La transición energética ya no es una aspiración, es una realidad en plena expansión a nivel global. La generación de energía renovable crece a un ritmo acelerado, las redes eléctricas son cada vez más digitales y flexibles, el transporte y la industria se electrifican a una velocidad sin precedentes y la IA está redefiniendo los procesos productivos mientras reduce la intensidad de las emisiones. En este contexto, las estrategias de descarbonización coinciden en un punto clave: la eliminación de carbono es esencial para alcanzar la neutralidad climática.
La cuestión ya no es si necesitamos eliminar carbono, sino si estas soluciones son realmente sólidas desde el punto de vista técnico, financiero y ambiental. En nuestro reciente informe Unpacking Uncertainty in Carbon Removal Assets, analizamos qué se debe cumplir para que los proyectos de eliminación de carbono sean verdaderamente aptos para la inversión.
Los proyectos de eliminación de carbono operan simultáneamente en dos niveles. Desde el punto de vista físico, eliminan CO₂ de la atmósfera, y desde el punto de vista financiero, generan créditos de carbono negociables que influyen en balances, decisiones y contratos. A menudo, estos niveles suelen confundirse.
En los mercados financieros, el riesgo se mide rigurosamente. Las calificaciones crediticias estiman la probabilidad de impago y los proyectos de infraestructuras pasan rigurosos procesos de due diligence. En cambio, muchos proyectos de créditos de carbono se centran en calcular la cantidad de CO₂ que se eliminará, sin medir el riesgo de que no se cumpla a largo plazo.
Para los inversores en electrificación, hidrógeno o captura de carbono, esta distinción es crucial. La eliminación de carbono debe ser tratada con el mismo nivel de escrutinio que cualquier otro tipo de inversión. Sin una cuantificación estructurada del riesgo, los créditos de carbono estarán expuestos a la volatilidad y a la pérdida de confianza.
Cada crédito de carbono integra varios procesos —medición, muestreo, consolidación de datos y certificación—, que introducen incertidumbre. Como demuestra el informe citado al inicio, los errores pueden acumularse, y aunque un pequeño error en una etapa no parezca relevante, puede tener un gran impacto cuando se acumulan.
Para las empresas que dependen de la eliminación de carbono para compensar sus emisiones, esta incertidumbre afecta la valoración de los activos, las tasas de descuento y los contratos a largo plazo. Ser transparentes sobre esta incertidumbre es clave para generar confianza.
Por otro lado, no todas las soluciones para eliminar carbono garantizan el mismo tiempo de almacenamiento. Las soluciones basadas en la naturaleza pueden almacenar carbono durante décadas, mientras que el almacenamiento geológico puede garantizar su captura durante milenios. Sin embargo, muchos marcos de mercado aún se basan en criterios simples, como el umbral de 100 años, que no siempre refleja la realidad de cómo se comporta el carbono en la atmósfera a largo plazo.
Para las industrias y los inversores, la permanencia del carbono es fundamental. ¿Cuánto tiempo mantiene el activo su valor climático? ¿Cómo se valora el riesgo temporal? Diferenciar los créditos de carbono ya eliminados de los que se eliminarán en el futuro es crucial para evitar distorsiones en el precio. La claridad sobre la permanencia permite una mejor distribución del capital.
El almacenamiento de carbono no está libre de riesgos. Los bosques pueden incendiarse, los usos del suelo pueden cambiar y las infraestructuras pueden fallar. Por ello, es importante distinguir entre liberaciones planificadas (el tiempo esperado para el almacenamiento) y liberaciones no planificadas (como accidentes o fenómenos naturales).
Contabilizar ambos tipos de riesgos permite ajustar el valor del activo. Si el rendimiento supera las expectativas, el valor puede aumentar. Si ocurre una reversión, se pueden aplicar ajustes de valor de forma transparente. Estos mecanismos ya existen en los mercados financieros y los mercados de carbono deben adaptarse para atraer más capital institucional.
Por qué la integridad es clave para la transición energética
La expansión de las renovables, la electrificación de la logística, las ciudades resilientes y los procesos industriales digitalizados requieren inversiones masivas en infraestructuras. Tanto las subvenciones públicas como el capital privado exigen cada vez más resultados verificables.
Los marcos regulatorios en Europa y a nivel global están reforzando los requisitos en torno a la certificación de eliminaciones permanentes y la integridad ambiental. En este contexto, la eliminación de carbono no puede seguir siendo solo una herramienta reputacional. Debe convertirse en un activo confiable y financiable. En TÜV SÜD defendemos un enfoque estructurado basado en tres pilares:
- Cuantificación del desempeño de la eliminación: medición rigurosa y análisis de incertidumbre.
- Certificación de la permanencia: evaluación transparente de la duración del almacenamiento y su alineación con la ciencia atmosférica.
- Auditoría del riesgo de reversión: verificación continua del desempeño a lo largo del tiempo.
Al separar y cuantificar estas dimensiones, pasamos de calificaciones genéricas de créditos a un marco más sólido para evaluar la verdadera integridad del activo.
La eliminación de carbono desempeñará un papel fundamental para alcanzar el net zero, especialmente en sectores de difícil descarbonización. Sin embargo, debe llevarse a cabo con integridad. Solo así la acción climática se convierte en una oportunidad de inversión real.


