La transición energética necesita nuevas infraestructuras y, con ellas, una mirada atenta a los territorios por los que pasan. Eva Pagán, Directora Corporativa de Sostenibilidad y Estudios de Redeia, explica en esta entrevista con Corresponsables cómo la compañía quiere incorporar sus compromisos ambientales y sociales a las decisiones de sus distintas áreas. “Lo que sí queremos es que todas las unidades de la compañía formen parte de ese Plan”, señala.
- Para empezar la entrevista, Redeia desempeña un papel esencial en la transición energética. ¿Cómo ha evolucionado vuestra manera de entender la Sostenibilidad y qué lugar ocupa hoy en la compañía?
- Este año habéis aprobado vuestro Plan de Sostenibilidad 2026-2029. ¿Cuáles son sus principales novedades y qué objetivos os habéis marcado para esta nueva etapa?
- ¿Cómo se traslada este Plan a las decisiones del negocio y al trabajo de las distintas áreas de Redeia? ¿Podrías compartir algún ejemplo?
- Una de las novedades que has comentado y que queríais impulsar este año es vuestra línea de acción forestal. ¿Qué reflexión os ha llevado a elaborar el Libro Blanco de los Bosques terrestres y qué cambio de enfoque propone?
- En las recientes Jornadas de Sostenibilidad de Redeia moderaste una mesa sobre el futuro de los bosques. ¿Por qué el estado de estos ecosistemas es también importante para la seguridad y la resiliencia del sistema eléctrico?
- Para llevar esta nueva visión a la práctica, ¿cómo vais a decidir dónde actuar y qué necesita cada territorio forestal?
- Antes has mencionado que el Libro Blanco aborda el valor de los servicios ecosistémicos. ¿Cómo puede traducirse este valor en recursos que permitan mantener la gestión y el cuidado de los bosques a largo plazo?
- ¿Qué papel van a tener los propietarios forestales, las administraciones y las comunidades locales en el desarrollo de todas estas actuaciones?
- Si lo llevamos a una iniciativa concreta, ya habéis comenzado a trabajar con la Fundación Naturaleza y Hombre en Bosques Flotantes, en Cantabria. ¿En qué consiste el proyecto y qué esperáis que aporte a la zona?
- Para terminar, Eva, mirando al horizonte de 2029, ¿cómo vais a evaluar los resultados del Plan y de esta nueva línea forestal y a compartir estos avances con vuestros grupos de interés?
El nuevo Plan de Sostenibilidad 2026-2029 convive con una línea de acción forestal que Redeia ha plasmado en su Libro Blanco de los Bosques. En torno a una cuarta parte de sus más de 45.000 kilómetros de infraestructuras en España discurre por zonas forestales. “La resiliencia de nuestras infraestructuras depende en mucha medida de cómo sean esos bosques”, apunta Pagán.
La Directora Corporativa de Sostenibilidad y Estudios aborda la relación entre la red eléctrica y los ecosistemas forestales, el papel de las comunidades locales y los primeros pasos de esta línea de trabajo. También defiende la necesidad de medir los resultados: “Solo midiendo podremos saber si estamos consiguiendo lo que queremos”.
Para empezar la entrevista, Redeia desempeña un papel esencial en la transición energética. ¿Cómo ha evolucionado vuestra manera de entender la Sostenibilidad y qué lugar ocupa hoy en la compañía?
En los 41 años de la compañía, la relación de Redeia con los aspectos de Sostenibilidad, tanto de gobernanza como medioambientales y sociales, siempre ha sido muy estrecha. Pero en este nuevo Plan hemos querido dar un salto.
La compañía se encuentra en una posición privilegiada para acompañar y hacer posible la transición energética. Eso supone desplegar muchas infraestructuras y redes, y tenemos la oportunidad de que nuestro Plan de Sostenibilidad y nuestras ambiciones ambientales y sociales acompañen a todas las actividades de la compañía y se integren en sus negocios.
Queremos que la Sostenibilidad sea una palanca para conseguir los objetivos que nos hemos marcado en nuestro Plan de Sostenibilidad y en nuestro Plan Estratégico, que comparten horizonte temporal.
Este año habéis aprobado vuestro Plan de Sostenibilidad 2026-2029. ¿Cuáles son sus principales novedades y qué objetivos os habéis marcado para esta nueva etapa?
En este nuevo Plan hemos definido muy claramente nuestras ambiciones. Son dos y quedan recogidas en el lema «Redes para la transformación sostenible». Por una parte, queremos impulsar las infraestructuras necesarias para la transición energética. Hablamos tanto de interconexiones como de la resiliencia que deben tener las infraestructuras para soportar los efectos del cambio climático.
Todo ello lo queremos hacer creando un impacto positivo en los territorios donde operamos, en la naturaleza y en la sociedad con la que interactuamos. Para conseguirlo nos apoyamos en distintas palancas de negocio, sin las cuales sería muy difícil alcanzar nuestros objetivos.
Una de ellas es la financiación sostenible, porque necesitamos inversión para desarrollar nuestros proyectos. También miramos a la cadena de suministro: si queremos tener un impacto positivo, no debemos limitarnos al que genera Redeia, y queremos que toda nuestra cadena de suministro nos acompañe en ese objetivo común de crear impacto positivo. Tenemos también una mirada importante al talento y a la diversidad, que nos ayudarán a conseguir las ambiciones del Plan.
El Plan se estructura en 33 objetivos concretos y medibles. Hemos tratado de que sean cuantificables para poder identificar si estamos avanzando hacia lo que nos hemos propuesto.
¿Cómo se traslada este Plan a las decisiones del negocio y al trabajo de las distintas áreas de Redeia? ¿Podrías compartir algún ejemplo?
Es un plan transformador y no tendría sentido que fuera únicamente del área de Sostenibilidad. Lo que sí queremos es que todas las unidades de la compañía formen parte de ese Plan. Así lo hemos desarrollado, reforzando la participación de las propias áreas para que propongan sus objetivos y cómo quieren que sea esa transformación sostenible.
Uno de los ejemplos es la resiliencia de las infraestructuras. Estamos trabajando para construir el sistema eléctrico de las próximas décadas, con infraestructuras que se verán sometidas a cuestiones ambientales y sociales durante mucho tiempo. Por eso, desde el área de negocio que las gestiona se trabaja en su diseño con esa mirada de largo plazo.
Otro ejemplo es nuestra relación con el territorio. Tenemos más de 45.000 kilómetros de infraestructuras en España y van a perdurar en el tiempo. Queremos que los territorios que atraviesan tengan también una oportunidad y que la transición energética los incluya. Nuestro Plan tiene una mirada social muy potente hacia el territorio.
También trabajamos con nuestros proveedores, a quienes compartimos nuestros objetivos para alinearnos con ellos en materia ambiental, social y de gobernanza y conseguir un impacto mayor. Y hay otra línea relacionada con los bosques y con la forma en que queremos que las infraestructuras eléctricas se relacionen con ellos en el futuro.
En definitiva, tratamos de incorporar la Sostenibilidad al día a día de nuestros negocios y a la conversación de quienes los gestionan, para que sea una palanca más que les ayude a conseguir sus objetivos.
Una de las novedades que has comentado y que queríais impulsar este año es vuestra línea de acción forestal. ¿Qué reflexión os ha llevado a elaborar el Libro Blanco de los Bosques terrestres y qué cambio de enfoque propone?
Nuestra relación con los bosques y con la gestión forestal viene de antiguo. Tenemos más de 45.000 kilómetros de infraestructuras y aproximadamente una cuarta parte discurre por zonas forestales. Compartimos territorio en una proporción muy elevada.
Al mismo tiempo, la resiliencia de nuestras infraestructuras depende en mucha medida de cómo sean esos bosques y de cómo respondan a los fenómenos meteorológicos, los incendios o la erosión del suelo. Todo ello también influye en nuestras instalaciones.
Hemos querido dar un paso más y profundizar en cuestiones relacionadas con los bosques que quizá no son tan evidentes. Cuando hablamos de ellos, pensamos en la captura de carbono, los árboles o la madera, pero también en la economía que puede surgir a su alrededor, en su cuidado, en la biodiversidad y la avifauna, o en la fijación de población en territorios menos poblados.
Además, los bosques ofrecen servicios ecosistémicos de los que se beneficia toda la sociedad y que, sin embargo, todavía no están articulados. Creemos que podemos aliarnos con otros agentes del mundo forestal y actuar con una mirada a medio y largo plazo. Si nuestras infraestructuras miran a 40 años, un bosque también requiere pensar en ese horizonte.
El Libro Blanco de los Bosques es una brújula para nuestras acciones. Queremos dar sentido a lo que ya hacíamos y buscar qué más podemos hacer para tener bosques más sanos y resilientes en los próximos años.
En las recientes Jornadas de Sostenibilidad de Redeia moderaste una mesa sobre el futuro de los bosques. ¿Por qué el estado de estos ecosistemas es también importante para la seguridad y la resiliencia del sistema eléctrico?
Fue uno de los focos de nuestras Jornadas de Sostenibilidad y creo que fue un tema que sorprendió. En el mundo de los bosques hay muchísimas perspectivas y actores que pueden participar. En la mesa reunimos distintas miradas que creemos necesarias: la científica, la territorial, desde el conocimiento de lo que ocurre en el día a día de los bosques, y la relacionada con la certificación y los servicios ecosistémicos, que puede ayudar a madurar las iniciativas.
España es un país con una gran superficie forestal, aunque a veces se la relaciona con la desertificación. Alrededor de la mitad de su superficie es forestal y comprende distintas formaciones. Y no todas son iguales: tenemos bosques mediterráneos y atlánticos que requieren una mirada particular.
En esa superficie hay mucho campo de acción, porque apenas el 20% cuenta con planes de gestión forestal en vigor. Con la aportación científica, social, territorial y de los mecanismos de certificación podemos contribuir a la resiliencia de los bosques. Esa resiliencia también se trasladará a los territorios por los que pasamos y a nuestras infraestructuras.
Para llevar esta nueva visión a la práctica, ¿cómo vais a decidir dónde actuar y qué necesita cada territorio forestal?
Lo primero es ser conscientes de las diferentes tipologías de bosques y regiones. Tenemos que ser sensibles a esa diversidad: no vamos a aplicar una misma receta en todos los sitios.
Un criterio claro es la relación con nuestras infraestructuras. Vamos a trabajar de forma prioritaria allí donde exista un vínculo territorial o relacionado con su resiliencia. Otro criterio es el valor ambiental, junto con los aspectos sociales y la necesidad de divulgar y sensibilizar sobre la importancia de los bosques.
También queremos escuchar a quienes están en el territorio, porque son quienes mejor conocen sus necesidades y el valor que se puede aportar a cada bosque. A veces esa realidad no se ve igual desde un despacho situado a cientos de kilómetros.
Estos criterios nos permitirán elegir iniciativas que aporten el mayor valor. Para ello necesitamos establecer métricas, objetivos, una hoja de ruta y una línea de partida. Tenemos que saber de dónde partimos y hacia dónde queremos llegar. Así podremos ver, especialmente al principio, qué funciona, qué necesita más tiempo o qué debe modificarse. Es importante compartirlo con transparencia y estar abiertos a organizaciones, instituciones, administraciones y la comunidad científica, para crear un impacto que aporte valor y perdure en el tiempo.
Antes has mencionado que el Libro Blanco aborda el valor de los servicios ecosistémicos. ¿Cómo puede traducirse este valor en recursos que permitan mantener la gestión y el cuidado de los bosques a largo plazo?
Creemos que es muy importante establecer métricas y medir con el mayor rigor posible. Solo midiendo podremos saber si estamos consiguiendo lo que queremos o si nos estamos alejando de aquello que identificamos como prioritario.
No es fácil, pero se pueden combinar varios mecanismos. Algunos están más maduros, como los relacionados con las absorciones de carbono. Para otros servicios ecosistémicos, como el valor de la calidad del agua que proporcionan los bosques, la medición resulta más difícil.
También podemos ayudar a desarrollar fórmulas como los contratos de custodia, los mecanismos de financiación de la restauración y el cuidado de los bosques o los criterios de biodiversidad. Son ámbitos por explorar, para los que necesitamos alianzas con la comunidad científica, el mundo académico y las instituciones. Sus distintas perspectivas pueden guiarnos y ayudarnos a desarrollar los mecanismos que utilicemos para medir el valor de estos servicios.
Las empresas nos movemos por el valor de las cosas que hacemos. Si ayudamos a cuantificar el valor de estos servicios ecosistémicos, otras empresas pueden encontrar más atractivo participar en estos proyectos. En Redeia queremos ayudar a desarrollar estos mecanismos y facilitar que otros actores se incorporen.
¿Qué papel van a tener los propietarios forestales, las administraciones y las comunidades locales en el desarrollo de todas estas actuaciones?
Los propietarios forestales son esenciales, porque tienen la responsabilidad de la gestión de los bosques. A veces podemos pensar que la propiedad está en manos de unos pocos grandes titulares, pero hay muchas personas que han heredado pequeñas parcelas, en ocasiones lejos de su lugar de residencia.
En algunos territorios, como Soria, existen asociaciones que ayudan a gestionar conjuntamente esas parcelas. Las administraciones también son fundamentales: sus competencias se distribuyen entre los ámbitos nacional, regional y municipal, y su participación es necesaria para orientar y alinear los proyectos a través de la normativa.
Las comunidades locales conocen de primera mano qué necesitan sus bosques y qué zonas requieren otra gestión para reducir riesgos. Lo hemos visto en situaciones como las vividas este año, con la amenaza de incendios en bosques próximos a la población. Quienes viven allí también pueden identificar cómo los servicios ecosistémicos les ayudarían a permanecer en su lugar de residencia.
Estamos convencidos de que todos estos actores tienen que incorporarse a todas las iniciativas en una fase muy temprana, en una fase de diseño. Queremos incorporarlos y embarcarlos desde el principio, buscar alianzas y contar con su ayuda para diseñar y desarrollar lo que hemos expresado en el Libro Blanco.
Si lo llevamos a una iniciativa concreta, ya habéis comenzado a trabajar con la Fundación Naturaleza y Hombre en Bosques Flotantes, en Cantabria. ¿En qué consiste el proyecto y qué esperáis que aporte a la zona?
Aunque veníamos desarrollando otros proyectos relacionados con los bosques, Bosques Flotantes es el primero asociado directamente a la iniciativa del Libro Blanco. Se desarrolla en la Montaña Oriental Cántabra y abarca aproximadamente 14 municipios.
Su nombre tiene una razón histórica: durante los siglos XVII y XVIII, mucha madera de aquellos bosques se utilizó para construir navíos. El proyecto busca recuperar zonas degradadas mediante la restauración con especies autóctonas. Otra línea de trabajo es la eliminación de vegetación alóctona que existe actualmente en la zona.
La iniciativa también tiene una vertiente socioeconómica. Busca revitalizar un ecomuseo con una misión de divulgación y sensibilización sobre la importancia de los bosques, aprovechando la riqueza natural de la región. Queremos reforzar el vínculo de la población con ellos y mostrar que su recuperación puede generar oportunidades económicas.
Al ser el primer proyecto que lanzamos bajo este enfoque, queremos que tenga también un carácter demostrativo: observar qué funciona y qué no, para poder replicar los aprendizajes en otros lugares.
Para terminar, Eva, mirando al horizonte de 2029, ¿cómo vais a evaluar los resultados del Plan y de esta nueva línea forestal y a compartir estos avances con vuestros grupos de interés?
El Plan de Sostenibilidad implica a todas las áreas y negocios de Redeia y cuenta con métricas cuantitativas. Realizamos un seguimiento periódico de sus 33 objetivos, supervisado por los órganos de control de la compañía, para saber si avanzamos hacia la transformación sostenible prevista para 2029 e identificar posibles desviaciones.
Eso exige un ejercicio de transparencia que venimos realizando desde hace mucho tiempo, publicando nuestros avances. Si en algún caso no cumplimos un objetivo o lo cambiamos porque vemos que no era lo que buscábamos, lo vamos a contar. Creemos que ese ejercicio de responsabilidad y transparencia es útil para nuestros grupos de interés.
Las cuestiones relacionadas con la Sostenibilidad se tienen que contar alejadas de los grandes eslóganes o del marketing. Hay que contarlo con hechos, con métricas, con avances y con medición del impacto positivo, que es el objetivo último de nuestro Plan: crear impacto positivo en los territorios, en la naturaleza y en las personas.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables y en el Caso Práctico de Redeia en el Anuario Corresponsables 2026.


