Helen Devanny, VP de Sage Foundation, encontró en la Responsabilidad Social un espacio donde conectar dos dimensiones que durante demasiado tiempo se habían presentado como opuestas: el éxito empresarial y el progreso social. Desde el comienzo de su trayectoria comprendió que las compañías no solo comercializan productos o servicios, sino que también “moldean comunidades, crean oportunidades y desarrollan capacidades”. Esa mirada sigue guiando hoy su trabajo, bajo la convicción de que “el impacto duradero nace de desarrollar capacidades, no dependencias” y de que las empresas más resilientes serán aquellas capaces de generar valor para sus accionistas, la sociedad y el planeta.
- Helen, ¿qué despertó tu interés por la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad al comienzo de tu trayectoria?
- En aquel momento, la RSC ocupaba un espacio muy diferente dentro de las empresas. ¿Cómo describirías la evolución hasta el escenario actual?
- ¿Qué otras transformaciones reflejan esa mayor madurez de la Responsabilidad Social?
- ¿Qué hitos han sido decisivos para consolidar el impacto social como una prioridad estratégica?
- Corresponsables también ha acompañado esta evolución durante veinte años. ¿Qué aportación destacarías de su trayectoria?
- ¿Cuál es la principal lección que has aprendido sobre la manera de generar un impacto verdaderamente duradero?
- ¿Recuerdas alguna experiencia que refleje cuánto ha cambiado la percepción de la RSC dentro de las organizaciones?
- ¿Quiénes consideras que fueron los verdaderos pioneros de esta transformación?
- Desde Sage Foundation, ¿qué iniciativas representan mejor ese paso de la ayuda puntual al desarrollo de capacidades?
- ¿Cómo imaginas la evolución de la Responsabilidad Social durante las próximas dos décadas?
- Para terminar, ¿qué papel deben asumir las nuevas generaciones ante este nuevo escenario?
En el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Devanny reconoce el papel de una plataforma que apostó por la empresa responsable mucho antes de que la Sostenibilidad se incorporara de forma generalizada a la agenda corporativa. A su juicio, Corresponsables ha creado un espacio compartido para el aprendizaje entre empresas, entidades sociales, administraciones, mundo académico y ciudadanía. Durante estas dos décadas, “ha documentado la evolución de la propia RSC al tiempo que contribuía a darle forma”, acompañando el paso de la comunicación de actividades a una pregunta mucho más exigente: qué ha cambiado realmente gracias a ellas.
Helen, ¿qué despertó tu interés por la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad al comienzo de tu trayectoria?
Me sentí atraída por la Responsabilidad Social porque se sitúa en la intersección entre el éxito empresarial y el progreso social. Al comienzo de mi carrera comprendí que las empresas tienen una influencia que va mucho más allá de los productos que venden: moldean comunidades, crean oportunidades, desarrollan capacidades y, cada vez más, determinan la posibilidad de que las personas participen en la economía del futuro.
Lo que más me interesó fue la idea de que el éxito comercial y el impacto social no son prioridades enfrentadas. Las empresas más resilientes del futuro serán aquellas capaces de generar valor simultáneamente para sus accionistas, para la sociedad y para el planeta.
Esa convicción sigue guiando mi trabajo hoy.
En aquel momento, la RSC ocupaba un espacio muy diferente dentro de las empresas. ¿Cómo describirías la evolución hasta el escenario actual?
Cuando empecé, la RSC se veía a menudo como una función independiente, o incluso como un centro de costes, centrada en la filantropía, la inversión en la comunidad y la gestión de la reputación. Todavía arrastraba la percepción de servir únicamente para “lavar la imagen” de la empresa, en lugar de utilizarse de manera estratégica y proactiva.
Hoy, la Sostenibilidad y el impacto social están cada vez más integrados en la estrategia empresarial. La conversación ha pasado de “¿cuánto deberíamos donar?” a “¿cómo creamos valor a largo plazo?” e, incluso, a preguntarnos si somos nosotros quienes debemos liderar una iniciativa o si existen otros actores mejor preparados para hacerlo.
El mayor cambio es que la RSC ha pasado de estar en los márgenes a ocupar un lugar en los consejos de administración. Actualmente está estrechamente vinculada a la atracción del talento, la innovación, la Inteligencia Artificial, las cadenas de suministro, la gestión del riesgo, la confianza de los clientes y el crecimiento empresarial.
¿Qué otras transformaciones reflejan esa mayor madurez de la Responsabilidad Social?
Destacaría tres: el paso de la filantropía al impacto estratégico; la creciente expectativa de que las empresas respondan ante los desafíos sociales y ambientales; y el auge de la tecnología digital y la Inteligencia Artificial como aceleradores del desarrollo sostenible.
También hemos pasado de medir los recursos invertidos —como el dinero donado o las horas de voluntariado— a evaluar los resultados obtenidos y los cambios sistémicos generados.
Las organizaciones líderes ya no se preguntan únicamente qué aportaron, sino qué cambió gracias a esa contribución.
¿Qué hitos han sido decisivos para consolidar el impacto social como una prioridad estratégica?
Señalaría tres grandes hitos.
El primero fue la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El segundo, el auge de los criterios ESG y del reporting integrado. Y el tercero, la aparición de la Inteligencia Artificial y de las tecnologías digitales como herramientas capaces de contribuir a resolver desafíos sociales a gran escala.
En conjunto, estos avances han convertido el impacto social en un imperativo estratégico para las empresas.
Corresponsables también ha acompañado esta evolución durante veinte años. ¿Qué aportación destacarías de su trayectoria?
Conocí Corresponsables por ser una de las pocas plataformas que apostó de forma constante por la empresa responsable mucho antes de que la Sostenibilidad se convirtiera en una prioridad generalizada.
Su principal contribución ha sido crear un espacio compartido donde empresas, ONG, instituciones públicas, mundo académico y ciudadanía pueden aprender unos de otros.
Durante veinte años ha ayudado a que la conversación evolucionara desde la simple comunicación de actividades hacia la comprensión del impacto real. En muchos sentidos, ha documentado la evolución de la propia RSC al tiempo que contribuía a darle forma.
¿Cuál es la principal lección que has aprendido sobre la manera de generar un impacto verdaderamente duradero?
La principal lección es que el impacto duradero nace de desarrollar capacidades, no dependencias. Como dice el conocido proverbio: “Dale un pez a una persona y comerá un día; enséñale a pescar y comerá toda la vida”.
En Sage Foundation hemos reforzado este enfoque mediante programas como Sage Foundation Grow, que ayuda a las entidades sociales a través de mentoring, tecnología, desarrollo de competencias, financiación y acceso a redes.
El objetivo no es únicamente ayudarlas hoy, sino fortalecer su capacidad para generar impacto durante muchos años.
También he aprendido que ningún actor puede resolver por sí solo los grandes retos sociales y ambientales. El progreso surge de la colaboración entre empresas, administraciones públicas, entidades sociales, centros educativos y comunidades.
¿Recuerdas alguna experiencia que refleje cuánto ha cambiado la percepción de la RSC dentro de las organizaciones?
Recuerdo una época en la que dedicábamos más tiempo a explicar por qué la RSC era importante que a debatir cómo podíamos maximizar su impacto.
Hoy, los líderes ya no preguntan si las empresas deben contribuir a resolver los retos sociales, sino cuál es la mejor manera de hacerlo.
Ese cambio refleja hasta qué punto ha evolucionado la profesión.
¿Quiénes consideras que fueron los verdaderos pioneros de esta transformación?
Han sido muchas las personas, especialmente profesionales de empresas, ONG e instituciones públicas, que defendieron la creación de valor social mucho antes de que estuviera de moda.
Los verdaderos pioneros fueron quienes demostraron que beneficio y propósito podían convivir y reforzarse mutuamente.
Desde Sage Foundation, ¿qué iniciativas representan mejor ese paso de la ayuda puntual al desarrollo de capacidades?
Uno de los mejores ejemplos es Sage Foundation Grow, que fortalece a organizaciones sociales mediante competencias digitales, Inteligencia Artificial, liderazgo, mentoring y apoyo empresarial.
Otro es nuestra colaboración con Somos F5, que une tecnología, educación e impacto social para dotar a las personas de capacidades digitales y de IA esenciales para la economía actual.
Estos modelos representan el futuro de la RSC: no limitarse a donar recursos, sino capacitar a personas y organizaciones para que puedan construir su propio futuro.
¿Cómo imaginas la evolución de la Responsabilidad Social durante las próximas dos décadas?
Creo que los próximos veinte años estarán menos centrados en la RSC como una disciplina independiente y más orientados a la creación de economías inclusivas, resilientes y sostenibles.
Tres tendencias marcarán el futuro: la generalización de la Inteligencia Artificial para el bien común; el protagonismo del desarrollo de capacidades frente a la filantropía tradicional; y una medición del impacto mucho más sofisticada y centrada en resultados reales.
El gran desafío no será tecnológico, sino garantizar que la innovación sea inclusiva y que los beneficios de la economía de la IA se distribuyan de forma equitativa.
Para terminar, ¿qué papel deben asumir las nuevas generaciones ante este nuevo escenario?
La próxima generación no debe limitarse a heredar la agenda de la Sostenibilidad: debe redefinirla.
Les animaría a mantener la curiosidad, cuestionar las ideas establecidas y apostar por la colaboración.
Los primeros veinte años de la RSC demostraron que la empresa puede ser una fuerza para el bien. Los próximos veinte deberán demostrar que también puede ayudar a construir un futuro más inclusivo, sostenible y potenciado por la Inteligencia Artificial para todas las personas.
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