Las aguas subterráneas representan uno de los recursos hídricos más importantes del planeta y, en particular, de España. Actúan como reservorios naturales de agua dulce, sostienen ecosistemas, regulan caudales de ríos y abastecen a comunidades y actividades productivas. No obstante, su conservación enfrenta amenazas, entre las que destacan la contaminación por nitratos y otros compuestos, la sobreexplotación y los efectos del cambio climático. En el Día Mundial del Agua, desde TÜV SÜD queremos compartir una panorámica actual de su situación en España, con el objetivo de concienciar sobre su valor estratégico y la urgencia de proteger este recurso esencial.
Las aguas subterráneas son aquellas que se encuentran debajo de la superficie terrestre, alojadas en formaciones geológicas permeables conocidas como acuíferos. Estas reservas hidráulicas representan una parte sustancial de los recursos hídricos de España: cubren millones de hectáreas y constituyen un componente clave del ciclo hidrológico nacional.
Los acuíferos funcionan como reservorios naturales que acumulan agua durante periodos húmedos y la liberan lentamente durante sequías, proporcionando estabilidad hídrica a largo plazo. Son esenciales para el abastecimiento humano y urbano, el riego y la agricultura, los ecosistemas acuáticos y niveles base de ríos y humedales, y la resiliencia frente a sequías.
Su importancia es aún mayor en contextos como el mediterráneo español, donde la variabilidad climática y la escasez de agua superficial hacen que las reservas subterráneas desempeñen un papel decisivo.
Sin embargo, la situación de los acuíferos españoles presenta desafíos críticos. Según el análisis de los planes hidrológicos de tercer ciclo (2022-2027), aproximadamente el 44 % de las masas de agua subterránea en España están en mal estado, ya sea por contaminación, sobreexplotación o ambos factores.
Contaminación por nitratos
Diversos estudios muestran que una proporción considerable de las aguas subterráneas presenta niveles de nitratos por encima de los límites recomendados, principalmente por la agricultura intensiva y la ganadería. Alrededor del 37 % de las reservas subterráneas superan los límites de calidad ambiental debido a nitratos de origen agrario.
Esto implica que parte del agua que abastece a la población o se usa en cultivos podría no cumplir los estándares de calidad sanitaria, exponiendo a comunidades a riesgos de salud a largo plazo.
La contaminación de las aguas subterráneas puede ser de múltiples tipos, pero en España destacan:
- Nitratos: derivados de fertilizantes y estiércoles aplicados en cultivos intensivos, que se infiltran lentamente hacia las capas freáticas. Pueden provocar eutrofización y, en altas concentraciones, problemas de salud como methemoglobinemia en bebés o impacto a largo plazo en la función renal.
- Contaminantes persistentes: sustancias como los PFAS y otros compuestos industriales que no se degradan fácilmente y pueden acumularse en los acuíferos, representando amenazas para la salud y los ecosistemas.
- Actividad ganadera y vertidos no tratados: especialmente en regiones con alta densidad de granjas o falta de infraestructuras de depuración, contribuyen a una carga continua de contaminantes sobre los acuíferos.
La principal dificultad con estos contaminantes es que, una vez en el subsuelo, pueden permanecer allí durante décadas o incluso siglos, dada la inercia natural del flujo subterráneo y la complejidad de limpiar acuíferos contaminados.
Sobreexplotación y balance hídrico
Además de los problemas de calidad, las aguas subterráneas están sujetas a presiones cuantitativas. En regiones áridas y semiáridas de España, la extracción para riego y consumo puede superar la capacidad de recarga natural de los acuíferos, llevando a un descenso persistente de los niveles freáticos y la degradación del recurso con consecuencias como intrusión salina, degradación de humedales asociados y disminución del caudal base de ríos.
Estos desafíos, agravados por episodios de sequía más intensos y frecuentes debido al cambio climático, ponen en relieve la necesidad de una gestión sostenible del agua subterránea que equilibre usos y disponibilidad.
Las aguas subterráneas forman parte integral del ciclo hidrológico y sostienen funciones ecológicas vitales: mantienen los niveles de agua en ríos y lagos durante periodos secos, permiten la existencia de humedales y manantiales y actúan como filtros naturales que, en condiciones no deterioradas, pueden mejorar la calidad del agua al pasar por medios porosos.
Como reservorios de agua dulce, los acuíferos ofrecen una dimensión de seguridad hídrica que no puede ser sustituida fácilmente por fuentes superficiales ni por soluciones tecnológicas, como la desalación, sin altos costos energéticos y ambientales.
Hacia la conservación y gestión sostenible
Para garantizar la protección y el uso sostenible de las aguas subterráneas en España, es necesario actuar en múltiples frentes:
- Mejorar la gestión y gobernanza del agua, coordinando la Administración central, autonómica y local para integrar el conocimiento científico con decisiones de política hídrica.
- Reducir las fuentes de contaminación mediante prácticas agrícolas sostenibles, control de fertilizantes y gestión eficaz de residuos ganaderos.
- Monitoreo y vigilancia continua de la calidad y cantidad de las aguas subterráneas con redes de medición robustas y transparencia en los datos.
- Educación y concienciación ciudadana, destacando que las aguas subterráneas no son infinitas y que su conservación está directamente relacionada con la seguridad hídrica a largo plazo.
- Incorporar soluciones basadas en la naturaleza, como la protección de zonas de recarga y la restauración de ecosistemas asociados.
A pesar de los desafíos evidentes, las aguas subterráneas siguen siendo uno de los recursos con mayor capacidad de recuperación si se gestionan adecuadamente. Los acuíferos poseen una notable resiliencia natural cuando se reducen las presiones y se respetan sus ritmos de recarga.
España dispone de conocimiento científico avanzado, redes de control cada vez más precisas y un marco normativo sólido. La transición hacia modelos agrícolas más eficientes, la mejora en la gestión de fertilizantes, la digitalización del control de extracciones y la protección de zonas de recarga ya están mostrando resultados positivos. Allí donde se han aplicado medidas correctoras, los niveles de nitratos comienzan a estabilizarse y algunos acuíferos muestran signos de recuperación cuantitativa.
El agua subterránea —aunque invisible— sostiene nuestra economía, nuestra salud y nuestros ecosistemas. Preservar los acuíferos no es una opción técnica, es una responsabilidad colectiva. Si actuamos ahora con rigor científico, compromiso institucional y corresponsabilidad social, podemos garantizar que las futuras generaciones dispongan de reservas estratégicas de agua dulce limpias, seguras y sostenibles.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Agua


