Mi nombre es Margarita Bacharach Valls, tengo 18 años, y durante los últimos años he tenido bastantes dudas sobre el lugar al que nos dirigimos como generación. Me he cruzado con muchas personas que cuestionan el trabajo y la ambición de la gente joven. Se nos han puesto distintas etiquetas, pero realmente poca gente se ha parado a reflexionar sobre qué está pasando con nosotros.
Interminables horas con el móvil, cada vez menos aficiones fuera de la pantalla, una gran dificultad para relacionarnos cara a cara… Y la culpa no es de la tecnología. El problema es que hemos nacido en una época de inmediatez, pero a la vez nos encontramos rodeados de información; ¿el resultado? Estamos demasiado enganchados a nuestra gratificación instantánea como para investigar o buscar qué es lo que realmente nos apasiona.
Pero tengo un propósito muy claro con mi proyecto: devolver la curiosidad a la gente joven. MAKESH es el primer ecosistema donde concentramos todo lo bueno que Internet tiene para ofrecernos, las oportunidades de diferentes instituciones educativas, y un lugar donde encontrar a otras personas con diferentes pasiones pero una gran curiosidad como factor común.
¿Por qué?
Antes de que este ecosistema naciera, estuve trabajando en otro proyecto de emprendimiento social durante casi 3 años. Era un producto que requería de unos conocimientos técnicos bastante avanzados, y aunque puse muchísimo esfuerzo, tiempo e ilusión – y la sigo teniendo –, no conseguí encontrar a una persona que me ayudara a pasar del MVP. Yo también he estado durante horas delante de una pantalla buscando concursos, páginas de freelancers, ayudas económicas, cursos formativos… Y soy consciente de lo duro que es no encontrar grandes oportunidades por falta de conocimiento o de recursos; de ahí nació MAKESH.
Tengo un objetivo muy claro, y es ayudar a todos esos jóvenes con grandes sueños a que empiecen a trabajar para conseguirlos, antes de que alguien les haga pensar que no pueden; ya que es realmente sorprendente la cantidad de personas que reflejan sus limitaciones en los demás. Por eso estoy creando un ecosistema y una comunidad de jóvenes, para que seamos conscientes de que SÍ existen otras personas con sueños igual de “locos”, solo falta encontrarlas.
Es la valentía, la capacidad de asumir riesgos y las ganas de generar un cambio positivo, lo que caracteriza a cualquier joven emprendedor. Y esto es exactamente lo que se necesita para afrontar retos como los de la Agenda 2030.
Durante los últimos años he tenido sensaciones agridulces con respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Más que nada porque el fin me parece extraordinario, pero siento que el recorrido se plantea como algo utópico. Evidentemente, no basta con eliminar un coche de gasolina por uno eléctrico, o con tirar una botella de plástico en el contenedor amarillo; los cambios también deben nacer de la raíz del problema.
Como dice el refranero español: es mejor prevenir que curar. Siguiendo con la esencia de esa mítica expresión, lo ideal sería que esas pequeñas mejoras o cambios no fueran tiritas para tapar temporalmente los problemas, sino que verdaderamente acabaran con la causa que los provoca.
Pero para eso se necesitan unos niveles de coordinación y visión a largo plazo que muy pocas instituciones están dispuestas a adoptar. Mientras tanto, nosotros, los jóvenes emprendedores, tenemos la oportunidad de hacer todo lo que esté en nuestras manos para generar el mayor impacto posible. No podremos acabar con la desnutrición de 821 millones de personas, pero igual con la de 100, sí; no podremos brindar acceso a fuentes energéticas y tecnológicas a 3.000 millones de personas, pero podemos acercar la tecnología a los pueblos y zonas rurales más abandonadas de nuestro país; no podremos frenar los incendios o procesos de deforestación que ocurren en la otra punta del mundo, pero sí que podemos CREAR nuevos ecosistemas, en vez de destruirlos.
Sin embargo, ese “no podremos” en realidad no existe en la mente de un emprendedor. Los límites los establecemos nosotros, y ese “no puedo” se convierte en un “¿Cómo puedo hacerlo?”. Eso es lo que nos permite poner nuestro granito de arena para acercarnos cada día más a esos ODS.
Un grano de arena parece que no hace mucho, pero que yo sepa, las playas no están hechas de ladrillos. Gracias a MAKESH, conseguiremos que cada vez más jóvenes se pongan a construir el futuro de sus sueños, un futuro mejor; y pasará de ser un pequeño grano de arena, a una playa inmensa que realmente cambie las reglas del juego.


