“Estas personas nos dan una lección de vida”, “merece la pena la experiencia por la gratitud que recibes”, fueron los comentarios más extendidos entre los voluntarios y voluntarias de ENUSA que participaron en un desayuno solidario para colectivos sin hogar una mañana de sábado invernal en Madrid. Aquel encuentro, sencillo en apariencia con un café caliente y un gesto de escucha, dejó una huella profunda en quienes participaron. Bastó una hora de nuestro tiempo para entender que, a veces, la transformación empieza en pequeños actos de dignidad compartida.
Esta experiencia resume el espíritu del voluntariado corporativo de ENUSA, un programa que nace de las personas y que encuentra su sentido en el contacto directo, en la empatía y en la voluntad de construir un entorno más humano.
Durante años, hablar de sostenibilidad significaba hablar de recursos, energía o medio ambiente. Pero la incorporación de los criterios ASG ha ampliado esa mirada y hoy sabemos que la sostenibilidad también se construye desde las relaciones humanas y el compromiso social.
Porque, al final, somos quienes podemos transformar el entorno, y es el voluntariado el que, a su vez, transforma a quienes lo ejercen. La prueba está en todas las cosas buenas que ocurrieron después de ese desayuno solidario. Gente que, en algunos casos, nunca se había visto o hablado a pesar de estar en la misma empresa, continuó la jornada y se fue a tomar un café, a charlar de la vida, de cómo es su día a día en el trabajo, de sus aficiones…
Lo que comenzó como una acción solidaria se convirtió en un encuentro humano y espontáneo, que reforzó el sentimiento de pertenencia.
Además, algunos de esos participantes se incorporaron como voluntarios de la asociación que promueve la iniciativa. Y otros decidieron dar un paso más y unirse al Grupo de Voluntariado de ENUSA. Así, una acción sencilla generó nuevas conexiones, motivaciones y una energía colectiva que sigue creciendo.
Por eso, entendemos esta área como una forma de vivir nuestros valores. Es estratégico, sí; es una línea de responsabilidad social, también; pero sobre todo es un espacio abierto donde se despliega lo mejor de nuestra organización.
Nuestro Programa nació en 2015 como un espacio de participación social en el que nuestra plantilla se convierte en protagonista de un cambio real. Cuenta con un presupuesto anual, pero como hemos visto su retorno e impacto trascienden lo económico. De hecho, muchas acciones no requieren inversión económica y generan un valor incalculable tanto para las entidades beneficiarias como para la propia plantilla.
En los primeros años, las iniciativas se articulaban principalmente a través del mecenazgo. Sin embargo, pronto comprendimos que la forma más potente de generar impacto era involucrar directamente el talento y el tiempo de quienes formamos ENUSA. Así surgió un modelo vivo, activo y participativo.
En 2019 dimos un paso decisivo con la creación del Grupo de Voluntariado Corporativo. Son quienes estructuran, canalizan y acompañan cada acción, analizando las propuestas, evaluando su viabilidad, seleccionando entidades colaboradoras y coordinando la ejecución. La plantilla, además, puede sugerir proyectos en cualquier momento mediante las herramientas de comunicación directa. A esta estructura, se suma el Portal de Voluntariado Corporativo, un sitio web accesible también para públicos de interés externos, que permite comunicar actividades, resultados y oportunidades de participación.
Y es que tenemos el convencimiento de que la solidaridad, cuando es compartida, multiplica su impacto.
De ahí que la escucha activa sea otro de los pilares del modelo. Cada año se lanza a la plantilla una encuesta de carácter interno, voluntaria y anónima para conocer percepciones, intereses y expectativas, una herramienta clave para adaptar el programa y garantizar que evoluciona al ritmo de quienes lo hacen posible.
En 2025, hemos impulsado ocho proyectos que, una vez concluidos, se evalúan mediante indicadores que permiten medir participación, impacto y satisfacción. Las valoraciones superan, año tras año, los 4 puntos sobre 5, un reflejo de la riqueza humana que dejan estas experiencias en las entidades beneficiarias y en los voluntarios y voluntarias.
Como todo programa vivo, enfrentamos desafíos. El principal es seguir aumentando la implicación y participación de la plantilla. Contamos con personas muy comprometidas, y eso nos motiva más aún para trabajar en que la capacidad de movilización sea todavía mayor en proyectos abiertos a toda la plantilla y para reforzar la idea de que es una actividad corporativa, no únicamente individual. Porque cada persona voluntaria representa a ENUSA.
Y ahí es donde se desempeña el Grupo: escribiendo un correo o llamando a sus compañeros y compañeras más cercanas para animarlos a participar en la próxima actividad; contactando con asociaciones de su entorno o entidades locales para conocer sus necesidades reales y buscando cómo encajar esa nueva iniciativa en la empresa.
Para 2026, el Grupo ha ampliado su número de integrantes. Su papel será clave para continuar con esta acción colectiva que genera un impacto positivo, tangible y sostenible dentro y fuera de la organización.
En los próximos años, seguiremos reforzando las actividades mejor valoradas y desarrollando otras nuevas que permitan ampliar la participación y acercarnos aún más a los colectivos destinatarios. Porque la experiencia nos ha demostrado que cuando experimentamos de primera mano el impacto de nuestra aportación, el compromiso se afianza y nace una motivación que se contagia.
Así, paso a paso, acción tras acción, vamos construyendo un voluntariado que ayuda, a la vez que fortalece a la propia organización. Porque la sostenibilidad es un compromiso compartido. Y ENUSA seguirá fortaleciendo esta línea de actuación que nos impulsa a querer vivir en un entorno justo, humano y solidario.


