La visión de negocio que integra el respeto por las personas, los valores éticos, la comunidad y el medioambiente y que involucra todo esto en la gestión misma de la empresa, son compañías llamadas a liderar el presente y el futuro.
La relevancia de la dimensión social en las estrategias ESG (Environmental, Social, Governance) sigue siendo un desafío en el sector empresarial, donde aspectos como el impacto medioambiental han avanzado notablemente en los últimos años. Sin embargo, se vuelve cada vez más urgente y estratégico integrar el compromiso social en el núcleo de las decisiones empresariales.
En mi opinión, la ‘S’ es muy importante, porque hablamos de gestión responsable de personas, de formación, de desarrollo, de políticas de diversidad, de inclusión, de equidad salarial, seguridad, salud, y de todo lo que pueda representar el impacto relacionado con la incorporación de la IA, que está acelerando las desigualdades. También hablamos de la cadena de valor y los derechos humanos, la responsabilidad del producto, de las desigualdades, de la lucha contra la corrupción.
Tenemos que hacer tangible el retorno social de las empresas. Lo social, como una de las dimensiones directivas más exigentes y también dentro de una empresa, cuenta con una barrera importante: hacer tangible su retorno. Las empresas y sus líderes tienen que ser capaces de medir su impacto en los empleados, los clientes, los proveedores y las comunidades en las que operan para poder respaldar la relevancia de lo social.
Tenemos la obligación moral de proteger y promocionar una empresa diversa y que genere inclusión, así como un espacio saludable para los empleados y la comunidad en general.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Impacto social local: Empresas comprometidas con el bienestar de sus comunidades

