En el tiempo que formo parte del equipo de Grünenthal, me vienen a la memoria recuerdos de importantes hitos de la compañía, lanzamientos, encuentros, reuniones… Pero también momentos mucho más entrañables compartidos con muchos compañeros y compañeras, como, por ejemplo, una cocina en la Fundación Casa Ronald McDonald de Madrid llena de personas preparando comida casera para familias que atraviesan el miedo y la incertidumbre de la enfermedad de un hijo. Pienso también en unas capas de superhéroes hechas a mano para entregar a niños hospitalizados a través de la Fundación Theodora, en horas limpiando garajes aún húmedos tras una inundación de la DANA o en bolsas de alimentos que pasan de mano en mano en el Banco de Alimentos, etc. Ahí es donde, de verdad, he sentido que el trabajo y la humanidad y solidaridad se entrelazaban.
Porque el voluntariado corporativo permite, precisamente, ser conscientes de la realidad que nos rodea y de la importancia de poder devolver a la sociedad algunos de nuestros privilegios. Y es que el voluntariado no es otra cosa que personas que deciden dedicar su tiempo, su talento y su energía a mejorar la realidad de otros. Y cuando la empresa se lo permite, lo impulsa y lo celebra, esa energía se multiplica.
En los últimos años, el voluntariado corporativo ha pasado de ser un valor añadido a convertirse en un pilar estratégico para aquellas organizaciones que aspiran a tener un impacto real en la sociedad. En Grünenthal estamos convencidos de que las empresas no solo debemos responder a las expectativas de nuestros grupos de interés, sino también anticiparlas, contribuir al progreso social y, sobre todo, activar el enorme potencial transformador que reside en las personas que forman nuestros equipos.
Esta convicción se materializa en la iniciativa Grünenthal Gives. Una campaña global que permite a cada empleado dedicar una jornada laboral al año a una actividad de voluntariado. Es tiempo de trabajo puesto al servicio de una causa social y cada persona elige con qué quiere implicarse: medio ambiente, infancia hospitalizada, familias vulnerables… Esto hace que el voluntariado no sea una actividad de empresa, sino un gesto personal, auténtico, que la compañía respalda.
En España, el año pasado 40 personas acumularon más de 120 horas de voluntariado. Pero detrás de esa cifra, hay muchas historias pequeñas que, sumadas, dibujan algo grande: una cultura en la que ayudar es parte natural de nuestra forma de ser como equipo.
En Grünenthal España queremos seguir ampliando nuestras colaboraciones y buscando nuevas formas de estar cerca de las comunidades en las que desarrollamos nuestro trabajo. Pero, sobre todo, seguiremos cuidando de lo más valioso que tenemos: las personas que deciden levantar la mano y decir “yo voy”.
Porque la transformación social no empieza en un documento estratégico, sino en ese momento en el que alguien mira su agenda, ve un día laborable y decide dedicarlo a mejorar, aunque sea un poco, la vida de otra persona.


