próximos retos de RoC —y nuestra hoja de ruta— se ordenan en tres ejes: el primero es la ciencia: de “anti-edad” a “skin longevity” con precisión, y en este caso nuestro desafío es avanzar hacia una dermocosmética cada vez más dirigida, entendiendo qué perfiles biológicos responden mejor a moléculas como el retinol y diseñando soluciones más “a medida” (sin prometer magia: con método). Aquí encaja el trabajo del Longevity Advisory Board de RoC, compuesto por doctores y farmacéuticos de diferentes continentes, que orienta prioridades de investigación, desarrollo de producto y rigurosidad científica.
En segundo lugar, la evidencia: subir el listón de prueba para sostener el “clinically proven”. Más que lanzar novedades, el reto es construir confianza replicable. Por eso exploramos modelos avanzados como estudios genómicos y explantes humanos que ayudan a conectar biología real con resultados observables. Todo esto junto con series estadísticas con poblaciones que aseguren la significatividad estadística de los resultados.
Y, en tercer lugar, prevención y responsabilidad: educación + uso correcto + sostenibilidad real. Prevención significa fotoprotección, rutina consistente y, sobre todo, uso responsable de activos potentes. Y la sostenibilidad, para nosotros, debe ser medible y compatible con seguridad, tolerancia y eficacia (packaging, operaciones, cadena de valor), sin “green hype”.
En resumen: nuestra hoja de ruta no va de prometer más, sino de entender mejor, demostrar mejor y comunicar con honestidad. Porque en longevidad —y en dermocosmética— estamos convencidos de que el futuro no lo ganan los claims: lo gana la evidencia.
¿Qué mensaje final le gustaría dejar a la audiencia de Corresponsables?
Me gustaría cerrar con un mensaje de esperanza. El futuro de la dermocosmética es verdaderamente estimulante: los avances en lectura genómica, el estudio de marcadores biológicos y la comprensión del envejecimiento molecular y epigenético están abriendo un nuevo marco para la prevención y el cuidado de la piel, con un potencial enorme en los próximos años.
A menudo digo que convivimos con tres “edades”: la edad cronológica (la que figura en el DNI), la edad que sentimos por dentro y la edad que los demás perciben. No podemos cambiar la primera. Pero la ciencia está inaugurando un camino esperanzador para reducir la distancia entre cómo nos sentimos y cómo nos perciben, ayudándonos a cuidar mejor la piel y a preservar su calidad con un enfoque más preventivo y, cada vez, más preciso.Ahora bien, este futuro solo tendrá sentido si se recorre con responsabilidad. Necesitamos marcas que comuniquen con rigor, que basen sus claims en evidencia y en resultados clínicamente probados, y que se alejen de promesas que generan expectativas irreales. En un sector con mucho “hype”, la verdadera innovación será la que consiga algo más valioso: confianza sostenida en el tiempo.
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