Vivimos en un contexto de sobreinformación permanente, en el que las marcas están más expuestas que nunca al escrutinio público. La ciudadanía no solo quiere saber qué hacen las empresas, sino cómo lo hacen, por qué toman determinadas decisiones y qué impacto real generan en su entorno. En este escenario, la confianza, y una comunicación clara, se ha convertido en uno de los activos más valiosos para cualquier organización.
La Comunicación ya no puede entenderse como un ejercicio unidireccional ni como una herramienta meramente reputacional o marketiniana. Hoy, comunicar implica asumir una responsabilidad: la de ofrecer información clara, veraz y comprensible, capaz de generar un diálogo con los distintos grupos de interés. Especialmente en sectores estratégicos – como el sector energético – comunicar bien no es una opción, sino prácticamente una obligación. De cómo se comunica un proyecto, los compromisos y los impactos depende, en gran medida, la legitimidad social de las empresas.
Cuando comunicar se convierte en una función esencial
Esta responsabilidad adquiere una relevancia especial en el contexto de la transición energética. Nos enfrentamos a un proceso de transformación profundo, que afecta a la competitividad del país, a la autonomía energética, al modelo productivo, a los territorios y a la vida cotidiana de las personas. Para que esta transformación sea sostenible en el tiempo, primero debe ser comprendida. Y esa comprensión no se improvisa: se construye desde el inicio a través de una comunicación responsable, rigurosa y continuada. Cada proyecto debe ir avalado por datos e información certera para no caer en el denominado greenwashing.
En el sector energético, comunicar no es sencillo. Hablamos de tecnologías muy diversas y modernas, alto nivel de tecnificación, infraestructuras complejas y marcos regulatorios exigentes. Por eso, limitar la comunicación a mensajes genéricos o excesivamente técnicos supone una barrera más que un puente. La comunicación responsable exige traducir la complejidad, contextualizar la información y explicar con honestidad tanto los beneficios como los retos que conlleva cualquier proyecto.
Según una encuesta de encuesta de la Comisión Europea, el 49% de los ciudadanos de la UE encuentra difícil distinguir entre información fiable y desinformación sobre el cambio climático en redes sociales, y el 52% cree que los medios tradicionales no ofrecen información clara sobre este tema y sus impactos. Esto pone de manifiesto una brecha de comunicación que solo puede cerrarse con información rigurosa, accesible y transparente.
Comunicar con los territorios, no solo sobre ellos
Uno de los elementos clave de esta comunicación responsable es la cercanía. Los proyectos energéticos se desarrollan en lugares concretos, normalmente en zonas lejanas a las grandes ciudades, con realidades sociales y económicas propias. Comunicar de forma responsable implica estar presentes en esos territorios, escuchar y generar espacios de diálogo directo con las comunidades.
Por poner un ejemplo: en el ámbito del biometano esta cercanía se materializa en charlas divulgativas que organizamos desde Biorig, nuestra división de gases renovables. Encuentros abiertos en los que explicamos el proyecto y la tecnología de forma clara y transparente, resolvemos dudas y abordamos inquietudes legítimas de vecinos y representantes locales. Este tipo de iniciativas permiten romper barreras y construir un espacio de confianza y proximidad. Escuchar, explicar y volver a explicar forma parte del compromiso con las personas de los territorios donde se instalan las renovables y refuerza la percepción social de proyectos que están llamados a convivir durante décadas con las comunidades que los acogen.
Frente al greenwashing rigor informativo
En un contexto marcado por una creciente sensibilidad ambiental, el riesgo del greenwashing es real. Por ello, la comunicación responsable debe apoyarse en información contrastada, datos verificables y análisis rigurosos. En Solarig trabajamos con informes técnicos y de sostenibilidad que nos permiten explicar con claridad el impacto real de nuestras acciones, medir avances y reconocer también los desafíos pendientes. La transparencia no consiste únicamente en comunicar logros, sino en demostrar con hechos el alcance de los compromisos asumidos.
Una marca coherente, innovadora y comprometida
Además, nuestro compromiso no se limita al desarrollo de proyectos energéticos. También se materializa en el apoyo a iniciativas que comparten nuestros valores, como la colaboración con la docuserie “Hope! Estamos a tiempo”, centrada en mostrar soluciones reales frente al cambio climático. Este tipo de colaboraciones refuerzan coherencia entre discurso y acción. Otra iniciativa de carácter divulgativo es el podcast “Futuro Verde”, un proyecto concebido para acercar la transición energética a los territorios de Castilla y León desde un lenguaje claro y accesible. A través de conversaciones abiertas, en el podcast abordamos temas complejos dando voz a expertos y alejándonos de un discurso corporativo tradicional.
Así mismo, hay que tener en cuenta que la comunicación evoluciona al ritmo de la sociedad. Hoy, uno de los grandes retos es incorporar la innovación, incluida la inteligencia artificial, a los flujos de trabajo de comunicación de forma ética y responsable. La IA ofrece oportunidades para mejorar el análisis de información y optimizar procesos, pero siempre como apoyo al pensamiento crítico. Para usar la Inteligencia Artificial, uno debe de aprender a aplicar la inteligencia biológica.
La comunicación responsable es uno de los grandes retos, y oportunidades para las marcas que aspiran a ser transparentes y sostenibles. La transición energética necesita tecnología e inversión, cada vez más también requiere ideas que informan, explican y generan confianza para conseguir su propósito de hacer evolucionar la matriz energética y el modelo de sociedad.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Comunicación Responsable: Claves para construir una marca transparente y sostenible


