A lo largo de 2025 he tenido la oportunidad de realizar más de 140 entrevistas para Corresponsables a directivos de empresas y organizaciones de todos los tamaños y de todos los sectores —público, privado y tercer sector—. Las conversaciones han abarcado perfiles muy diversos: alta dirección, responsables de ESG, Sostenibilidad, RSC, Comunicación, Marketing, o Recursos Humanos, entre otras áreas estratégicas.
Antes de entrar en los aprendizajes y conclusiones extraídos de estas charlas, quiero expresar un agradecimiento sincero a todas las personas entrevistadas por su generosidad, su tiempo y la calidad de las reflexiones compartidas. El aprendizaje acumulado ha sido enorme y profundamente enriquecedor. Escuchar realidades tan distintas permite construir una visión transversal muy valiosa sobre cómo está evolucionando el liderazgo responsable y qué prioridades están marcando hoy la agenda empresarial y organizativa.
Más allá de los matices sectoriales o del tamaño de cada entidad, se detectan patrones claros que se repiten de forma consistente. Estas son algunas de las principales conclusiones que emergen de este amplio recorrido de entrevistas.
La sostenibilidad se consolida como modelo de gestión y de negocio
Una de las ideas más recurrentes es la desaparición progresiva de la sostenibilidad como “área” aislada. Cada vez más organizaciones la integran en su estrategia corporativa, en la toma de decisiones, en la gestión de riesgos, en la política de inversiones, en la innovación y en los órganos de gobernanza. La sostenibilidad deja de ser un complemento reputacional para convertirse en un vector directo de competitividad y creación de valor a medio y largo plazo.
Los directivos coinciden en que esta integración exige romper silos internos, alinear a todas las áreas de la organización y dotar a la sostenibilidad de capacidad real de influencia en las decisiones estratégicas.
De la narrativa al dato: la era de la medición y la credibilidad
Otro cambio evidente es el desplazamiento del foco desde el relato hacia la medición rigurosa. Las conversaciones giran cada vez más en torno a indicadores, calidad del dato, trazabilidad, objetivos cuantificables, auditorías internas y sistemas de reporting robustos.
La creciente presión regulatoria, las expectativas de inversores y clientes y la necesidad de generar confianza impulsan una mayor profesionalización de la gestión ESG. La transparencia, la comparabilidad y la consistencia de la información se consolidan como pilares fundamentales de la credibilidad corporativa.
La cadena de valor como principal palanca de impacto
El impacto real ya no se limita a las operaciones propias de las organizaciones. Proveedores, compras responsables, logística, socios industriales y alianzas estratégicas adquieren un protagonismo creciente.
Muchas compañías reconocen que sus mayores riesgos y oportunidades ESG se encuentran fuera de su perímetro directo de control. Esto obliga a trabajar en acompañamiento, formación, exigencia progresiva, evaluación y colaboración con toda la cadena de valor, especialmente en contextos globales y complejos.
Tecnología e innovación como habilitadores estratégicos
La tecnología aparece de forma recurrente como una gran aliada de la sostenibilidad. Digitalización de procesos, automatización, plataformas de gestión de datos, analítica avanzada e innovación aplicada permiten mejorar la eficiencia operativa, reducir impactos ambientales, anticipar riesgos y mejorar la toma de decisiones.
La conversación ya no gira únicamente en torno a herramientas, sino a cómo integrar la tecnología dentro de la estrategia ESG para escalar soluciones y ganar capacidad de gestión y control.
Las personas, en el centro de la transformación
A pesar del peso creciente de los datos y la tecnología, las personas siguen ocupando un lugar central en el discurso de los directivos. Atracción y fidelización del talento, formación continua, cultura corporativa, liderazgo responsable, diversidad, bienestar y compromiso interno aparecen de forma constante.
Existe un amplio consenso en que ninguna estrategia de sostenibilidad puede consolidarse sin equipos alineados, capacitados y comprometidos con el propósito y los valores de la organización.
La colaboración como respuesta a retos complejos
Otro patrón claro es el avance de la colaboración frente a enfoques puramente competitivos. Alianzas sectoriales, proyectos compartidos, colaboración público-privada, trabajo con startups, universidades y entidades del tercer sector permiten abordar retos que ninguna organización puede resolver de forma aislada.
La sostenibilidad impulsa una lógica de ecosistema, donde compartir conocimiento, recursos y aprendizajes se convierte en una ventaja estratégica.
Coherencia, gobernanza y visión de largo plazo
Finalmente, la coherencia emerge como uno de los principales activos reputacionales y de confianza. Los directivos insisten en la importancia de alinear discurso y práctica, evitar soluciones cortoplacistas y consolidar modelos de gobernanza sólidos.
La sostenibilidad exige visión estratégica, consistencia en el tiempo y capacidad de tomar decisiones complejas, incluso cuando los retornos no son inmediatos.
Una transformación estructural en marcha
Más allá de tendencias o modas, el conjunto de entrevistas refleja una transformación profunda en la forma en que las organizaciones entienden su papel económico, social y ambiental. La sostenibilidad deja de ser una agenda paralela para integrarse en el corazón de la gestión, del liderazgo y de la creación de valor.
Un proceso que continúa evolucionando y que seguirá ofreciendo aprendizajes relevantes para todos los actores del ecosistema empresarial y social.
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