Hay gestos cotidianos que no deberían doler. Caminar, abrocharse una camisa o un gesto de cariño como una caricia. Sin embargo, para muchas personas que conviven con cáncer, estas acciones sencillas pueden convertirse en un recordatorio constante de un síntoma que no siempre se ve ni se nombra: el dolor neuropático oncológico. Y no porque no les preocupe, sino porque muchas veces queda relegado, eclipsado por el diagnóstico o por la urgencia de los tratamientos.
Este tipo de dolor puede aparecer como consecuencia del propio tumor o de tratamientos como la cirugía o la quimioterapia; según algunos estudios se estima que hasta un 39% de estos pacientes viven con dolor neuropático. No siempre es fácil de explicar: es una quemazón persistente, una sensibilidad extrema al roce o una sensación de entumecimiento que no desaparece.
A menudo, este dolor no se verbaliza. Hay pacientes que lo minimizan, que lo asumen como parte del proceso o que no saben cómo explicarlo. Cuando el dolor no se nombra, se vive en silencio. Y ese silencio acaba pesando tanto como el propio síntoma y lleva a un gran desgaste emocional.
Por eso, escuchar el dolor es fundamental. Preguntar por él, darle espacio en la consulta y abordarlo de forma individualizada no es algo accesorio: es parte esencial del cuidado. El dolor no debería normalizarse ni invisibilizarse y merece atención y respuesta.
Detrás de un diagnóstico oncológico, hay personas que luchan cada día por llevar una vida lo más plena posible a pesar de sus síntomas. Enfrentar esta realidad requiere un enfoque integral y humano, donde no solo se aborden los síntomas físicos, sino también el impacto emocional y social que este dolor tiene en cada paciente. Esto subraya la importancia de que su abordaje se realice por un equipo de salud multidisciplinar que abarque desde oncólogos hasta psicólogos, fisioterapeutas y especialistas en el abordaje del dolor, que trabajen de manera conjunta para ofrecer alivio y apoyo constante.
El equipo de personas que trabajamos en Grünenthal creemos que abordar y tratar el dolor es cuidar de las personas. Significa mirar más allá de la enfermedad y entender cómo impacta en su vida diaria, en su bienestar emocional y en su autonomía. Nuestro compromiso con un mundo sin dolor parte precisamente de ahí: de escuchar, comprender y acompañar.
En este Día Mundial del Cáncer, visibilizar el dolor neuropático oncológico es una forma de dar voz a quienes lo viven cada día. Nombrarlo es el primer paso para tratarlo mejor. Y, sobre todo, para que nadie tenga que convivir con él en silencio.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial contra el Cáncer

