Cuando desarrollas tecnología aplicada a la salud, llega un punto en el que la conversación deja de girar en torno a la innovación y pasa a centrarse en la responsabilidad. No ocurre cuando entra en vigor una nueva regulación ni cuando aparece una amenaza externa, sino cuando eres consciente de que cada decisión sobre datos, algoritmos o procesos tiene un efecto directo en cómo una persona ve o se relaciona con su entorno.
En nuestro caso particular, trabajamos con tecnología basada en inteligencia artificial aplicada a la salud visual, combinando big data, análisis de datos, entornos 3D y dinámicas de gamificación. Analizamos cómo funciona el sistema visual, medimos capacidades que tradicionalmente no se evaluaban de forma objetiva y diseñamos entrenamientos personalizados a partir de esos datos. Desde el inicio, tuvimos claro que la ciberseguridad y la gestión del fraude no podían ser un área de soporte ni una capa posterior. Forman parte del núcleo del producto y del modelo de compañía. Además, al tratarse de un producto sanitario, la protección de los datos y la seguridad de la tecnología han estado siempre muy ligadas al cumplimiento de los marcos regulatorios, que en los últimos años han puesto un foco especial en estos aspectos.
Trabajar con datos de salud visual implica manejar información especialmente sensible de los pacientes: cómo responde una persona ante estímulos visuales, cómo procesa la información, dónde aparecen ineficiencias o disfunciones visuales y cómo evoluciona su rendimiento a lo largo del tiempo… Por eso, no de los primeros retos fue decidir qué datos eran realmente necesarios para generar valor clínico y cuáles no, cómo estructurarlos, quién accede a ellos y con qué objetivos, y cómo limitar su uso a lo estrictamente imprescindible. Esa reflexión, más que tecnológica, fue de gobernanza.
La inteligencia artificial controlada ha sido clave para avanzar en prevención, evaluación y personalización de nuestros juegos en el sistema. En nuestro día a día, la tecnología nos permite detectar patrones, objetivar resultados y ajustar entrenamientos visuales con criterios medibles. Hemos tenido claro que hay que implementar controles adicionales: validación de modelos, supervisión humana y criterios claros de uso alineados con los requisitos de la regulación médica. Aprendimos pronto que automatizar sin gobernar es una fuente de riesgo, no de eficiencia.
En WIVI Vision hemos comprobado que una gestión sólida del riesgo digital pasa por cuidar las decisiones internas desde el inicio: validar desarrollos, definir correctamente los accesos y revisar los procesos conforme la compañía evoluciona. Este enfoque preventivo ha sido fundamental para reforzar la confianza en el uso de la tecnología por parte de profesionales y usuarios.
De hecho, siempre hemos tenido claro que la inteligencia artificial amplifica tanto el valor como el riesgo, y que en el ámbito de la salud solo tiene sentido como una IA controlada. En nuestro caso, con toda la tecnología de la que disponemos, un modelo bien entrenado y correctamente gobernado permite mejorar la eficacia de las intervenciones y aportar objetividad. Un modelo mal planteado puede generar resultados poco fiables y erosionar rápidamente la confianza de profesionales y usuarios. Por eso, trabajar bajo marcos de regulación médica y estándares de calidad -como la ISO 13485-, es una forma concreta de integrar la gestión del riesgo y la protección del paciente en el desarrollo tecnológico. En un sector como el nuestro, esa confianza es difícil de construir y muy fácil de perder.
El Safer Internet Day es una buena ocasión para recordar algo que en health-tech aprendemos pronto: la tecnología no es neutral y tampoco lo son las decisiones que la acompañan. Decidir qué datos se utilizan, cómo se gobierna la inteligencia artificial y dónde se ponen los límites forma parte del trabajo diario. En salud, innovar no es avanzar más rápido, sino hacerlo con control, rigor y responsabilidad. Solo desde ese marco es posible desarrollar tecnología fiable, escalable y alineada con las exigencias del sector. A partir de ahí, todo lo demás se construye.


