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La sostenibilidad se consolida como eje estratégico dentro de las grandes compañías del sector alimentario. Así quedó reflejado en la 4ª edición del podcast Diálogos con ECO, impulsado por Dilograf, que contó con la participación de Jordi Aycart, Iberian Head of Supply Chain & Sustainability de Nestlé. Durante la conversación se analizó cómo una multinacional de esta dimensión incorpora el impacto ambiental, social y económico en la toma de decisiones empresariales.
Lejos de abordarse como una iniciativa aislada, la sostenibilidad forma parte del núcleo de la estrategia de Nestlé bajo el enfoque de Creación de Valor Compartido. Este modelo implica que cada decisión relevante se evalúa no solo en términos de coste y eficiencia, sino también en función del consumo de recursos, las emisiones y el impacto en el entorno.
Producción y energía: decisiones industriales con criterio ambiental
Entre los ejemplos expuestos por Jordi Aycart destacan las fábricas de Girona y La Penilla (Cantabria), donde se han implantado calderas de biomasa que utilizan subproductos del propio proceso productivo como fuente de energía. En Girona se aprovechan los posos de café y en La Penilla las cáscaras de cacao, sustituyendo combustibles fósiles y reduciendo emisiones, al tiempo que se valorizan residuos dentro de un modelo de economía circular.
Este enfoque se enmarca en la estrategia corporativa Good for You, Good for the Planet y Good for Communities, que integra la mejora nutricional de los productos, la reducción del impacto ambiental y el apoyo a las personas que forman parte de la cadena de valor.
El mayor impacto está en el origen
Una de las principales conclusiones del encuentro fue que el mayor impacto ambiental no se produce en las fábricas, sino fuera de ellas. Aproximadamente el 95% de las emisiones asociadas a la actividad de la compañía se generan a lo largo de la cadena de valor, en lo que se conoce como emisiones de alcance 3.
Este dato sitúa en el centro de la estrategia a agricultores, ganaderos, proveedores y operadores logísticos. La apuesta por la agricultura regenerativa y la colaboración con socios externos se considera clave para lograr transformaciones reales y duraderas, tanto en la producción de materias primas como en el transporte o los envases.
En las operaciones en España, la compañía ha logrado reducir en torno a un 36% sus emisiones respecto a 2018. Esta evolución se atribuye a la sustitución progresiva de fuentes energéticas, la mejora de la eficiencia industrial y el uso de biomasa. Además, desde 2022, el 100% de la electricidad adquirida por Nestlé en España procede de fuentes renovables, incluyendo fábricas y oficinas. El transporte también forma parte de esta transición, con rutas que operan con camiones eléctricos y biocombustibles avanzados.
Envases, colaboración y credibilidad
Aunque el debate público suele centrarse en el packaging, se subrayó que este representa una parte reducida de la huella de carbono total frente a otros factores como las materias primas o el transporte. Aun así, la compañía aplica criterios de ecodiseño para reducir materiales y mejorar la reciclabilidad, con la gran mayoría de sus envases en España diseñados para ser reciclados o reutilizados.
Los retos son tanto técnicos —mantener prestaciones al sustituir plástico virgen por material reciclado— como sistémicos, ya que el cierre del ciclo depende de una correcta separación de residuos por parte de los consumidores. También se destacó la reutilización de plástico recuperado en otros elementos de uso empresarial, mostrando aplicaciones más allá del envase.
En materia de comunicación, la compañía apuesta por la transparencia, la verificación externa y el rigor para evitar el greenwashing. Informes públicos, certificaciones independientes y procesos internos de revisión buscan garantizar que cualquier afirmación sobre sostenibilidad sea comprobable.
Como conclusión, se trasladó que la sostenibilidad no es solo una responsabilidad ética, sino una condición para la continuidad del negocio. En un sector que depende directamente de los recursos naturales y que afronta mayores exigencias por parte de consumidores, inversores y reguladores, integrar el impacto ambiental y social se perfila como un factor clave de competitividad y relevancia futura.
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