Cuando hablamos de innovación, solemos pensar en pantallas más grandes, cámaras mejores o inteligencia artificial. Pero, si miro atrás, lo más innovador que he hecho en mi vida no tiene que ver con tecnología por sí misma.
Hace cuatro años yo vivía en Lyon por estudios. Mi abuela Maximiliana estaba en Zaragoza. Ella se apañaba fatal con su móvil, como tantas personas mayores, y eso significaba que solo podíamos hablar cuando había alguien en su casa para ayudarle. Para algo tan simple como escuchar su voz, dependía de terceros.
Yo soy ingeniero informático. Así que hice lo que sabía hacer. Creé un móvil que funcionara solo y que yo pudiera controlar desde el mío. El objetivo era que mi abuela no tuviera que tocar nada para poder hablar conmigo. Cuando vi que con esta idea ella se apañaba fenomenal y podíamos hablar siempre que quisiéramos, entendí que esto no era solo un apaño para mi familia. Era un problema real que nadie estaba enfocando del todo bien, así que decidí convertirlo en un proyecto personal y lo llamé como ella: Maximiliana.
Maximiliana hoy es un servicio completo con un móvil, una SIM, llamadas ilimitadas, internet y distintos accesorios pensados de verdad para los más mayores como una funda personalizada con el nombre, una cuerda para el cuello y un cargador con imán. El móvil enciende la pantalla automáticamente cuando la persona lo coge, puede descolgar las llamadas solo y tocando dos veces en la foto de un familiar, ya llama. Creo realmente en que cuando las cosas se hacen con una intención real de ayudar salen ideas y proyectos muy bonitos.
Maximiliana funciona porque trabajamos muy de cerca con las personas mayores. Nos gusta ver cómo usan el móvil y medir, aprender y corregir cualquier problema que les pueda surgir. Un ejemplo de esto es que vimos que muchos mayores enseñaban las fotos de sus nietos a las visitas y, sin querer, llamaban al tocar una cara. Por eso, para poder llamar hay que tocar la foto dos veces.
Hoy tenemos más de 4.000 usuarios y más de 15.000 familiares que utilizan la app de Maximiliana para hablar con sus mayores. Esto es una prueba de que el problema era real y la solución, por fin, es accesible.
Todo esto lo gestionamos entre 14 personas jóvenes de Zaragoza que creemos en el proyecto y en el impacto positivo de nuestro trabajo. Además, quiero dejar claro que el impacto social no está reñido con un modelo de negocio sostenible, de hecho, es todo lo contrario, si no es sostenible no llega lejos. Nosotros somos el ejemplo.
Con esto en mente, me cuesta aceptar la idea de que la Agenda 2030 sea cosa de gobiernos o de grandes empresas. Los ODS también se juegan en empresas pequeñas y decisiones cotidianas. En Maximiliana aportamos lo que podemos de cara a los ODS de la Agenda 2030.
El ODS 3 de garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades puede ser el más obvio. Maximiliana es una forma de cuidar a los mayores de las familias y aportar tranquilidad a sus familiares.
El ODS 8 es sobre el trabajo decente y el crecimiento económico. Para mí, esto empieza por dentro, creemos en dar oportunidades justas, en el talento y en las ganas de los jóvenes. La mayor prueba de esto es ver que la edad media de todas las personas que trabajamos aquí es de 26 años.
El ODS 9 sobre industria, innovación e infraestructura es exactamente Maximiliana. Dos jóvenes creando tecnología propia para un sector al que casi nadie entiende de verdad. Innovar, para nosotros, es resolver un problema de una forma diferente a lo que se venía haciendo antes.
Por último, el ODS 12 sobre producción y consumo responsable se refleja en decisiones aparentemente pequeñas pero constantes. Nosotros apostamos desde el principio por un packaging de cartón y reciclamos todos los restos de los envíos.
Mi opinión es clara, el papel de los jóvenes emprendedores sociales no es inspirar, es hacer. Es elegir problemas incómodos, diseñar soluciones útiles y sostenerlas en el tiempo. La Agenda 2030 no se alcanza con discursos, se alcanza con productos y servicios que realmente mejoran la vida de todos. Solo entonces estamos construyendo algo que merece la pena.


