¿Qué es para ti un espacio seguro? Para millones de niños y niñas ese rincón se llama escuela, y debe seguir siéndolo. Las escuelas son lugares fundamentales para construir ciudadanía, para construir comunidad. Más allá de ser espacios de educación formal, son salvaguarda de derechos y valores, espacios donde se manifiesta el poder transformador de generaciones presentes y futuras. Actualmente, los niños, niñas y adolescentes viven en un constante cambio social, tecnológico o cultural que impacta directamente en su entorno y, especialmente, donde pasan la mayor parte de su tiempo: en las escuelas. Desde Cruz Roja Juventud creemos que garantizar estos entornos educativos como espacios seguros desde una perspectiva ética y comunitaria, es una responsabilidad compartida que trasciende las paredes de las propias aulas.
Este enfoque se basa principalmente en el reconocimiento y la aplicación de derechos de la infancia como eje vertebrador de toda acción educativa y social. Si hablamos de derechos consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, como el derecho a ser escuchado, a jugar, a recibir una educación igualitaria y sin discriminación, entre otros, deben materializarse en acciones reales y no solo en mera teoría y publicidad de salvaguarda de la infancia y adolescencia. Para que esta protección de derechos se lleve a cabo se debe realizar un acompañamiento integral del niño o niña, donde se sienta escuchado, respetado, valorado y acompañado en su desarrollo vital y como sujeto de derechos.
Una escuela o entorno educativo no solo puede limitarse a proteger su estructura física, debe incorporar estrategias y protocolos para la prevención y detección temprana de cualquier tipo de violencia, teniendo muy presente la violencia entre iguales en el entorno presencial y digital: el acoso escolar y el ciberacoso. Es de vital importancia generar una cultura de paz y no violencia, acompañada de una alfabetización digital responsable y una promoción del respeto en todas sus vertientes. Para ello debemos capacitar a la comunidad educativa en habilidades sociales, gestión emocional y pensamiento crítico, esto hará fortalecer la convivencia y reducir las brechas de discriminación o exclusión.
Para Cruz Roja Juventud, un pilar fundamental de lo que entendemos por “escuela segura” es la participación activa de la infancia y juventud en todo aquello que les afecte. Nuestro lema como sección juvenil de Cruz Roja Española es “Si formas parte, toma parte”, por tanto, no se trata solo de proteger, sino de escuchar, empoderar y fomentar su participación. Dotar a la infancia y a la juventud de espacios donde puedan expresar sus ideas, preocupaciones y propuestas influye directamente en su sentimiento de pertenencia y responsabilidad comunitaria. La participación real en la toma de decisiones enriquece las aulas y construye generaciones más reflexivas, críticas, justas y comprometidas. Porque sí, su participación es importante y su voz cuenta.
Desde la mirada de Cruz Roja Juventud, esta visión se traduce en intervenciones que promueven la mejora de las condiciones de vida y participación de la infancia y juventud en todas las esferas de su desarrollo, especialmente en contextos de vulnerabilidad social. Nuestros programas y proyectos educativos se orientan a fortalecer las capacidades del niño o niña, de impulsar su inclusión y de garantizar oportunidades reales de aprendizaje.
Para ello, no podemos delegar la responsabilidad únicamente en el centro educativo o en los propios niños, niñas y jóvenes, sino que los centros educativos, familias, entidades sociales y administraciones públicas debemos generar sinergias que potencien el cuidado integral de la infancia y juventud. Solo generando una red corresponsable podremos acompañar de manera efectiva las transformaciones sociales actuales, multiplicar nuestro impacto, optimizar recursos y ofrecer respuestas más integrales y especializadas. Así, contribuimos a fortalecer el tejido comunitario que sostiene a cada escuela.
La promoción de entornos educativos seguros se enriquece desde un enfoque ético y humanitario: se trata de poner a la infancia y a la juventud en el centro de nuestras acciones, de las decisiones, políticas y procesos de construcción educativos, reconociendo su dignidad como persona, diversidad y derechos. Este enfoque no solo nos permite combatir la violencia o exclusión, sino que aporta sentido a los conceptos de justicia y solidaridad humana entre todas las personas que formamos la comunidad educativa.
En definitiva, “escuelas seguras” son aquellas donde todos y todas trabajamos unidas para garantizar que cada niño, niña o adolescente tenga no solo acceso a la educación, sino a un desarrollo pleno de sus derechos. Escuelas que aspiren a una sociedad más fuerte, participativa y empoderada, capaz de desarrollarse en comunidad implicándose en mejorar la vida de las demás personas, con valores sociales y de ciudadanía. Una comunidad concienciada y comprometida con los problemas de la humanidad que, a través de su participación activa, adquiera y fomente una cultura de paz, igualdad, respeto y convivencia.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Escuelas seguras, en alianza con #Notecalles.org


