Durante años, hemos hablado de sostenibilidad como si fuera un conjunto de acciones visibles. La reducción de emisiones, la gestión de residuos o el impacto social directo suelen ocupar el centro del debate. Pero pocas veces nos detenemos a analizar el sistema invisible que hace que esas acciones sean creíbles. Ese engranaje interno, a menudo imperceptible para la sociedad, pero crítico para la supervivencia corporativa, es la gobernanza y, en particular la función de Auditoría Interna y Cumplimiento.
Desde mi posición en Urbaser, entiendo que nuestra contribución a la sostenibilidad no nace solamente de la ejecución técnica de soluciones ambientales —área donde somos líderes a nivel global—, sino de la fortaleza de nuestra gobernanza. Para nosotros, la sostenibilidad no es un «añadido» al reporte anual; es una extensión natural de nuestro sistema de control interno y de nuestra cultura de gestión de riesgos.
Del control financiero al rigor no financiero
Históricamente, la Auditoría Interna ha tenido una orientación marcadamente contable y financiera. En Urbaser, esa herencia es uno de nuestros mayores activos aplicados a la sostenibilidad. La implementación y revisión constante de los sistemas de control interno no ha dotado de una metodología basada en el rigor, la trazabilidad y la fiabilidad de la información. Hoy, aplicamos esa misma disciplina no solo a los estados financieros, sino también a la información no financiera que sustenta nuestros compromisos ambientales, sociales y de gobernanza.
Con la entrada en vigor de normativas cada vez más exigentes, como la Directiva sobre Información Corporativa en materia de Sostenibilidad (CSRD), la frontera entre lo financiero y lo no financiero se desdibuja. En este contexto, la función de Auditoría Interna actúa como el garante de la fiabilidad. No se trata solo de qué decimos que hacemos, sino de cómo aseguramos que los datos que respaldan esas afirmaciones son trazables, verificables y coherentes. Porque la sostenibilidad, para ser real, debe poder demostrarse.
La Gestión de riesgos: el «escudo» de la sostenibilidad
La sostenibilidad es, en esencia, una gestión responsable de los riesgos a futuro. En Urbaser, la evaluación de los controles que mitigan riesgos no se limita a la solvencia económica; integramos los riesgos climáticos, regulatorios y reputacionales dentro de un marco único de control.
Una empresa que no gestiona sus riesgos de cumplimiento no puede ser sostenible. Por ello, nuestra función integra el área de Compliance como un pilar estratégico. La ética corporativa, la prevención de la corrupción y el respeto del marco normativo son, probablemente, las mayores contribuciones que desde el control interno podemos hacer a la «G» (Gobernanza) de los criterios ESG. Una cultura de cumplimiento sólida asegura que el crecimiento de la compañía sea íntegro, evitando prácticas o decisiones que puedan poner en peligro la licencia social para operar y, en definitiva, la sostenibilidad futura de la organización. Decisiones que, adoptadas en el día a día, bajo presión o con una visión excesivamente cortoplacista, pueden terminar materializándose en impactos ambientales, sociales o reputacionales difíciles de revertir.
Un modelo basado en la cultura de cumplimiento
En Urbaser, tenemos claro que el control interno no debe ser percibido como un freno, sino como un generador de la confianza. Pero ningún sistema de control es eficaz si no está respaldado por una cultura de cumplimiento compartida por las personas que toman decisiones cada día.
La cultura de cumplimiento no vive únicamente en los procedimientos; se construye cuando el comportamiento ético se integra en los procesos de negocio, cuando el liderazgo predica con el ejemplo y cuando cada profesional entiende que cumplir no es una carga, sino una forma de proteger el propósito y la reputación de la compañía.
Nuestra labor se articula sobre cuatro ejes clave: gobernanza robusta, asegurando que los mecanismos de decisión son transparentes y alineados con el propósito de la compañía; control preventivo, identificando vulnerabilidades en los procesos antes de que se conviertan en fallos con impacto ambiental o social; gestión responsable, mitigando los riesgos en toda nuestra cadena de valor; y cultura ética, fomentando que cada empleado, desde la dirección hasta la operación, entienda que el cumplimiento es una responsabilidad compartida.
El Auditor como guardián del propósito
La sostenibilidad sin control es mera cosmética. Por ello, el papel del auditor interno ha evolucionado: ya no solo somos los encargados de verificar el pasado, sino aliados estratégicos que contribuyen a que las decisiones del presente no comprometan el futuro.
En Urbaser, nuestra contribución a la sostenibilidad se mide en la solidez de nuestros procesos y en la integridad de nuestra conducta. Al fortalecer la gobernanza y la cultura de cumplimiento, no solo protegemos el valor de la empresa, sino que garantizamos que nuestro compromiso con el planeta y la sociedad se asiente sobre una base innegociable de ética y transparencia. Porque, al final del día, la verdadera sostenibilidad es aquella que se puede auditar.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Sostenibilidad en Auditoría Interna, en alianza con el Instituto de Auditores Internos de España


