El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lanzó una severa advertencia sobre el estado crítico de la cuenca amazónica, señalando que la deforestación y la degradación forestal están empujando al bioma tropical más grande del planeta hacia un «punto de inflexión». De sobrepasarse este límite, la Amazonía dejaría de absorber dióxido de carbono para convertirse en una fuente emisora de gases de efecto invernadero, destruyendo las metas del Acuerdo de París y desatando eventos meteorológicos extremos a nivel global.
Para evitar este escenario, el organismo multilateral enfatiza que la protección de la selva exige situar a los pueblos indígenas y comunidades locales en el centro de las políticas de conservación. Diversos estudios respaldados por la ONU demuestran que los territorios gestionados por comunidades nativas registran las tasas de deforestación más bajas, por lo que garantizar la titulación de sus tierras y financiar su conocimiento ancestral resulta fundamental para el cumplimiento del ODS 13 (Acción por el clima) y el ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres).
Asimismo, el PNUD apela a la cooperación internacional y a los mecanismos de financiamiento innovadores —como el mercado de créditos de carbono de alta integridad y la bioeconomía— para incentivar un modelo de desarrollo que no dependa de la tala masiva. La organización concluye que salvaguardar la Amazonía no es únicamente un compromiso ambiental regional, sino una condición indispensable para asegurar la estabilidad climática global y la seguridad hídrica de América Latina.
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