Los programas de voluntariado en las entidades sociales pueden contribuir de manera significativa a su misión, al mismo tiempo que facilitan un camino para el ejercicio activo de la ciudadanía: se construye comunidad.
Antes de correr, hay que comenzar a andar
El voluntariado no debería empezar con una actividad, sino con una pregunta. ¿Qué realidad queremos transformar?. Antes de iniciar acciones resulta esencial que cada organización o empresa reflexione sobre sus intereses, motivaciones e impacto esperado. De esta pregunta inicial se derivan otras:
- ¿Cómo encaja el voluntariado en nuestra estrategia?
- ¿Qué recursos estamos dispuestos a movilizar?
- ¿Qué sentido queremos dar al voluntariado?
El plan de voluntariado corporativo debe reforzar las líneas estratégicas de la organización y su visión a largo plazo. Así mismo, particularmente el voluntariado corporativo, puede contribuir a la mejora social a través de alianzas y colaboraciones más amplias, público-privadas.
Del win-win al multiwin
Con este objetivo claro, el reto es que gane la misión de la entidad social, pero también la empresa, la persona voluntaria y el conjunto de la comunidad.
Qué gana la empresa: Cada vez hay más evidencias de que facilita su captación, desarrollo y retención de talento; mejora su clima laboral y reputación interna, genera orgullo de pertenencia, facilita el vínculo con la comunidad y la reputación externa. Además, las personas empleadas hablan de sentido de propósito. También desarrollan competencias, como la empatía, la flexibilidad, la actitud de servicio, el trabajo en equipo, e incluso, dependiendo del proyecto, las de innovación o liderazgo.
Qué gana la sociedad: Acerca realidades socioeconómicas distantes, impulsa la cultura de la solidaridad y avanza en la lucha por la igualdad de oportunidades. En definitiva, teje redes comunitarias más fuertes.
Qué gana la entidad social: Gana capacidad y alcance. Suma talento, tiempo y conocimiento profesional que complementa a sus equipos y mejora la calidad de sus programas. Además, el voluntariado corporativo actúa como puente con el mundo empresarial. En el caso de Fundación Tomillo, aporta nuevos referentes a menores y jóvenes, motiva y amplía sus expectativas. También les conecta con nuevas tendencias y genera oportunidades en educación y empleo.
Al mismo tiempo, nos abrimos como organización, es un ejercicio de transparencia y de polinización cruzada. De este modo, el voluntariado complementa equipos y refuerza su capital humano. Por último, en ocasiones, es palanca para consolidar colaboraciones o activar alianzas más amplias y sostenibles en el tiempo, conectándolas con su sentido y valor.
Colaboraciones estratégicas: alineación, recursos e impacto real
El verdadero valor del voluntariado corporativo está en construirlo mano a mano, entidad social y empresa. En su arranque es imprescindible tomarse el tiempo de conocerse, conectar con los mismos valores y encontrar un proyecto compartido donde la coherencia sea clave. Después, llegará el momento de diseñar conjuntamente, contemplando recursos reales y ciclos de evaluación y mejora continua.
Para transformar vidas y construir futuro en Tomillo, hemos contado en 2025 con más de 500 personas voluntarias que aportan compromiso, talento y vocación de ayuda. El 70% es voluntariado corporativo de empresas como Iberdrola (Proyecto “Luces… Y acción!”) o Telefónica (Proyecto ExploraT- con T de tecnología).


