Según la Agencia Internacional de la Energía, la industria es responsable de más del 40% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Ante esta realidad, las empresas no solo tenemos la responsabilidad, sino la oportunidad y la obligación de liderar el cambio hacia un modelo de negocio sostenible. La cuestión ya no es «si» actuar, sino «cómo hacerlo de manera eficaz y transparente«.
El primer paso es la transición energética, un cambio masivo desde los combustibles fósiles hacia fuentes limpias. En Henkel Ibérica siempre hemos querido ir un paso por delante de las regulaciones en sostenibilidad, y ese compromiso se demuestra con hechos. Un ejemplo es nuestra planta de producción en Montornés del Vallès (Barcelona), que se ha convertido en un referente en sostenibilidad para nuestro Grupo. Desde 2023, es una fábrica neutra en carbono, lo que significa que el 100% de la energía que utiliza para producir más de 200.000 toneladas de detergentes y adhesivos procede de fuentes renovables, y gracias a una instalación de casi 19.000 m² de paneles solares, autogeneramos un 25% de toda la energía necesaria.
En segundo lugar, la transformación del modelo productivo es fundamental. La sostenibilidad más impactante es la que se integra en el corazón del negocio. El futuro pasa por la economía circular y la innovación en los productos y procesos que nos definen. Esta transformación es el núcleo de nuestra agenda estratégica ‘Purposeful Growth’. Se materializa en innovaciones concretas, como la sustitución de ingredientes clave de origen fósil en la formulación de nuestros adhesivos por alternativas de ‘base biológica’, producidas a partir de fuentes renovables. Este cambio, que puede parecer técnico, tiene un impacto enorme: cada producto fabricado con estos nuevos adhesivos nace con una huella de carbono menor y nos aleja, paso a paso, de la dependencia de los combustibles fósiles. Es la prueba de que la sostenibilidad y el rendimiento no solo son compatibles, sino que se refuerzan mutuamente.
Una tercera acción crucial son las soluciones basadas en la naturaleza y la colaboración en toda la cadena de suministro. Por un lado, esto se traduce en una mayor exigencia a nuestros proveedores para garantizar que materias primas de origen biológico, como los aceites vegetales, provengan de fuentes sostenibles y certificadas que no pongan en peligro nuestros ecosistemas. Pero esta colaboración se extiende más allá de las materias primas, abarcando también la logística. Un ejemplo tangible de ello es nuestra alianza en España con CHEP y Grupo Central Lechera Asturiana, donde un innovador proyecto de transporte colaborativo con duotráilers ha logrado optimizar nuestras rutas, ahorrando más de 575 toneladas de emisiones de CO₂. Este tipo de sinergias demuestra que la sostenibilidad debe abordarse de forma integral, desde el origen de los materiales hasta la distribución final del producto.
Finalmente, ninguna de estas acciones puede alcanzar su máximo potencial de forma aislada. La colaboración es el catalizador del cambio. Así como los gobiernos se unen en acuerdos globales como el de París de 2015, el sector privado debe forjar sus propias aliananzas. La cooperación es indispensable para acelerar la innovación a una escala que ninguna empresa podría lograr por sí sola. Esta cooperación se materializa en el trabajo conjunto con socios estratégicos para desarrollar nuevas tecnologías y en la participación en foros y alianzas sectoriales para crear estándares y soluciones que beneficien a toda la industria.
En conclusión, el camino hacia una economía descarbonizada requiere un liderazgo valiente y una acción coordinada en múltiples frentes. Las empresas tenemos el deber de adoptar estas estrategias —transición energética, innovación circular y colaboración radical— no como un ejercicio de reputación, sino como el eje central de nuestro negocio. Se trata de transformar nuestra responsabilidad en un motor de progreso, construyendo un legado de sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras.


