En 2024, Munich Re estimó en 320.000 millones de dólares el impacto económico global de los desastres naturales. Pero el cambio climático no solo genera riesgos: las palancas de descarbonización —eficiencia energética, renovación de activos, nuevos productos sostenibles, acceso a financiación verde— se están convirtiendo en vectores directos de creación de valor para las empresas que las integran en su estrategia. Las 35 compañías del IBEX así lo reflejan en sus informes de sostenibilidad, donde la gestión climática aparece ya como un eje de competitividad y no solo de cumplimiento.
Hemos analizado los reportes de sostenibilidad de las 35 empresas del IBEX y hemos identificado cuatro ejes climáticos clave: el riesgo de transición regulatoria asociado al cumplimiento normativo y al precio del carbono, el riesgo físico derivado de eventos extremos y cambios crónicos, la oportunidad de acceso a nuevos mercados y crecimiento de demanda, y la oportunidad de eficiencia operativa y reducción de costes.
Riesgos climáticos: La presión regulatoria y la realidad física
Riesgo de transición regulatoria
Las cotizadas europeas afrontan una doble presión regulatoria. Por un lado, el endurecimiento de las obligaciones de transparencia y reporte —CSRD, Taxonomía de la UE— eleva los costes de cumplimiento y condiciona el acceso a capital. Por otro, los mecanismos de precio de carbono — como EU ETS (European Union Emissions Trading System)— trasladan el coste de las emisiones directamente a la cuenta de resultados. Ante esta segunda presión, un número creciente de compañías ha implantado un precio interno del carbono como herramienta para penalizar emisiones en sus propios procesos de decisión y orientar las inversiones hacia alternativas menos intensivas en carbono.
IAG aplica esta herramienta con un precio interno de 80 a 101 €/tCO₂e para la UE y de 50 a 55 £/tCO₂e para Reino Unido, integrándolo en las decisiones de inversión y compra de flota para el periodo 2025-2027. De esta forma, la compañía internaliza el coste real del carbono antes de que se lo imponga el mercado, anticipándose a la volatilidad de los derechos de emisión del EU ETS.
Riesgo físico: Eventos extremos y cambios crónicos
A diferencia del riesgo regulatorio, el riesgo físico no depende de decisiones políticas sino de la propia dinámica climática. Inundaciones, sequías, olas de calor y subida del nivel del mar pueden dañar activos, interrumpir cadenas de suministro y paralizar operaciones. Su materialidad se ha hecho especialmente visible en España tras la DANA de Valencia de 2024.
Telefónica evalúa su exposición bajo escenarios de calentamiento SSP1-2.6 (menos de 2 °C) y SSP5-8.5 (aproximadamente 4 °C), reconociendo que eventos como la DANA de Valencia de 2024 pueden causar fallos en la red y lucro cesante significativo. Como respuesta, la compañía mantiene un programa de seguros de daños materiales y lucro cesante renovado hasta marzo de 2026, junto con planes de continuidad de negocio para escenarios climáticos extremos. Amadeus, por su parte, analiza la resiliencia de su Centro de Datos en Erding bajo los mismos escenarios climáticos (SSP1-2.6 y SSP5-8.5) y ha puesto en marcha una estrategia de migración a la nube —con el 50% de sus aplicaciones ya migradas— para reducir la dependencia de infraestructura física concentrada geográficamente.
Oportunidades estratégicas: valor en la transición
Nuevos mercados y crecimiento de demanda
La transición energética y la creciente sensibilidad regulatoria y social hacia la sostenibilidad están creando mercados enteramente nuevos. Las empresas que posicionan productos y servicios alineados con la descarbonización capturan demanda incremental y construyen ventajas competitivas difíciles de replicar. En este contexto, ser primero importa: el coste de liderar es significativamente menor que el de alcanzar.
BBVA ha superado con un año de antelación su objetivo para 2025 al canalizar 304.000 millones de euros en negocio sostenible entre 2018 y 2024, frente a la meta inicial de 300.000 millones. Solo en 2024, el banco movilizó 77.000 millones de euros en acción climática para clientes corporativos y minoristas. En el ámbito tecnológico, Amadeus ha lanzado su Travel Impact Suite, que integra datos de la OACI y Travalyst para permitir a los viajeros informar, comparar y compensar emisiones de CO2 durante la reserva, respondiendo a una demanda creciente del mercado por transparencia ambiental en el sector turístico.
Eficiencia operativa y reducción de costes
La sostenibilidad no es solo gestión de riesgo o posicionamiento de marca: es, en muchos casos, una palanca directa de mejora de márgenes. La optimización energética, la renovación de activos y la adopción de renovables generan ahorros operativos tangibles que se reflejan en la cuenta de resultados.
IAG ha comprometido una inversión de 12.600 millones de euros entre 2025 y 2029 para la incorporación de más de 170 aeronaves nuevas, con el objetivo de reducir su intensidad de carbono bruta en un 27% para 2030, aprovechando que las aeronaves de nueva generación consumen significativamente menos combustible por asiento-kilómetro. Telefónica aplica algoritmos de inteligencia artificial y machine learning a través de sus Power Saving Features en redes 4G y 5G, logrando un ahorro de 21.606 MWh en 2024 y acumulando una mejora del 90,1% en consumo energético por unidad de tráfico respecto a 2015, con meta del 95% para 2030.
Las compañías del IBEX están gestionando activamente riesgos climáticos y capturando oportunidades derivadas de la transición. Lo que emerge de sus informes de sostenibilidad no es un ejercicio de cumplimiento normativo aislado, sino una transformación sistémica que afecta a la estrategia, las operaciones y el valor accionarial. Las iniciativas de reducción de emisiones —renovación de activos, eficiencia energética, desarrollo de productos sostenibles— están demostrando ser palancas directas de creación de valor: reducen costes operativos, abren nuevas líneas de negocio y mejoran el acceso a financiación. Para que esta transformación se consolide, resulta imprescindible la integración del clima en los presupuestos de inversión y una gobernanza climática robusta a nivel de Consejo de Administración. Los riesgos son reales y materiales; pero también lo es el retorno que genera la transición.


