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Cada año se diagnostican en España alrededor de 38.000 nuevos casos de cáncer de mama1. Afortunadamente, la mayoría se detectan en fases tempranas, siendo el cáncer de mama precoz HR+/HER2–, que representa aproximadamente el 70% de los diagnósticos, el subtipo más frecuente2. Aproximadamente dos de cada tres pacientes con cáncer de mama precoz HR+/HER2– de elevado riesgo continúan expuestas a presentar una recaída de su enfermedad y que esta se manifieste como enfermedad avanzada e incurable3,4. Esta posibilidad existe incluso años después del diagnóstico inicial y convierte el riesgo de recaída en una preocupación constante y en uno de los principales miedos de futuro, como reconoce el 84% de las pacientes.
El informe ‘ImpOrta. Experiencia asistencial e impacto del cáncer de mama precoz desde la perspectiva de las pacientes’, impulsado por Novartis, la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA), la Fundación Actitud Frente al Cáncer, el Grupo SOLTI, GEICAM y la Sociedad Española de Enfermería Oncológica (SEEO), recoge la voz de mujeres en España con cáncer de mama precoz subtipo HR+/HER2- que han sido sometidas a cirugía y tratamiento adyuvante. El estudio analiza cómo el proceso de la enfermedad y el temor a una posible recaída trascienden el ámbito clínico y condicionan la vida personal y profesional de las pacientes.
En esta línea, el informe señala que cerca del 95% de las mujeres con cáncer de mama precoz HR+/HER2– considera que la enfermedad afecta negativamente a su desempeño profesional. Entre las principales dificultades destacan la necesidad de bajas médicas (80,6%), las ausencias para acudir a consultas (72,6%) y las limitaciones para realizar tareas habituales debido a la fatiga o a problemas de concentración (69,4%). Además, más de la mitad (53,2%) afirma que requieren adaptaciones en el entorno laboral, como teletrabajo o reducción de jornada. Este impacto en el desempeño profesional se traduce también en efectos concretos sobre la situación laboral de las pacientes: un 34% de las participantes considera que debe abandonar la actividad laboral y un 29% estima cambios en el puesto, las responsabilidades o la posición.
En relación con la reincorporación laboral, el estudio evidencia que la vuelta al trabajo constituye uno de los momentos más complejos para las pacientes. Entre las principales dificultades percibidas destacan la preocupación por no poder desempeñar las tareas habituales (74,2%), la necesidad de adaptar el puesto o la jornada laboral para ajustarlos a sus capacidades (59,7%) y la incertidumbre sobre cómo compatibilizar las citas médicas con la actividad profesional (55,6%).
A estas barreras organizativas se suman factores emocionales relevantes, como el temor a perder el empleo debido a la condición de salud y a las exigencias del tratamiento (53,2%) o la preocupación por tener que compartir su situación con compañeros y entorno laboral (37,1%). Todo ello dificulta la recuperación del ritmo previo al diagnóstico y condiciona tanto el desempeño laboral como el bienestar psicológico. De hecho, un 12,1% considera que las pacientes están realmente preparadas para reincorporarse, lo que evidencia que el regreso al trabajo supone un desafío físico, emocional y organizativo de gran magnitud.
“El cáncer de mama afecta en muchos sentidos a las pacientes y significa un parón por un tiempo sin determinar con la seguridad de que nada volverá a ser igual. Los posibles efectos secundarios permanentes afectan al desarrollo de la vida diaria, tanto en el ámbito laboral, ya que hay pacientes que no pueden volver a realizar el trabajo que hacían previo al cáncer, como en su vida diaria, ya que vivir con dolor continuo o con restricciones de movimiento hace que las pacientes cambien de humor y, consecuentemente, se vea afectada también su salud mental y sus relaciones con el entorno más próximo”, señala Conchi Biurrun, representante de la Federación Española de Cáncer de Mama FECMA y paciente de cáncer de mama.
El Informe ImpOrta sitúa en el centro la experiencia real de las pacientes y pone de manifiesto que el abordaje del cáncer de mama precoz debe ser integral, teniendo en cuenta el control clínico de la enfermedad y sus implicaciones emocionales, sociales y laborales. En este sentido, también pone de relieve la necesidad de hacer más clara y comprensible la información que reciben las pacientes. El informe subraya la importancia de empoderarlas a través de una comunicación clara y adaptada sobre su situación clínica, el riesgo de recaída y el manejo de los efectos a largo plazo, ya que contar con esta información les permite participar activamente en la toma de decisiones, reducir la incertidumbre y afrontar con mayor seguridad las distintas etapas del proceso.
Esther Espinosa, directora de Comunicación y Relaciones con Pacientes de Novartis España, afirma que “el cáncer de mama y la incertidumbre asociada siguen influyendo en la vida cotidiana de muchas mujeres después del tratamiento, también en el ámbito profesional. Comprender este impacto es fundamental para poder dar una respuesta más integral a sus necesidades. Desde Novartis creemos que escuchar y visibilizar la experiencia de las pacientes es clave para avanzar hacia un abordaje que tenga en cuenta tanto el control clínico como las implicaciones emocionales, sociales y laborales. Nuestro compromiso es seguir trabajando junto a asociaciones, profesionales sanitarios y pacientes para contribuir a mejorar su calidad de vida a lo largo de todo el recorrido de la enfermedad”.
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